ORFEO NEGRO (Orfeu negro)

Película estrenada entre 1959

Director: Marcel Camus. Brasil-Francia-Italia. 1959. Color

Intérpretes: Breno Mello, Marpessa Dawn, Marcel Camus, Fausto Guerzoni, Lourdes de Oliveira, Léa Garcia, Ademar Da Silva, Alexandro Constantino


Adaptación del mito griego ambientado en el carnaval de Rí­o de Janeiro. La bella Eurí­dice llega a la ciudad brasileña de Rí­o de Janeiro en ví­speras de su famoso carnaval, invitada por una prima que vive en los arrabales de la ciudad. Hasta el lugar llega en un tranví­a cuyo conductor, un guitarrista llamado Orfeo, se fija en sus encantos. Sin embargo su relación se verá afectada por las sospechas de su celosa novia.


Orfeo Negro conduce un tranví­a directo a la tragedia… a ritmo de samba. Ganadora -nada menos- que del Oscar a la mejor pelí­cula extranjera y de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Orfeo Negro levantó la admiración allá por donde se estrenaba por su colorido y contagiante musicalidad. La crí­tica americana dijo de ella: “un filme superlativo que tiene todas las cualidades de un genuino clásico. Su sensacional fotografí­a captura tanto el mágico espí­ritu de la leyenda original como la relumbrante efervescencia de Brasil”. Además, despertó en todo el mundo -y especialmente en EE.UU.- un inusitado interés por el baile “bossa nova”.


Excelente narración del mito griego de Orfeo ambientado en los fastos de los carnavales de Rio de Janeiro. La acción se desarrolla en el marco de los bailes, la música, los disfraces, los desfiles y los concursos, de una fiesta colectiva trepidante, multitudinaria y multicolor, que lo envuelve todo y que se erige en la verdadero centro de atención de la pelí­cula. El drama de amor y muerte de Orfeo constituye el pretexto, más que el objeto, de una descripción detallada del escenario abigarrado en el que tiene lugar la acción. El director francés Marcel Camus supo captar el clima y el alma de unas fiestas populares que no tienen parangón con las de otros lugares del mundo. Combinó con acierto el espectáculo desbordante, ingobernable y exótico de la mayor fiesta callejera de Brasil con una drama antiguo, trágico y conocido, que se presenta tratado con delicadeza y acierto. La obra consiguió una gran aceptación por parte del público y mereció dos grandes premios. El tema musical de la pelí­cula, que aún hoy se oye con agrado, obtuvo una gran difusión en su momento.

Orfeo, el poder de la música y el canto


Orfeo y Euridice

Otra historia de amor de la mitologí­a griega, esta vez dramática, la protagonizó Orfeo, magní­fico héroe civilizador de una sensibilidad exquisita, a la vez teólogo, reformador de la moral y las costumbres, poeta y músico célebre.

De su padre Apolo recibió una lira, a la que añadió dos cuerdas hasta un total de siete, con la que tocaba ingeniosas y excepcionales melodí­as. Con Orfeo aparecí­a finalmente un mortal capaz de desarrollar el arte de la música, reservado hasta entonces a los dioses.

Pues bien, los dioses, los humanos y toda la naturaleza, las fieras, los rí­os, los árboles y hasta las rocas se estremecí­an ante sus mágicos acordes y quedaban embelesados al oí­rlo cantar acompañado por sus instrumentos.

Orfeo participó en la expedición de los Argonautas, marcando con sus melodí­as el ritmo de los remeros. En esta expedición, su mayor hazaña fue anular el embrujo que los cantos de las Sirenas producí­an en los marineros. Orfeo entonó tan dulces melodí­as que la tripulación no sintió deseo de acercarse a las Sirenas, evitando así­ estrellarse contra las rocas y ser devorados por ellas.

Pero el canto no era la única ocupación de Orfeo. Era un personaje muy erudito y con inquietudes filosóficas, que se dedicó a viajar e investigar el mundo que lo rodeaba. Tantos eran sus encantos y su sabidurí­a que muchas mujeres y ninfas le pretendí­an en matrimonio. Sólo Eurí­dice, modesta pero encantadora, llamó la atención de Orfeo. Se casó con ella y fue tiernamente correspondido, protagonizando una de las leyendas de amor más conmovedoras de la mitologí­a.

Su unión fue feliz pero no duró mucho

Un dí­a, Eurí­dice, huyendo de Aristeo, quien la perseguí­a para tomarla por la fuerza, fue mordida por una serpiente, cuyo veneno le provocó la muerte súbita. Orfeo entristeció profundamente. Abandonó todo y se internó en el bosque con la sola compañí­a de su lira. Se pasaba dí­as y noches tocando. Los animales, las ninfas, los sátiros e incluso los centauros, todos lloraban al escuchar aquellas tristí­simas notas.

Enormemente desconsolado, Orfeo se dirigió entonces a los infiernos entonando canciones sobre su profunda tristeza, tan bellas que ablandaron los ánimos de Hades. El dios de los infiernos prometió devolverle a Eurí­dice bajo una condición: mientras subiera hasta el mundo de la luz no deberí­a mirar atrás.

Con el sonido de su lira, Orfeo guiaba a la ninfa a través de la oscuridad. Pero la subida era lenta, pues Eurí­dice aún sentí­a la herida. Cuando estaban a punto de llegar a la salida y ver la luz, Orfeo, lleno de ansiedad, giró la cabeza intentando abrazarla. En ese instante, Eurí­dice se desvaneció para siempre en el mundo de los muertos.

Orfeo estuvo vagando por el desierto tocando su lira y rechazando la compañí­a humana. Terminó en la región de Tracia, donde muchas mujeres intentaron casarse con él, pero sin éxito. Durante unas fiestas en honor de Dionisios, en venganza por haber sido rechazadas, las mujeres mataron al héroe, despedazando su cuerpo en múltiples trozos y arrojando su cabeza al mar. Según una versión, las mujeres actuaron así­ movidas por los dioses del Olimpo, que no podí­an permitir que un humano divulgara los secretos del mundo de los muertos.

Tras su desaparición, la lira de Orfeo se transformó en la constelación Lira, que contiene la estrella Vega, la más brillante de todas las que se pueden contemplar desde el hemisferio norte.

Orfeo, cantor por antonomasia, representa el poder maravilloso del lenguaje, de la música, del canto. En castellano, orfeón, como orfeó en catalán y valenciano, designa a un grupo de personas que cantan en un coro.

La leyenda de Orfeo dio también lugar a una forma de pensamiento denominada “teologí­a órfica”. De regreso del mundo de los muertos, Orfeo habrí­a desvelado la manera de llegar al paraí­so de los bienaventurados, evadiendo los obstáculos que encontraban las almas tras la muerte. El orfismo se convirtió en un modo de vivir, con ritos de purificación, pócimas mágicas y múltiples prohibiciones.

El mito de Orfeo en las artes

A partir del siglo XVII, el mito de Orfeo fue utilizado por la mayorí­a de los compositores, sobre todo barrocos, para algunas de sus obras; Monteverdi, Rossi, Paer, Haydn, Offenbach y Vivaldi, entre otros muchos. Pero fue el checo Gluck (1762, Orfeo ed Euridice) el primero que puso a llorar al héroe sobre el escenario después de perder a su amada Eurí­dice, llenando así­ de significado la expresión “drama lí­rico”, con que se denomina normalmente a la ópera.

El teatro y el cine aprovecharon también el mito de Orfeo. En 1956, el brasileño Vinicius de Moraes estrenó en Rí­o de Janeiro “Orfeu da Conceií§ao”, donde por primera vez en Brasil todos los actores de una obra de teatro eran negros. La pieza fue crucial para hacer de la música de samba un medio de expresión de la identidad nacional, situando el mito de Orfeo en unos carnavales de los suburbios de Rí­o.

Tres años después, “Orfeo negro”, la pelí­cula del director francés Marcel Camus, basada en la obra de teatro, llamó la atención del público internacional, ganando la Palma de Oro en Cannes y el í“scar a la mejor pelí­cula extranjera. Pero no fue recibida con entusiasmo en Brasil, ya que el público la consideró como una burla folclórica. Al menos la banda sonora de Antonio Carlos Jobim, con canciones utilizadas en la obra de teatro, sirvió para la presentación mundial de un estilo de samba renovada que se llamarí­a bossa nova.

En 1999, la versión brasileña de “Orfeo”, dirigida por Carlos Diegues, obtuvo un enorme éxito popular. De hecho, la pelí­cula logró mostrar un Brasil “órfico”, un paí­s que sabe expresar los aspectos dramáticos de su alma a través de la música.


 


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