IMITACIÓN A LA VIDA (Imitation of Life)

Película estrenada entre 1959

Director: Douglas Sirk. 1959. EE.UU. Color

Intérpretes: Lana Turner (Lara Meredith), John Gavin (Steve Archer), Sandra Dee (Susie, a los 16 años), Susan Kohner (Sarah Jane, a los 18 años), Robert Alda (Allen Loomis), Dan O’Herlihy (David Edwards), Juanita Moore (Annie Johnson), Karin Dicker (Sarah Jane, a los 8 años), Terry Burnham (Susie, a los 6 años)


Lora Meredith (Lana Turner), una actriz viuda en paro, vive con su hija (Terry Burnham / Sandra Dee de adolecente) en la ciudad de Nueva York. Un dí­a conoce de casualidad en una playa a Annie, una mujer de raza negra (Juanita Moore) y su hija mulata Sarah Jan -Dicker / Susan Kohner de adolecente) que terminarán trabajando para ella. El mismo dí­a conoce a Steve (John Gavin), un fotógrafo que se siente inmediatamente atraí­do por ella.



Estamos ante un verdadero portento de pelí­cula. Es una pelí­cula que habla de la vida misma, de esas curiosas y desconcertantes vueltas que da la vida. Aquí­ se habla del racismo, de los fracasos y los triunfos, de la ambición, del amor, de la amistad, de la aceptación de uno mismo, de la juventud… es toda una meditación de la condición humana. Todas las interpretaciones son portentosas y todas muy en su nivel. Pero de toda la pelí­cula me gustarí­a destacar un tema que está más presente incluso que el del racismo, y es el de la madre, la maternidad encarnada en el papel de Juanita Moore. Yo creo que es todo un homenaje a lo que es y significa una madre, ese primer regalo que nos da Dios al nacer, el amor de una madre. Es un personaje que personifica muy bien ese amor que solo una madre es capaz de dar, una mujer que ama y que sufre con el desprecio de su hija, pero sin embargo una madre nunca deja de creer y de esperar por un hijo. Los últimos veinte minutos de esta pelí­cula son la cosa mas hermosa y emocionante que jamás se ha rodado en el cine, la escena en la que aparece la desconsolada hija deja sin aliento. Si tuviera que dedicar una pelí­cula a mi madre, sin duda le recomendarí­a esta. Cuando uno ve esta pelí­cula piensa inmediatamente en su madre y se da cuenta en seguida de que no hay nada tan grande en este mundo como el amor y el cariño de una madre. Un homenaje a una madre, esto es esta pelí­cula.

A mí­ siempre me emociona el entierro de la madre, especialmente cuando cantan el magní­fico espiritual, que te hiela la sangre en las venas.


Sociedad negra/sociedad blanca

La pelí­cula Imitación a la vida es un folletí­n lacrimógeno que pretende implicar al espectador en la lucha de derechos civiles de la comunidad negra americana. Con una serie de matices románticos bastante reiterados. La pelí­cula ofrece, sin embargo, un interés al marcar claramente el rechazo que un mujer de raza negra, pero de aspecto blanco, intenta realizar para ser aceptada en la discriminadora sociedad americana. Al margen de valoraciones interpretativas, que por otro lado, son aceptables. La pelí­cula pasa de puntillas por el espinoso tema del racismo, utilizando historias paralelas, poco interesantes para distraer la atención del espectador del auténtico problema de fondo. Sin embargo, esta pelí­cula de 1959, en plena explosión de las reivindicaciones antisegregacionistas (Martin Luther King, Malcolm X, etc.), merece un reconocimiento, y al mismo tiempo una comprensión del momento histórico en que se realizó.




Decí­an y dicen los detractores de Douglas Sirk, que los tuvo y los tendrá, que el problema de los personajes de sus pelí­culas era su intensidad, que pasaban demasiado tiempo pensando y demasiado poco viviendo. Tuvieran o no razón, estuvieran o no en un error, es de agradecer que entre tanto cine banal hubiera allá por los años 50 un director que, como Sirk, diera voz plena a sus personajes sin ningún tipo de merma o cortapisa.

Imitación a la vida es una nueva versión de la pelí­cula que con el mismo tí­tulo dirigiera en 1934 otro grande, como Sirk, del melodrama, el neoyorkino John M. Stahl. La historia de esta nueva versión de Douglas Sirk es en esencia la misma de su referente, si bien se practicaron algunos cambios en la anatomí­a y estructura de algunos de sus personajes.

Canto a la desesperanza y crónica amarga de seres abocados a la insatisfacción, Imitación a la vida cuenta la historia de una actriz en horas bajas y su hija, que tras acoger a una mujer negra en su casa junto con su hija para que trabaje en el servicio doméstico, escala a lo más alto de la fama para comprobar que ha sido su ambición la que le ha hecho olvidar su responsabilidad como madre al dejar el cuidado de su hija al libre albur del azar.

Como en tantas y tantas pelí­culas de Sirk, las mujeres aparecen aquí­ con una entidad desacostumbrada en buena parte del cine del Hollywood clásico. Son personajes fuertes, que piensan por sí­ mismas, que llevan el error y la virtud hasta las últimas consecuencias.

Pasión, corazón y sufrimiento definen a la protagonista de Imitación a la vida, una Lana Turner que creyó desde el principio en este proyecto, hasta el punto de haber trabajado en esta pelí­cula a cambio no de un salario sino de una participación del 50 por 100 en los resultados de la taquilla. Ganó con la operación algo así­ como dos millones de dólares de la época, una cifra desorbitada, e inauguró sin saberlo, justo en el momento en que el “star system” era ya historia, una nueva forma de relación entre los actores y la industria del cine.


El Hollywood clásico era ya agoní­a en 1959, fecha de producción de Imitación a la vida, y fue entonces cuando Douglas Sirk decidió abandonar California para regresar a su Alemania natal.


Primer gran momento: Juanita Moore dice a Lana Turner que Sarah Jane es su hija. Juanita Moore es negra y Sarah Jane es casi blanca. Al principio, Lana Turner duda, luego comprende, vuelve a dudar y finalmente afirma que lo más natural del mundo es que una mujer negra tenga un hijo blanco. Pero nada es natural. Nunca. En toda la pelí­cula. Y, sin embargo, todos intentan desesperadamente que sus pensamientos y sus deseos sean lo que más les convenga. Sarah Jane no quiere ser blanca porque piense que el blanco es un color más bonito que el negro, sino porque sabe que la vida es mucho más agradable si se es blanco. Si Lana Turner quiere ser actriz no es porque le guste, sino porque en la vida se ocupa un puesto mejor si se tiene éxito. Y si Juanita Moore quiere unos funerales espectaculares no es por lo que pueda sentir una vez muerta, sino porque quiere revalorizarse retrospectivamente ante los ojos del mundo, lo que le negaron mientras vivió. Ninguno de los protagonistas se da cuenta de que todo, pensamientos, deseos, sueños, proviene directamente de la realidad social o es manipulado por ella. No conozco ninguna otra pelí­cula donde este hecho se exprese tan clara y desesperadamente…

Hacia el final de la pelí­cula Juanita Moore dice a Lana Turner que tiene muchos amigos. Lana queda confusa. ¿Juanita Moore tiene amigos? Las dos mujeres viven juntas bajo el mismo techo desde hace años y Lana no sabe nada de Juanita. No es sorprendente que se extrañe. Lana también se extraña cuando su hija le reprocha haberla dejado siempre sola. E incluso cuando Sarah Jane lanza algunos sarcasmos a la diosa blanca porque tiene problemas y quiere que la tomen en serio, Lana Turner se muestra sorprendida. Y también le sorprende la muerte de Juanita Moore. ¿Cómo ha podido acostarse y morirse así­? No es justo encontrarse de pronto frente a la realidad.

Durante la segunda parte de la pelí­cula, lo único que Lana puede hacer es sorprenderse. Resultado: en el futuro quiere interpretar papeles dramáticos. El sufrimiento, la muerte, las lágrimas: indudablemente se puede sacar algo de todo esto. Y en este mundo es cuando el problema de Lana se convierte en el del cineasta. Lana es una actriz, y tal vez incluso una buena actriz. Nosotros nunca lo sabemos a ciencia cierta. Primero tiene que ganarse la vida y la de su hija. ¿O quiere hacer carrera por el puro placer personal? No parece demasiado afectada por la muerte de su marido. Todo lo que sabe de él es que era un buen director. Creo que quiere hacer carrera por su propio gusto. El dinero ocupa un lugar secundario para ella, el éxito es lo que más cuenta.

En tercer lugar, está John Gavin. John ama a Lana; por amor a ella y por ayudarla, ha renunciado a sus ambiciones artí­sticas y comenzado a trabajar como fotógrafo en una agencia de publicidad. Lana no puede comprender que sacrifique su ambición al amor. También John es bastante tonto: le hace elegir a Lana entre el matrimonio y su carrera. A Lana esto le parece fantástico y dramático y escoge su carrera. Así­ suceden las cosas a lo largo de toda la pelí­cula. Hacen proyectos para ser felices hasta que suena el teléfono para un nuevo papel y Lana revive. Esta mujer es un caso desesperado. John Gavin también. Tendrí­a que haber comprendido antes que esto no podí­a funcionar. Pero a pesar de eso, une su vida a la de esta mujer. Las cosas que no pueden funcionar siempre son las que suscitan en nosotros un interés más duradero. Entonces, la hija de Lana Turner se enamora de John; es exactamente como deberí­a ser Lana para satisfacer los deseos de John, pero no es Lana. Esto es comprensible. Sandra Dee es la única que no comprende. Tal vez porque las cosas no se comprenden cuando se está enamorado.

Juanita Moore también ama a su hija y no la comprende muy bien. Un dí­a llueve, cuando Sarah Jane todaví­a es una niña, y Juanita Moore le lleva unos chanclos al colegio. Sarah Jane habí­a hecho creer que es blanca. Surge la verdad cuando su madre llega al colegio con los chanclos. Sarah Jane no lo olvidará jamás. El amor que Juanita Moore siente por su hija le impide comprender los hechos cuando poco antes de morir quiere ver a Sarah Jane por última vez. Para ella es un pecado que Sarah Jane quiera pasar por blanca. Lo más terrible de esta escena es que cuanto más cruel y malvada es Sarah Jane con su madre, más patética y lamentable es ésta. Realmente, lo brutal es que la madre quiera poseer a su hija porque la quiere. Y Sarah Jane se defiende contra el terrorismo maternal, contra el terrorismo del mundo. Lo cruel es que podemos comprenderlas. A menos que el mundo cambie. En este momento lloran todos los espectadores. Porque es difí­cil cambiar el mundo. Entonces todos los personajes se encuentran en el entierro de Juanita Moore y durante algunos minutos se comportan como si todo fuese bien. Y este “como si” es lo que les hace seguir en el mismo atolladero; les hace sospechar vagamente que buscan otra cosa, pero de nuevo se apresuran a olvidarlo.

Imitación a la vida comienza como una pelí­cula sobre el personaje de Lana Turner y muy insensiblemente se convierte en una pelí­cula sobre el personaje de Juanita Moore, la mujer negra. El cineasta abandona el problema que le concierne, el aspecto del argumento que concierne a su propio trabajo para investigar la imitación a la vida en el destino de Juanita Moore, en el que encuentra mucha más crueldad de la que puede encontrar en el caso de Lana Turner o en el suyo propio. Todaví­a más mala suerte, todaví­a menos esperanza.

Hay que subrayar que Douglas Sirk es un director que obtiene el máximo de los actores. En las pelí­culas de Sirk, incluso zombies como Marianne Koch y Liselotte Pulver parecen auténticos seres humanos en los que podemos y queremos creer. Realmente he visto muy pocas pelí­culas de Sirk. Quisiera haberlas visto todas, sus treinta y nueve pelí­culas. Si lo hubiese hecho, quizá habrí­a ahondado más en mí­ mismo, en mi vida, en mis amigos.


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