Director: Jacques Becker. 1958. Francia. B/N
Intérpretes: Gérard Philipe, Lili Palmer, Lea Padovani, Gérard Séty, Lino Ventura, Anouk Aimée, Lila Kedrova

Montparnasse es el barrio bohemio de París, lleno de artistas que conviven intentando lograr el difícil triunfo, que muy pocos consiguen. En 1919 residía allí el pintor Modigliani, arrastrando una tormentosa existencia, ya que su arte no era comprendido y su pobreza sólo era aliviada por el alcohol y las mujeres. Enfermo y borracho, su vida se repetía entre Rosalie, una tabernera, y Beatrice, una rica inglesa que le proporcionaba opio y pagaba sus facturas. Una mañana en la academia de dibujo, ‘Modi’ conoce a Jeanne, una joven burguesa, de la que inmediatamente se enamora. Decidido a iniciar una nueva vida, le propone vivir juntos.
Estupendo “biopic” del pintor Modigliani que se ve seriamente perjudicado por: a) Una saturación de tópicos y lugares comunes relacionados con el mundo del artisteo y demás; b) Un guión demasiado previsible; c) Un protagonista falto de carisma y personalidad suficiente para acercar de una forma emotiva y creíble la figura de Modigliani al público.
Por el contrario, Becker sigue demostrando su enorme talento para la puesta en escena y la reconstrucción histórica, Lilli Palmer se come con patatas a sus compañeros de reparto en un papel un tanto ajustado al cliché “Dorothy Parker” (sarcasmo, alcohol y buena posición social, ya sabéis), Lino Ventura destaca saliendo sólo unos minutejos en un papel absolutamente terrorífico, y al final la película encadena un tramo calculadamente cruel que habla muy bien de las cosas que dañan la imagen de la pintura: el desprecio por el artista y por la propia obra, contemplada como objeto decorativo de relumbrón social y no como ese compendio de ideas y sensaciones que sin duda es.
También me hubiera gustado que se centrara un poco más en el proceso creativo de Modigliani, que analizara su obra, el génesis de ese estilo tan personal. Pero está claro que Becker y guionistas (con Ophüls a la cabeza) no estaban por la labor. El resultado no es ni superficial ni (casi) hagiográfico (Modigliani no aparece como un santo, precisamente), y sí muy interesante en tanto que retrata muy bien la figura del pintor incomprendido y adelantado a su tiempo… pero podía haber estado mejor.
Magnífica película que retrata los últimos meses de vida del pintor Amadeo Modigliani (interpretado magistralmente por Gérard Philipe), que fue despreciado e ignorado por sus contemporáneos, viviendo en la miseria acompañado y apoyado tan sólo por su mujer Jeanne, unos pocos amigos y su fiel compañero el whisky, pero que tras su muerte se convertirá en uno de los pintores más cotizados de la historia.
Montparnasse 19 (título original de la película) no retrata sólo la vida de un pintor, sino ante todo el final de una época, la del Paris de la bohemia, aquella época en la que el arte tenía aún algo que decir, estaba vivo, era vida en sí mismo. Las escenas de Modigliani pintando enfebrecido, consumido por el alcohol y en la más absoluta miseria nos hablan de tiempos que ya nos son totalmente irreconocibles, ajenos, en los que el arte contenía en sí la utopía, la esperanza. El arte entonces todavía era vida, trágica a menudo, pero vida, y no una triste pantomima cuando no una gran estafa como sucede ahora.
Pero tras aquella esperanza sólo queda la muerte. La muerte del arte, ejemplificada por la muerte de Modigliani, que es aprovechada por el comerciante de arte Marcel para comprarle todos sus cuadros a su mujer Jeanne antes de que se entere de que ha muerto, sabiendo que se revalorizarán tras haber muerto su autor y multiplicará por mucho su inversión.
El final de la película, trágico y grandioso al mismo tiempo, es el triunfo de la mercancía sobre la vida, sobre el arte, sobre la utopía. Es la muerte de la pintura. A partir de entonces todo cambiará. Jacques Becker lo supo captar de forma maravillosa.