Director: King Vidor. 1955. EE.UU. Color
Intérpretes: Kirk Douglas, William Campbell, Jay C. Flippen, Richard Boone, Jeanne Crain, Claire Trevor

Texas se ha convertido en un territorio donde las cercas de alambre de espino rodean todos los ranchos.
Kirk Douglas es Dempsey Rae, un vaquero sin rumbo fijo que decide comenzar a trabajar para una mujer recién llegada del Este.

“Hay fragmentos de filmes que se encadenan, a menudo misteriosamente, a otros filmes, sean del mismo director o no…De este modo, Dempsey Rae en La Pradera sin Ley no parece que al final se vaya con rumbo incierto si se repara en Jack Burns (también interpretado por Kirk Douglas), a quien se ve cortar al comienzo de Los Valientes andan solos (1962, David Miller), una valla de alambre de púas, prolongando el camino del personaje del filme de King Vidor y llevándole, en un salto temporal, a un absoluto anacronismo con cuanto le rodea, tal cual aparece en el filme de David Miller”.
Tampoco es casualidad que fuera Kirk Douglas el protagonista de ambos filmes ni que él mismo ponga en lo más alto de su particular pedestal de preferencias Los valientes andan solos.
Manejando los códigos básicos del “western” clásico, La pradera sin Ley (título castellano que esconde el más sombrío original de “Hombre sin estrella”) plantea, en plena década dorada, el panorama del héroe agónico del western. Pero lo hace sin estridencias, sin el patetismo de obras coetáneas o posteriores, deslizándose bajo el discurrir de una historia sin dramatismo, de apariencia ligera, a lo que contribuyó la elección de un actor del carácter de Kirk Douglas.
Kirk Douglas, convertido ya en estrella, supo reservarse el papel dominante e hizo gala, una vez más, de su exhuberante vitalidad, incluidos el afortunado numerito musical del banjo, sus borracheras, su pelea por el puesto de capataz, su relación tutelar con su joven compañero Jeff y los divertidos juegos. A la vez, se presentaban personajes femeninos de fuerte carácter.


Reed Browman, capitalista del Este y poderosa ranchera, aspiraba a elevadas y rápidas ganancias en nombre de la libertad de pastos en territorio de Wyoming, lo que perjudicaba los intereses de pequeños ganaderos de la zona que, para defenderse, recurrían al cercado de pastos con alambradas. Dempsey Rae, el protagonista, al que le espantaban, y de las que huía bien escarmentado de Tejas, se convertía en hombre de confianza y amante de la poderosa Reed, pero por un innato sentido de la justicia a favor de los débiles, acababa tomando partido por los pequeños propietarios, aun a costa de ir contra sus propios principios de libertad. Paradojas de la vida.
Acabada la guerra en la pradera, Dempsey rechazaba la oferta de los rancheros de quedarse en la región y emprendía una marcha errante sin estrella que le guiara.

La acción tiene lugar en Wyoming, en torno a 1870. Demsey Rae (Kirk Douglas), con aversión por las cercas de los grandes ranchos de Texas, se dirige a Wyoming en busca de tierras abiertas y libres. Viaja como polizón en el tren, donde conoce a Jeff “Texas” Jimson (William Campbell), joven e inexperto. Ambos encuentran trabajo como vaqueros de Triangle Ranch, el mayor del lugar, adquirido recientemente por la joven y ambiciosa Reed Bowman (Jeanne Crain), recién llegada del Este.
La película desarrolla un relato épico y de trazos clásicos. Explora la emergencia en el Medio Oeste de los grandes rancheros, dedicados a la producción masiva de carne vacuna, los problemas que crean a los pequeños granjeros y las causas de su oposición a las cercas que los pequeños levantan en terrenos de dominio público, para proteger los pastos y distribuirlos a lo largo del año. El enfrentamiento entre granjeros pequeños y grandes no se plantea como una mera cuestión de lindes y cercas. Se plantea como consecuencia de los problemas derivados de dos sistemas de producción diferentes por razones de escala. Los grandes consiguen aumentos importantes de producción, mejoras de la productividad y reducción de los costes, lo que les da mayores beneficios unitarios y una gran capacidad de negociación en el mercado. Las cercas son sólo una manifestación de una problemática más profunda. Demsey simboliza el apego a los viejos métodos, el idealismo de una tierra para todos sin restricciones y las aspiraciones de una libertad sin reglamentaciones. El filme glosa los cambios que se derivan del progreso con un ejemplo tan hilarante como real en su momento: los cuartos de baño situados en el interior de la vivienda. Se plantea, además, la tensión que se da entre las ansias de soledad y aventura y la necesidad de la vida en comunidad en lugar estable. Entre el mundo de lo viejo y lo nuevo no caben compromisos. Lo anacrónico está abocado a la desaparición o a la marginación social. Unos lo entienden así y se acomodan, otros optan por la búsqueda de espacios a los que no han llegado todavía las cercas, ni el confort de los adelantos domésticos.
La música aporta una banda festiva, lúdica y épica. Añade una balada cantada por Frankie Laine (“Man Without Star”) y otra (“And The Moon Graw Brighter And Brighter”), a cargo de Douglas. La fotografía, de Russell Metty ofrece una potente y vibrante narración visual, en la que no faltan estampidas, peleas, carreras, apresamientos a lazo, duelos a pistola, el saloon, etc. El guión cuenta una historia interesante, atractiva y evocadora de un pasado entrañable y aleccionador.