Director: Albert Lamorisse. 1956. Francia. Color
Intérpretes: Pascal Lamorisse, el niño de Menilmontant y todos los globos de París
Mediometraje

Un niño solitario encuentra un globo rojo… ¿o quizá es al revés? Y ambos, el niño y el globo mágico, vagan por las calles de París. Allí donde va el chico, el globo no anda detrás. Y cuando el pequeño se mete en problemas, el globo acude al rescate. Un poético mediometraje (protagonizado por el propio hijo del director; un crío de 4 años de edad), sin apenas diálogos, que fue sorprendentemente galardonado con el Oscar al mejor guión original.

El globo rojo es una película preciosa. Yo tuve ocasión de verla en cine hace un tiempo y aún la recuerdo. La he podido revisar en TV y p√≠¬¨enso que es una de esas pequeñas joyas fílmicas, un cortometraje que merece la pena tener en casa para verla de vez en cuando porque está llena de detalles. Fijaos en el rojo brillante del globo que destaca en todo momento, este filme es de los años cincuenta y el realce del color, la luz, está cuidada fotograma a fotograma.
Genial para niño/as y mayores. El final es emocionante y bellísimo.

!Atención! Se ha avistado un globo comunista similar a un chupa-chups volador no identificado. Guarden a sus hijos a buen recaudo. Este globo pretende hacerse amigo de ellos y lanzarles discursos de Marx y Lenin hasta el amanecer. ¡Cuidado! Les seguirá para atormentarles y corromperles con su propaganda sectaria y dañina.
No dejen tampoco sus globos azules sueltos. Ese salvaje globo comunista intentará violarlos sin compasión. Hará que sus hijos se nieguen a entrar en la iglesia. Fomentará que quieran compartir sus bienes. Les rebajará de su estatus social irremediablemente.
Gracias a Dios que los perros fascistas huelen su maldad. Menos mal que muchos niños han visto en este globo comunista todo el peligro y mal que representa para nuestra sociedad. Una turba colérica, bien aleccionada y organizada intentará acabar con él. Gracias. Vosotros sois el futuro.
Nuestro reino por un cigarrillo, por una lanza, por una ballesta, por un arco, por una flecha punzante, por un alfiler, por algo que acabe con ese puto globo comunista.
El globo rojo es un mediometraje tan simple como aleccionador. Una propuesta sacada directamente del neorrealismo inyectándole una sobredosis de cine fantástico y mudo. Por algo Milagro en Milán era tan extraordinariamente bu ena. Porque El globo rojo es parte de su herencia y alargada sombra. Un ejemplo de cine sencillo y admirable. Moraleja del cuento: a McCarthy los miembros de la academia se la dieron con queso en la entrega de los Oscars.
Conseguir sacar una emoción viendo como desinfla un globo y es reventado de un pisotónConseguir llenar de sentimientos a un ser humano con un final tan precioso en una orgía de globos que elevan al espectador al cielo bien merece un Oscar y que ese globo rojo luzca su hoz y martillo inscritos en su lápida.
Digamos que en relación con la realidad y la imaginación, simplificando, hay tres tipos de personas: quienes creen sólo en la realidad, quienes creen sólo en la imaginación y quienes creen que no es tan fácil separar la una de la otra. Los primeros son los de la vida práctica y cotidiana; los segundos son los de las escapadas a mundos de fantasía cuando ya no soportan más la realidad; y los terceros (los más raros) viven la realidad como si fuera una fantasía y las fantasías como si pudieran ser reales. Yo creo que esta película está del lado de quienes pertenecen al último grupo. Es infinitamente tierno, divertido, mágico y real ver este casi “documetal” sobre un globo absolutamente vivo que sigue a un niño donde quiera que este vaya.
Lo que más sorprende de este cortometraje es comprobar como un simple globo es capaz de ser un actor más con su propia personalidad y características. No se si el Oscar que se llevó fue merecido, pero el niño rubito (en una increíble interpretación) pasa por todos los estados anímicos posibles en la media hora que dura el filme; es como si el globo fuera una metáfora de la propia vida del niño. No deja de ser un relato infantil, pero lo veo de adulto y es capaz de dejarme al concluir su visionado, una sensación de buen rollo similar al que me dejaron otras películas como, por ejemplo, Amélie (también francesa).