DRÁCULA

Película estrenada entre 1957-1958

Director: Terence Fisher. 1958. G.B. Color

Intérpretes: Peter Cushing (Doctor Van Helsing), Christopher Lee (Conde Drácula), Michael Gough (Arthur Holmwood), Melissa Stribling (Mina Holmwood, Carol Marsh (Lucy Holmwood), John van Eyssen (Jonathan Harker)


Mientras trabaja como bibliotecario para el misterioso Conde Drácula, Jonathan Harker es mordido por una mujer vampiro. Justo antes de sucumbir a su voluntad, Harker consigue atravesarle con una estaca el corazón, sin embargo, más adelante, caerá victima del Conde, que emprenderá viaje a Londres, con objeto de cobrarse su venganza con Lucy Holmwood, la bella prometida de Harker. En el curso de sus investigaciones sobre la desaparición de Harker, Van Helsing, un experto vampirólogo, encuentra una referencia al Conde, y comienza a estrechar su cerco sobre él. Entretanto, Drácula somete a Lucy a su poder y trata de apoderarse también de Mina, la esposa del hermano de Lucy. Van Helsing consigue localizar la guarida de Drácula, y mientras le mantiene a raya con un crucifijo, improvisado con unos candelabros, abre de golpe las cortinas, dando paso a la luz letal que convierte al Conde en un montón de polvo.


Drácula es una pelí­cula de terror británica, y la primera de una serie de pelí­culas de terror de la Hammer basadas en la novela de Bram Stoker “Drácula”. En los EE.UU. el tí­tulo se cambió por Horror of Dracula para evitar confusiones y evitar problemas legales con la pelí­cula homónima Drácula (1931, Tod Browning) y con Bela Lugosi en el papel del Conde Drácula.

La producción empezó en los Bray Studios rodándose entre el 11 de noviembre de 1957 y el 3 de enero de 1958 y se estrenó en Londres el 22 de mayo de 1958 con un certificado “X” y el presupuesto fue de 81.000 libras. Su gran éxito, tanto en Gran Bretaña como en el resto del mundo, la convirtió en la pelí­cula que consiguió la más alta “ratio” entre costes y beneficios en toda la historia del cine británico, además de impulsar las prolí­ficas carreras de los actores Cushing, Lee y del director Fisher como maestros de lo macabro. A pesar de toda la nutrida -y muy lucrativa- serie de secuelas que la siguieron, entre otras Las novias de Drácula (1960) o Los ritos satánicos de Drácula (1973) ninguna de ellas consiguió igualar el impacto y el terror que produjo el filme original, en parte por la forma tan espectacular en que fallece el Conde.


Es muy famosa por su innovadora combinación de fantasí­a, romance y sexualidad, con un ambiente goticista, muy caracterí­stico, que se manifiesta en la utilización de un colorido rico y sensual, un generoso despliegue de sangre y un sentido de la anticipación subrayado por el ritmo rápido del montaje y la creciente tensión creada por un enervante e implacable acompañamiento musical compuesto por James Bernard


Ante el merecido éxito de La maldición de Frankenstein (1957), Hammer Films, modesta productora británica, dio comienzo a su serie de horror gótico, tras comprar los derechos a la Universal, con nuevas versiones de clásicos del género desde una óptica tan distinta a la previa como de igual modo lograda. La lógica segunda entrega habí­a de ser Drácula (1958), con el mismo equipo de la anterior: Terence Fisher en la dirección, Jimmy Sangster en el guión, Jack Asher para la espléndida fotografí­a en technicolor, James Bernard en la música y Christopher Lee y Peter Cushing como intérpretes principales. Sangster escribió un guión conciso y sólido, eliminando el poder metamorfoseador del vampiro -por problemas presupuestarios-, y Fisher logró con ello la, para el firmante, mejor adaptación cinematográfica de Drácula que existe desde el punto de vista cualitativo, independientemente de su fidelidad a la obra de Stoker.

Fisher consigue conferir al vampirismo toda su carga de carnalidad, consumándolo más palpable, más real. La fotografí­a en color retrata los interiores como si fuesen elementos más de la acción (una de las constantes de Fisher: integrar el decorado dentro de la obra, sin dejar nada al libre albedrí­o). El extraordinario plantel de actores dota al filme de una grandiosa fuerza: Christopher Lee es un Drácula poderoso, mayestático y cruel, atractivo y repulsivo a un tiempo; Peter Cushing es un Van Helsing inteligente y cerebral, así­ como un hombre de acción que conoce a la perfección sus objetivos; Carol Marsh es una Lucy dulce y débil durante la enfermedad, que tras la vampirización dará rienda suelta a su carnalidad, a su fisicidad, ¡seduciendo a su sobrina de diez años!

Es ahí­, como decí­amos, en la fisicidad, donde Fisher creará su nueva concepción del vampiro. El vampiro de Murnau era una sombra, una criatura de la noche que con la luz del sol, meramente, desaparece; el vampiro de Browning era un personaje de opereta, un excéntrico que se pasea por Londres y al que observamos con un deje de ironí­a y distanciamiento; el vampiro, en fin, de Fisher es una criatura “real”, sólida, y que, sobre todo, detenta un poderoso atractivo sexual -como posteriormente ofreció Badham, pero sin perder por ello su aura de malignidad-. Y la muerte de Drácula, antológica muerte habrí­a que decirse, muestra -de nuevo- su fisicidad, en esa horrenda podredumbre en que se descompondrá. El Drácula de Fisher atacará a la sociedad victoriana -no queda claro dónde se desarrolla el filme, lo más seguro que en la Europa central, pero sus creadores son ingleses, y al público inglés, en primera instancia, es a quien va dirigido- desde sus valores más tradicionales: la familia, el matrimonio, la pureza y la castidad.

Curiosidades

- La pelí­cula se estrenó en Estados Unidos como Horror of Dracula, y con ese tí­tulo es citada en muchas fuentes, sin que esa sea su denominación original.

- En posproducción se eliminó el ruido de los pasos del Conde, para acrecentar su aura sobrenatural.

- La mí­tica lucha final entre el vampiro y Van Helsing debe mucho a sugerencias e ideas de Peter Cushing.

- Habí­a una escena inicial con Jonathan Harker dirigiéndose hacia el castillo de Drácula en un coche de caballos; sus compañeros de viaje, un matrimonio, un sacerdote y un grueso mercader procuran hacerle cambiar de idea. La escena fue eliminada del montaje definitivo, o quizá ni llegó a filmarse.

- En su estreno la pelí­cula fue lapidada y tachada de nauseabunda. Sólo la defendió el crí­tico Paul Dehn, después guionista de algún tí­tulo de la saga de los simios.

- En los Premios Hugo de 1959 la pelí­cula tuvo una nominación a mejor representación dramática.

- La Hammer volverí­a a otorgar una nueva aventura a Van Helsing en Las novias de Drácula (1960), también de Fisher, sin que apareciera el Conde, pese al tí­tulo. Por su parte, el Señor de los No-Muertos tuvo más entregas por parte de la productora: Drácula, prí­ncipe de las tinieblas (1966), también de Fisher; Drácula vuelve de la tumba (1968, Freddie Francis); El poder de la sangre de Drácula (1970, de Peter Sasdy); Las cicatrices de Drácula (1970, Roy Ward Baker); Drácula 73 (1972, Alan Gibson); Los ritos satánicos de Drácula (1973, A. Gibson); Kung Fu contra los siete vampiros de oro (1974, Roy Ward Baker).

- Remake: Drácula (1979, John Badham).


 


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