Director: José Luis Sáenz de Heredia. 1955. España. B/N
Intérpretes: Francisco Rabal, Margarita Andrey, Tony Leblanc, José Luis Ozores, José Isbert, Ángel de Andrés, Alberto Romea, Guadalupe Muñoz Sampedro

Pequeñas historias basadas en los concursos radiofónicos, todas ellas enlazadas a través del locutor Gabriel y su prometida; dos inventores que quieren patentar un pistón y necesitan dinero; un ladrón que contesta a una llamada telefónica en el piso donde robaba, y un niño que necesita ir a Suecia para operarle son los protagonistas de estas historias en torno a la radio.

José Luis Sáenz de Heredia no sólo fue conocido por su parentesco con la familia Franco, también lo fue por su simplicidad al componer sus obras. Que no por ser populistas fueron menos profundas. Este hombre puso en todos sus trabajos los valores que una sociedad oprimida por un régimen que supo salir de sus penas. Historias de la radio, reproduce fielmente el sentir de un pueblo que confiaba en su vecino como si de un familiar se tratara. La radio de galena al principio y de válvulas más tarde, pionera en los hogares españoles, fue la compañera durante muchos años de los hogares españoles que sólo ansiaban progresar y estar en paz con sus vecinos.
Sáenz de Heredia, en Historias de la radio lleva al espectador al núcleo básico de los valores humanos. Para verla, grabarla y visionarla una vez al año.


Varias historias en una sola y todo gira en torno a la Radio, esa entrañable amiga de antes, pues no tiene nada que ver con la de hoy día, no es ni mejor ni peor sólo diferente en todos los aspectos.
Historias tan dispares como divertidas, con un elenco extraordinarios de actores clásicos, todos perfectos, un Paco Rabal en su salsa (chulo y engreído), un Juanjo Menéndez trepa, muy bien en el concurso de la última historia, José Isbert cual científico tímido intentando patentar su pistón. Las risas convertidas en llanto en unos pocos segundos tras el gran monólogo de Isbert, mientras su compañero seca su sangre tras una dura pelea callejera.
Un buen ladrón que roba para pagar al que le roba, una llamada que ofrece un gran premio, un cura conciliador entra ladrón y robado.
La última historia, la del concurso para salvar al hijo de la Eulalia que padece una enfermedad que sólo un médico puede curar, esa fabulosa colecta de todo el pueblo dando lo que buenamente puede (“yo pongo lo de este y cincuenta duros más” la respuesta del alcalde tras semejante ofrenda “qué bien vendiste la vaca ladrón”), final antológico de esta historia donde el presentador le pone cada vez las preguntas más difíciles para que no acierte (“doblo”).
Reconciliación en la historia interna de la Radio, un romance que no puede faltar en ninguna película que se precie.
Finalizando con el beso de los dos oyentes en la emisión de los ejercicios, picándose para ver quien adelgazaba más.
El realismo de una España pobre, pero muy digna, victima de un sistema rancio.
Lo más flojo es cuando hay que refugiarse en la Iglesia (cosas de la censura del Régimen) y sus “milagros” para contar la realidad de una forma mágica.