ACCATONE

Película estrenada entre 1961

Director: Pier Paolo Pasolini. 1961. Italia. B/N

Intérpretes: Franco Citti
(Vittorio “Accattonne” Cataldi), Franca Pasut (Stella), Silvana Corsini (Maddalena) Paola Guidi (Ascenza), Adriana Asti (Amore)


“Accatone” es el apodo de un joven que, en un suburbio romano, vive sin hacer nada, a costa de una prostituta, Magdalena. Cuando la muchacha acaba en la cárcel, Accattone se encuentra en un mal trance. Rechazado y vapuleado después de un intento de reconciliación con su mujer, que vive con su niño en casa de su padre y de su hermano, el joven trata de sustituir a Magdalena con una joven que acaba de conocer: Estrella. Ésta, increí­blemente ingenua y confiada, no está hecha para el triste oficio y Accattone, que se ha enamorado, decide buscar un trabajo para mantenerse a sí­ mismo y a la chica. Ignorando que la policí­a lo está vigiland -Magdalena, por celos, desde la cárcel le ha denunciado por explotación- Accattone prueba el camino del robo.







En Accattone, primera pelí­cula de Pasolini, el autor lleva a la pantalla grande el mismo mundo de pobreza urbana de sus novelas. Es la historia de un joven vagabundo, que vive con otros muchachos de la calle entre bravatas, borracheras, robo y prostitución. La pelí­cula, que recogió óptimas crí­ticas en el Festival de Venecia, tiene una apariencia de realismo sólo en el argumento. Pasolini le imprimió un estilo plástico con fuertes alusiones a la pintura manierista. Del mismo modo utilizó música de Bach como fondo musical, con cierto efecto disgregante, y empleó el dialecto hablado por los personajes con método filológico. En los diálogos colaboró también el protagonista, Sergio Citti.

Accattone es un personaje épico en su propia naturaleza de marginado. Vittorio Cataldi, llamado Accattone (“mendigo”) vive en la periferia romana y pasa su tiempo entre las casuchas de suburbio y el bar donde paran los macarras del lugar. No trabaja y, para vivir, se hace mantener por Maddalena, una prostituta. Pero Maddalena termina en la cárcel y Accattone queda en la miseria total. Un dí­a, mientras se dirige al puesto de trabajo de la esposa abandonada, conoce a una joven mujer: Stella. Intenta arrastrarla a la prostitución pero se enamora de ella y decide buscarse un trabajo honesto. Por desgracia el intento dura poco, Accattone no logra adaptarse a una vida normal y vuelve a delinquir. Escapando de la policí­a tras un robo, sufre un accidente con la moto y muere.


En el submundo de Roma vive Accattone, un peculiar personaje que ejerce de chulo y malvive con su grupo de amigos, para los que es preferible pasar hambre a trabajar. La primera pelí­cula de Pasolini bebe del neorrealismo y del primer Fellini, pero es ante todo la personalí­sima visión del director y guionista la que le imprime su peculiar carácter. Trágica sin dejar de lado lo cómico, áspera pero con intensos toques de lirismo, enfangada en una realidad casi obscena y a la vez impregnada de catolicismo, con una dirección descarnada pero elegante. Música de Bach y excelentes interpretaciones para una obra que mantiene en buena parte su capacidad de fascinación.

O me mata el mundo o lo mato yo a él (Accattone)

Los personajes de Accattone eran todos ladrones, o chulos, o carteristas o gente que viví­a al dí­a; se trataba, en definitiva, de una pelí­cula sobre la mala vida. Naturalmente, a su alrededor estaba también el mundo de la gente del arrabal, implicada tal vez por complicidad en la mala vida, pero que, en definitiva, trabajaba normalmente (por un salario miserable, como Sabino, el hermano de Accattone). Pero como autor y como ciudadano italiano, en la pelí­cula yo no expresaba ningún juicio negativo sobre los personajes de la mala vida: todos sus defectos me parecí­an defectos humanos, perdonables, además de estar del todo justificados socialmente. Eran, como dije, los defectos de unos hombres que obedecen a una escala de valores absolutamente “propia” y “diferente” de la burguesa. En substancia, son personajes enormemente simpáticos; es difí­cil imaginar gente tan simpática (más allá de los sentimentalismos burgueses) como la del mundo de Accatone, es decir de la cultura subproletaria y proletaria de Roma hasta hace unos diez años. El genocidio ha borrado para siempre a estos personajes de la faz de la tierra. En su lugar están esos “sustitutos” suyos que, como ya tuve ocasión de señalar, son, por el contrario, los personajes más odiosos del mundo.” (Fragmento de “Mi Accattone”,publicado el 8 de octubre de 1975 en “Il Corriere della Sera”).

Una pelí­cula lúcida y formalmente brillante que rebosa fuerza e invención lí­rica.


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