Director: Blake Edwards. 1961. EE.UU. Color
Intérpretes: Audrey Hepburn, George Peppard, Patricia Neal, Buddy Ebsen, Martin Balsam, Mickey Rooney, Jose Luis de Villalonga







La complejidad que tras la nefasta persecución “mccarthyana” habían experimentado comedia cinematográfica. Estilo, que, en adelante, exprimirá su faceta irónica sin ningún recato. Sin llegar a considerarse como un director de los más ácidos, Blake Edwards constituirá un sólido escalón en el proceso de “desdulcificar” el género.


En Desayuno con diamantes, se dan todos los condicionantes para que la industria de Hollywood la aceptara como una divertida comedia de amor, con sustanciosas perspectivas económicas, y en la que se lucía espléndidamente una de sus estrellas más encantadoras: Audrey Hepburn. Pero, simplemente repasando el argumento del filme, pronto apreciaremos la acidez que se oculta bajo tanta simpatía.

En pocas palabras, podemos describir el guión como la historia de una atractiva joven, venida del mundo rural al centro de la felicidad virtual: Nueva York. Para subsistir, se aprovecha de sus encantos para obtener pequeñas cantidades de dinero de sus ocasionales pretendientes nocturnos.

Esta prostitución a pequeña escala, como toda empresa que se precie, encierra objetivos más ambiciosos; simbolizados en los ostentosos escaparates de Tiffany’s, y concretados en un conveniente matrimonio, con no importa que señor, pero con la única condición de poseer una acaudalada cuenta bancaria (prostitución legalizada).

La casualidad, hace coincidir a la encantadora meretriz, con un escritor, al que su escaso éxito literario le obliga a ganarse la vida como gígolo, complaciendo, esta vez,a las señoras de los señores de las acaudaladas cuentas. Naturalmente, la coincidencia entre los “compañeros de profesión”, desencadenará entre ambos un entendimiento a nivel sentimental (desaparecen súbitamente las aspiraciones económicas), que nos conducirá a un reconfortante y húmedo final feliz, muy lejos del lujoso Tiffany’s.




Basada en la novela de Truman Capote, “Desayuno con diamantes” se ha convertido con los años en una de las películas más emblemáticas de los años 60.
Bajo la apariencia de una comedia romántica se encierra una crítica clara contra las clases sociales más acomodadas y de lo que algunas personas llegan a hacer para ganarse un hueco entre los primeros.
La película estuvo nominada para un total de 5 Oscars de los que al final obtuvo sólo 2, los correspondientes a la mejor banda sonora para Henry Mancini y a la mejor canción para Henry Mancini (música).
La dirección le fue encargada a Blake Edwards, un gran director asociado sobre todo a las comedias, entre las que destacan por ejemplo El guateque, La pantera rosa, Víctor o Victoria, pero que era capaz de dirigir dramas como demuestra en Días de vino y rosas.
Dentro de un reparto muy acertado destaca sobremanera la presencia de la irrepetible Audrey Hepburn que interpreta su papel de Holly Golightly con una suficiencia pasmosa, hasta el punto de ser recordada más por esta película que por cualquier otra en la que haya intervenido.
Audrey Hepburn ya se había hecho un nombre en Hollywood gracias a grandes éxitos anteriores como Vacaciones en Roma de William Wyler que además le valdría un Oscar como mejor actriz, Sabrina de Billy Wilder, la gran superproducción Guerra y Paz de King Vidor, y también por su interpretación en el musical de Stanley Donen Una cara con ángel. Pero éste fue sólo el punto de partida de una carrera repleta de triunfos en películas como Charada de Billy Wilder, My fair Lady de George Cukor, Dos en la carretera de Stanley Donen, y por supuesto su interpretación ya en plena madurez para la película de Richard Lester Robin y Marian. Todas estas películas y alguna otra más la han convertido en un auténtico mito cinematográfico.
En lo referente a George Peppard su contratación se produce tras intervenir en la exitosa película de Vincente Minnelli Con él llegó el escándalo de 1960, logrando en su papel del escritor Paul Varjak la mejor interpretación de toda una carrera, no demasiado brillante por otra parte.
Para el papel de la millonaria se optó por la sensacional actriz Patricia Neal, recordada sobre todo por su fantástica interpretación en una obra maestrade King Vidor llamada El manantial.
El personaje más prescindible de todos es sin duda el del señor Yunioshy que interpreta Mickey Rooney más como reclamo publicitario que como una necesidad narrativa.
Sería injusto no referirnos aquí a Henry Mancini, sin duda uno de los más grandes compositores de bandas sonoras que ha dado el cine. A él se deben las bandas sonoras de películas como Días de vino y rosas, Hatari, La pantera rosa, Víctor o Victoria, Charada, y sobre todas ellas la insuperable Dos en la carretera. Un auténtico genio que contribuyó con su banda sonora a crear el ambiente romántico pero también melancólico que es indispensable en la película.
Aunque está repleta de buenas secuencias como por ejemplo la fiesta en el apartamento de Holly en donde la cámara se desenvuelve con una gran naturalidad en un espacio tan pequeño como repleto de gente, yo prefiero la secuencia en la que Holly tras ser acosada por un admirador sale de su apartamento por la ventana subiendo la escalera de incendios seguida por la cámara que la acompaña hasta el apartamento de Paul en el piso de arriba con un traveling que se detiene junto a ella en la ventana, a través de la cual vemos como Edith (Patricia Neal) deja dinero sobre la mesa de Paul mientras éste duerme, y lo vemos todo con el mismo punto de vista de Holly hasta que en un instante nos ofrece un primer plano de la cara de Holly porque lo que necesitamos ver en ese momento es su reacción cuando se da cuenta de que él es un gigoló, y eso es lo que nos ofrece el director, Ya que una parte importante en la labor de un realizador es mostrarle al espectador lo que éste quiere ver cuando lo quiere ver.
Lo más importante de este título, además de su acerva mirada a la alta sociedad neoyorquina, es la configuración del personaje de la festiva Holly, superficial en su existencia frívola y amarga en su insistente búsqueda de la felicidad, ejemplarmente encarnada por Audrey Hepburn, quien fue vestida con distinción por Givenchy.
Repetitiva colaboración cómica de Mickey Rooney como irascible vecino japonés y breve participación del aristócrata español José Luis de Villalonga como potentado brasileño.