Director: Carol Reed. 1956. EE.UU. Color
Intérpretes: Burt Lancaster, Tony Curtis, Gina Lollobrígida, Katy Jurado

Un trapecista veterano y cojo por un accidente durante una actuación (Burt Lancaster) trabaja ahora como portor (o sea el que recoge al trapecista que da los saltos mortales). Tiene como compañero y discípulo a una joven promesa (Tony Curtis) que le puede ayudar a recobrar en parte su gloria perdida. Entre ambos surge una acróbata ambiciosa y egoísta (Gina Lollobrigida) que se une a su número embaucándoles con sus encantos y haciendo que se enfrenten entre ellos por ella. Al final del filme, Burt Lancaster una vez ha conseguido que Curtis triunfe se aleja mientras los fotógrafos rodean a la nueva estrella y a Gina, renunciando a la posibilidad de trabajar en EE.UU. en un gran circo. Entonces, mientras se aleja por la calle sale una mujer que le sigue y le toma del brazo alejándose juntos

Pude visionar de nuevo en la TV Trapecio, muchos años después de haberla visto por primera vez. La había visto de pequeño y recordaba que me gustó mucho. Al verla ahora me sigue pareciendo una buena película, pero el final me dejó un poco decepcionado. Bueno, quizás yo estuviera muy espeso, pero este final me dejó un poco perplejo: Por un lado no me quedo claro si la mujer era Gina (ya que aparecía perfectamente vestida de calle cuando segundos antes estaba con el traje de trapecista). Además, cabía la posibilidad de que fuera la caballista abandonada por su compañero de número tras un accidente que cuesta la vida a un caballo y que tuvo una relación con el personaje de Lancaster en el pasado. Esta segunda explicación sería una especie de consuelo al triste final de Lancaster que renuncia a la chica que quiere y a la fama (dos perdedores que se consuelan mutuamente). La verdad es que la posibilidad (más que probable) de que sea Gina quien sigue a Burt, aparte de estar cogida con alfileres, me parece que rompe totalmente el tono melancólico y pesimista del filme. En todo caso, no sé por qué el final es tan ambiguo.









Interesante filme de Carol Reed. Ambientada en el mundo del circo, es la historia de un triángulo amoroso, además de trío artístico en la pista, concretamente sobre el peligrosísimo trapecio. Hay sentido del ritmo y un muy buen aprovechamiento del cinemascope, a la par que una puesta en escena magnífica, dónde un guión bien construido equipara la peligrosidad del trapecio -con un Burt Lancaster magnífico- circense con la propia peligrosidad de las relaciones humanas y sentimentales.