Director: Igmar Bergman. 1955, Suecia. B/N
Intérpretes: Ulla Jacobson, Eva Dahlbeck, Harriet Andersson, Margit Carlqvist, Günnar Björnstrand

Fredrik Egerman (Gunnar Björnstrand) es un abogado que vive un matrimonio platónico con Anne (Ulla Jacobsson), su virginal esposa. Henrik, hijo de un matrimonio anterior, persigue a Petra (Harriet Andersson), la doncella de la familia. Una actriz llamada Desiree (Eva Dahlbeck), antigua amante de Fredrik, está en la ciudad y él la visita. Ahora ella tiene un nuevo amante, el Conde Malcom, casado con Charlotte. Todos estan invitados a celebrar una fiesta durante un fin de semana en la propiedad de la madre de Desiree. Charlotte intenta seducir a Fredrik para vengarse de Desiree. Mientras Anne, la esposa de Fredrik se da cuenta de lo mucho que le atrae Henrik.

Fredrik Egerman (Gunnar Björnstrand) es un abogado que vive un matrimonio platónico con Anne (Ulla Jacobsson), su virginal esposa. Henrik, hijo de un matrimonio anterior, persigue a Petra (Harriet Andersson), la doncella de la familia. Una actriz llamada Desiree (Eva Dahlbeck), antigua amante de Fredrik, está en la ciudad y él la visita. Ahora ella tiene un nuevo amante, el Conde Malcom, casado con Charlotte. Todos están invitados a celebrar una fiesta durante un fin de semana en la propiedad de la madre de Desiree. Charlotte intenta seducir a Fredrik para vengarse de Desiree. Anne, la esposa de Fredrik se da cuenta de lo mucho que le atrae Henrik…
La película nos cuenta la historia de un matrimonio sueco durante el primer cuarto del siglo XX. El matrimonio es algo particular porque él es mucho mayor que ella, de hecho el hijo que él tenía con otra mujer es de la misma edad o mayor que su nueva esposa. Además desde que se casaron no han tenido nunca relaciones. El espera pacientemente a que ella esté preparada, pero ella no tiene muy claro todavía a quién ha entregado su amor, si a su marido o al hijo de éste. Inspirada en su propia escenificación de La viuda alegre es una pieza maestra del director sueco Ingmar Bergman y de la que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes.

Sonrisas de una noche de verano, pone las bases de un tipo de cine que hoy en día es muy actual y que practican en una u otra medida bien Kenneth Branagh con sus adaptaciones libres de William Shakespeare, o bien hasta un director tan particular como Woody Allen. Pero Sonrisas de una noche de verano no se queda sólo ahí, ya que en sus personajes vemos sobre todo la influencia de Luis Buñuel, y si no basta con observar con atención al personaje que interpreta Björn Bjelvenstan en la película (Henrik Egerman), perece el héroe torturado y deprimido de las películas de Buñuel.

La película nos cuenta la historia de un matrimonio sueco durante el primer cuarto del siglo XX. El matrimonio está compuesto por Ulla Jacobsson (Anne Egerman) y Gunnar Björnstrand (Fredrik Egerman). El matrimonio es algo particular porque él es mucho mayor que ella, de hecho el hijo que él tenía con otra mujer es de la misma edad o mayor que su nueva esposa. Además desde que se casaron no han tenido nunca relaciones. El espera pacientemente a que ella esté preparada, pero ella no tiene muy claro todavía a quién ha entregado su amor, si a su marido a al hijo de éste.

En torno a este inicio tan peculiar aparecen antiguas relaciones y amistades que irán poco a poco complicando las cosas de una manera tremenda.
Fredrik se levanta un día pronunciando en sueños el nombre de una mujer a la que su propia mujer no conoce de nada. La mujer en cuestión era una antigua amante a la que al parecer no ha olvidado. Desde el momento en el que la vuelve a ver las cosas cambian radicalmente en la película y todo se empieza a enredar.
La película cuenta con cuatro distintas parejas que están destinadas a acabar juntas, lo vemos desde el principio, pero la verdad es que nos atrapa frente a la pantalla la manera en la que Bergman estructura la película. El argumento de la película es al más puro estilo del teatro clásico, la verdad es que esta película bien podía haber sido filmada como una obra de teatro, aunque Bergman huye de ello e incluye momentos en exteriores para darnos la idea clara de que estamos viendo una película intimista, pero alejándola en lo posible de lo que podría verse demasiado cercano a una obra de teatro, pero aprovechando las oportunidades que da el teatro para tratar temas tan íntimos.
Una de las cosas que más me gusta es lo bien que está diseñada la producción, y en este aspecto me gustaría destacar al diseñador de vestuario llamado Mago, que empezaba entonces su carrera y que logra un éxito impresionante. El trabajo del diseñador de vestuario y del diseñador de producción P. A. Lundgren hacen posible que nos creamos por completo esta recreación que está ambientada muchos años atrás, en la historia moderna, pero que a la vez es tan difícil de representar porque todavía está muy presente en los espectadores, sobre todo en los de la época en la que se rodó la película. Un trabajo tremendo que aprovecha muy bien Bergman porque dirige la película al estilo, y vuelvo a repetirlo, de Buñuel para que todas las situaciones sean como sacadas de un universo particular que está fuera de lo que es el cine convencional pero que aún así, el espectador reconoce de inmediato como la mejor manera de rodar la película, porque cuando la ves no te imaginas ninguna forma de dirigir la película de manera que haya una mejora en la misma, quedas completamente satisfecho con el trabajo de Bergman.

Otro aspecto clave de la película son las interpretaciones. Todo el reparto en general está magnífico, pero sobresalen desde luego las mujeres. Puede que Cukor fuera el más conocido “director de mujeres”, pero desde luego Bergman no le va a la zaga en absoluto. En concreto Ulla Jacobsson está brillante en su papel, ofreciendo al espectador una interpretación llena de sentimiento, y demostrando de manera convincente el amor que siente por Henrik. Harriet Andersson también está magnífica en el papel de la sirvienta, que al final es un personaje principal también de la película. Qué frescura de interpretación. A quién no le gustaría poder tener una sirviente así.
La música también está muy bien utilizada, usando fragmentos de música clásica en muchos momentos de la misma para enfatizar algunas situaciones, las menos por cierto.
Por supuesto la labor de Bergman en la dirección es impagable, una vez más dirige una película de una manera casi invisible, es decir, huye completamente de todo virtuosismo y consigue una interpretación sobria, pero que a la vez introduce en esta película toques de más dinamismo en su dirección, como por ejemplo las escenas en la que filma a través de los espejos, lo que le da a esta película un aspecto muy fresco.

Estamos ante una película tremendamente importante dentro de la filmografía de Bergman que tiene un toque muy renovador y a la vez poético. Imprescindible.

Acostumbrados a las complejas, psico-filosóficas o freudianas películas de Ingmar Bergman, lo primero que llama la atención de ésta es su aproximación al género de la comedia, amena y entretenida, con una chispeante y enrevesada trama donde cuatro hombres y cuatro mujeres (incluidos dos sirvientes) juguetean y coquetean desordenadamente, hasta que al final encaja cada uno con su pareja más afín. Con tan simple planteamiento cualquier otro director habría realizado, a lo más, una historia entretenida. Pero Bergman es un genio, y se las arregla para consumar otra obra maestra, con diálogos mordaces e inteligentes (que hubiera suscrito el mismo Oscar Wilde); cuenta, además, con el añadido de una espléndida fotografía, por supuesto, en blanco y negro.