Director: Stanley Kubrick. 1956. EE.UU. B/N
Intérpretes: Sterling Hayden (Johnny Clay), Coleen Gray (Fay), Vince Edwards (Val Cannon), Jay C. Flippen (Marvin Unger), Elisha Cook Jr. (George Peatty), Marie Windsor (Sherry Peatty), Ted de Corsa (Randy Kennan, policía corrupto), Joe Sawyer (Mike O’Reilly), Dorothy Adams (Sra. de Ruthie O’Reilly)

Johnny Clay, un ex convicto, ha decidido dar el último golpe de su vida: llevarse la recaudación de un hipódromo. Selecciona meticulosamente a los que serán sus colaboradores, y planea la estrategia del asalto con precisión insospechada…





A principio de los años 50, una tercera generación de escritores de novela negra comienza a ocupar el lugar de la precedente -formada por nombres tan conocidos como los de Vera Caspary, David Goodis o Geoffrey Homes- al mismo tiempo que, siguiendo los pasos de éstos, varios de sus componentes entran a trabajar como guionistas al servicio de los grandes estudios. √âste es, al menos, el caso de Jim Thompson, el autor más pesimista y probablemente más destacado de la nueva cosecha de autores, que participa como dialoguista en Atraco perfecto antes de repetir de nuevo como guionista con Stanley Kubrick en Senderos de gloria (1957) y de participar en una adaptación de una obra suya (La huida), que, finalmente, no llegaría a las imágenes en la versión escrita por el novelista.
Basado en la novela “Clean”, de Lionel White (autor de otra serie de textos llevados a la pantalla por directores tan distintos entre sí como Jean-Luc Godard, Hubert Cornfield, Robert Stevens o Burt Kennedy), el argumento de Atraco perfecto describe los pormenores de la realización de un atraco a un hipódromo por parte de cinco individuos que ponen sus conocimientos y su actividad al servicio de la banda.
Más preocupado por describir de manera casi milimétrica la ejecución del atraco que la propia película que abre la serie de filmes sobre este tema -La jungla de asfalto (1950, John Huston)-, el trabajo de Kubrick pone al descubierto, no obstante, la línea que lo une con aquel incorporando al actor protagonista (Sterling Hayden) de la obra de Houston en el papel principal de Johnny Clay, jefe de la banda de atracadores y cerebro del golpe que intenta, al mismo tiempo, realizar de la manera más profesional posible su trabajo.
Junto a él se dan cita un policía corrupto -Randy Keenan (Ted de Corsia)-, un hombre de negocios que financia el robo -Marvin Unger (Jay C. Flippen)-, y el cajero -George Peatty (Elisha Cook, jr.)- y el barman -Mike O’Reilly (Joe Sawyer)- del hipódromo, cada uno de los cuales participa en el golpe por un motivo distinto, ya sea por las deudas (Keenan), el alcohol (Unger), una mujer ambiciosa y exigente (Peatty) o una esposa enferma (O’Reilly).
Jugando con el “tempo” del relato, la película describe los preparativos y el atraco al hipódromo siguiendo una estructura zigzagueante de saltos hacia delante y hacia atrás, donde el estiramiento y el alargamiento del tiempo narrativo se simultanea con la multiplicidad de puntos de vista que adopta éste y con el solapamiento ocasional de las acciones. Una sofisticación estructural que, siguiendo la estela de obras como Ciudadano Kane (1941, Orson Welles) o Forajidos (1946), comenzó a generalizarse durante estos años -con ejemplos destacados en Rashomon (1950, Akira Kurosawa) o en las chicas (1957, George Cukor)- desvelando las rupturas narrativas y formales que empezaban a experimentar las formas del estilo clásico en los albores de la modernidad cinematográfica.
Introducidos por suaves “travellings” laterales (característicos del estilo de Kubrick) y rematados luego por largos planos fijos, los primeros “flashbacks” de la película cumplen -como adelanta este tipo de planificación- la función de presentar a todos los miembros de la banda al mismo tiempo que intentan penetrar en las motivaciones que impulsan a cada uno de ellos a participar en el atraco. Necesidades argumentales obligan a que las imágenes se detengan en describir la relación que une al cajero (Peatty) con su esposa, pues será ésta (una especie de versión algo relamida del arquetipo de la “mujer fatal”) quien traicione al grupo desvelando los planes del mismo a si joven amante : Val Cannon (Vince Edwards).
En el fondo, sin embargo, los personajes de Atraco perfecto -con la excepción quizá, del papel interpretado por Sterling Hayden- no pasan de ser casi unos meros estereotipos, seres de ficción construidos sobre una herencia cinematográfica y situados en un límite extremo de la vida que les impulsa a participar en un atraco. Un golpe que, como anticipa la intriga y desvela la presencia recurrente de barrotes, reales o sugeridos a través de la iluminación, en numerosos planos, está condenado de antemano al fracaso.
La planificación, por otra parte, fundada sobre la repetición y la alternancia de tomas casi idénticas que van cargando de tensión dramática y confiriendo un sentido distinto al relato (los altavoces, las salidas de los caballos al hipódromo, el cobro de las apuestas, el juego de los “travellings” laterales que siguen a los personajes entre la caja y el bar con el policía al fondo de las imágenes) y cuya fuerza narrativa y visual deja impresa ya la huella de gran autor de un joven Stanley Kubrick -ya desaparecido- y que grababa en todos sus trabajos, aunque, como en este caso, sea dentro de los códigos de un género como el cine negro.
Un ex convicto llamado Johnny Clay (Sterling Hayden) ha salido de la cárcel después de cinco años entre rejas. Su nuevo intento de hacerse millonario será robando, junto a varios compinches, el dinero de un concurrido hipódromo.
Establecida desde un fabuloso y fascinante ingenio narrativo en donde Stanley Kubrick juega sabiamente con los aspectos temporales de la acción, enalteciendo, magnificando y subyugando al espectador con una ya de por sí atractiva historia escrita por el propio director y el novelista Jim Thompson, quienes adaptan con supremo acierto la novela “Clean Break” de Lionel White.
Atraco perfecto es un filme verdaderamente clave en la filmografía de Kubrick, pues mostró pronto unas asombrosas dotes como autor cinematográfico tras sus dos primeras obras, Fear and desire y El beso del asesino, bastante inferiores a este excepcional trabajo.
El tratamiento de la imagen, con una primorosa fotografía de Lucien Ballard, el estilizado trabajo de cámara, el vigor narrativo que dota a la acción de gran lucidez rítmica y exaltado sentido del suspense, además de un sobresaliente proceso en el devenir de los personajes, hacen de esta película un título redondo, auténtica obra maestra del cine protagonizada por ese minusvalorado actor llamado Sterling Hayden.


En esta película todo es muy diferente. Por una parte el guión es brillante, partiendo de una base sólida a partir de un atraco a un hipódromo Kubrick construye su guión con una enorme solidez y una precisión total.
Cuando se construye una película utilizando tal cantidad de fechas y horas en torno a un suceso es difícil que el espectador siga todos los datos sin perderse en ellos, de modo que cada vez que comenta una fecha o una hora lo hace de tal manera que el espectador se tome los datos como un corte en el punto de vista de uno de los actores para pasar a lo que está viendo otro de los actores. La película está construida a través de los puntos de vista de la mayoría de los actores que intervienen en la misma.
Utilizar tantos puntos de vista diferentes puede hacer confusa la película ya que toda la información que tendremos será parcial porque estará sujeta a la interpretación de cada personaje, por lo tanto habrá mayor confusión aún, lo que unido a la complejidad intrínseca de la película podría haber sido excesivo. Para evitarlo Kubrick introduce un nuevo personaje, el narrador que con la voz en “off” narra todo lo que pasa durante la película, funcionando como un dato objetivo. La simple utilización de este narrador, que básicamente es un recurso, consigue dos cosas. Por una parte se agiliza la narración haciendo más comprensible una trama que si no fuese por el narrador sería demasiado confusa, y por otra parte se consigue una credibilidad en la historia porque lo que estamos viendo es exactamente lo que sucede y no hay ningún tipo de adulteración en el argumento debido al punto de vista de los actores. Con todo esto se consigue que centremos nuestra atención en lo fundamental de la película, es decir, el robo. De no haberlo hecho así estaría distrayendo nuestra atención hacia lo que no es importante, es decir el modo en que rueda la película.
Si bien en esta película, al igual que sucede con El beso del asesino, utiliza un reparto sin figuras y en donde alguno de los actores es mediocre como por ejemplo el tirador encargado de matar al caballo, la verdad es que es mucho más completo que el de su película precedente. Combina bien tanto a actores de carácter como gente con experiencia. Pero lo que en realidad marca la diferencia a la hora de dar consistencia a la película es la interpretación de Sterling Hayden, un actor sensacional pero que desafortunadamente salió en exceso afectado de la caza de brujas de Hollywood.
Lo más destacado de la película para mí es el frenético ritmo narrativo de la misma, pasan cosas continuamente y casi no hay tiempo para asimilarlas (en este sentido el narrador es nuevamente una ayuda), además los acontecimientos están narrados con una precisión fabulosa. Gracias a la forma de contar la película a través de varios personajes podemos asistir a momentos magníficos en los que a pesar de repetir varias veces el mismo acontecimiento, siempre lo estaremos viendo por primera vez porque con cada personaje que vemos nos ofrece su propia visión de la trama, con lo que estaremos asistiendo continuamente a imágenes distintas en función de que personaje está mostrando la trama. De ese modo asistimos a un atraco completo únicamente cuando hemos asistido a todos los personajes mostrándonos sus visiones individuales de la trama. Así cuando por fin lo hemos visto todo podemos hacernos una idea de la precisión y la magnitud del atraco. Esta técnica se emplea mucho en el cine actual, pero Kubrick ya la dominó 40 años antes.

Para destacar una escena de la película me gustaría hacer mención al momento en que Sterling Hayden sale de la puerta en donde están las recaudaciones justo después de haber tirado el paquete con el dinero por la ventana y un policía lo ve e intenta detenerlo, gracias al barullo de gente formado por el disparo al caballo golpea al policía sin que nadie lo vea y acto seguido se va tranquilamente, menuda interpretación más asombrosa. El plano con el que Kubrick filma ese momento siempre con la cámara desde abajo filmando al protagonista hacia arriba engrandeciendo a Hayden hace que éste quede en pantalla como un perfecto dominador de la situación que nunca pierde la calma porque esta un paso por delante de los demás.
La verdad es que al final de la película estamos tan identificados con el protagonista que sentimos de verdad el desenlace final, y aunque la escena final ya fuera del aeropuerto es genial, para ahondar en ese efecto utiliza a un perro canijo y molesto que es encargado de estropear los planes de Hayden, terminamos odiando al perro y dándonos pena Hayden. Maldita época aquella de los finales obligados.