EL ROSTRO IMPENETRABLE (One-Eyed Jacks)

Película estrenada entre 1961

Director: Marlon Brando. 1961. EE.UU. Color

Intérpretes: Marlon Brando (Johnny Rio), Karl Malden (Sheriff Dan Longworth), Katy Jurado (Maria Longworth), Pina Pellicer (Louisa), Ben Johnson (Bob Amory)


Johnny Rio es traicionado por su mejor amigo Dad, después de que ambos han atracado un banco y por tal motivo pasa cinco amargos años en la prisión de Sonora. Durante su estancia en la cárcel, Johnny sólo desea vengarse del traidor que le encarceló y que ahora es el sheriff de Monterrey, y tan solo su deseo de venganza le mantiene con vida en su terrible encarcelamiento. Cuando es puesto en libertad se presenta ante Dad sin motivos aparentes de venganza y éste le presenta a su mujer y a su hijastra, Louisa, de la que Johnny queda prendado de su belleza y a la que seducirá ante la rabia de su antiguo amigo Dad. Dad, enfermo de cólera, vuelve a traicionar su amigo y le acusa injustamente de un atraco y asesinato cometidos en otro banco, encerrándole en la cárcel decidido a ahorcarle para aplacar los ánimos de los habitantes de Monterrey. Con la ayuda de Louisa logra huir de la cárcel justo antes de su ahorcamiento, Dad le perseguirá con sus hombres y es a partir de éste momento, donde por fin, ambos hombres cargados de odio y rencor, van a enfrentarse definitivamente en un duelo final en el desierto donde sólo puede quedar uno…








Inusual, manierista, oscura Un western extraño, tan extraño que casi ni siquiera es un western. Esas playas fantasmagóricas, esos colores pálidos, ese gesto de Brando y la mirada acuosa de Malden, esos escorzos imposibles, esa enmarañada venganza Pero sobre todo ese primer plano del careto de Malden cuando ve a lo lejos la llegada de Rio y un plano de Brando al principio de la pelí­cula, recostado luciendo torso, con una infernal tormenta de arena al fondo, un oleaje de polvo y tierra que nos avisa de que en esta pelí­cula los rostros y los paisajes retratan perfectamente los demonios interiores que van a marcar el desarrollo de los acontecimientos.

Deliciosamente imperfecta, retorcidamente psicológica, agónicamente romántica Un intenso ejercicio de vanidad que empieza como un tiro, se desarrolla con una penetrante fuerza casi ritual pero que cae en un desenlace cansado y tibio, impropio de la dramática fiereza con la que Brando nos retrata antes, durante hora y media, dos de la “narices” más famosas y antagónicas de la historia del cine.

El rostro impenetrable es uno de los westerns más interesantes y singulares que se han hecho nunca. También es la única pelí­cula dirigida por Marlon Brando, y, aunque contiene muchas señales de su talento como director, terminarla llevó tanto tiempo que acabó costando el triple del presupuesto original. El rostro impenetrable fue recibida con división de opiniones por parte de los crí­ticos -quienes consideraron que en el filme habí­a mucho de admirable así­ como un buen montón de aspectos censurables- y alcanzó un éxito moderado entre el público; por consiguiente, nunca produjo beneficios y Brando no volvió a pensar en ponerse detrás de la cámara, si bien la pelí­cula ha quedado como una especie de artí­culo de coleccionista entre los entusiastas del cine, en especial los amantes del western, al contener magní­ficas secuencias fotográficas de inmensos desiertos de arena, rodadas en Death Valley, y vistas de la espectacular costa de California, cerca de Monterey. Éste es uno de los pocos westerns en los que se pueden contemplar la playa y el mar, algo que debemos a la afortunada inspiración de Brando y al muy admirado fotógrafo Charles Lang Jr. para quien este filme representó otro gran éxito en su carrera. Otro de los grandes valores de la pelí­cula es la banda musical del magistral Hugo Friedhofer, cuya composición dota a El rostro impenetrable de una emoción y un movimiento que podí­a no haber tenido ya que la copia original de Brando tení­a que tener una duración de sólo una hora y media. Una partitura tenue y misteriosa sirve, en general, para remendar las hechuras de un filme, y esta pelí­cula constituye un ejemplo clásico.
El rostro impenetrable es desigual en su narración, debido seguramente al montaje riguroso, aunque revela también una cierta dicotomí­a en el estilo de dirección: por un lado, es dura y realista, y, por el otro, dulcemente romántica. La pelí­cula tiene emoción y violencia, pero también es melancólica, sensual y, en ocasiones, sadomasoquista, por lo que es difí­cil no interpretar todo esto en el plano personal, como si fuera un reflejo del propio Brando, precisamente porque la complacencia que se detecta hacia los actores, con sus primeros planos seguidos de tomas lentas y prolongadas, sólo puede provenir de un director que es al mismo tiempo actor.

El filme de Brando, es, en su mayor parte, la historia de una venganza. La pelí­cula empieza cuando vemos a dos bandidos americanos cometiendo sus fechorí­as en México, Rio (Brando), un joven despreocupado que se comporta como si fuera un Casanova, y Dad Longworth (Karl Malden), un hombre más viejo que ya está deseando poner fin a sus correrí­as e instalarse definitivamente en algún lugar. Normalmente se dedican a robar bancos con relativa facilidad y pasan su tiempo de ocio bebiendo o cortejando mujeres, en especial Rio, que tiene debilidad por las jóvenes aristocráticas: a todas y cada una les regala lo más “precioso” que posee, el anillo de boda de su madre. Pero estas frivolidades precipitarán su caí­da.

La policí­a montada localiza a los dos malhechores y casi consigue echarles el guante cuando están más “ocupados” en sus actividades sexuales, aunque Rio y Dad -éste sin zapatos- logran salir disparando hasta alcanzar sus caballos. Entonces la policí­a les persigue hasta el desierto, hasta que los acorralan, uno de los caballos de los bandidos muere de un disparo y Rí­o y Dad deben lanzar una moneda al aire para ver quién se queda y quién se marcha. Gana Dad, recoge todo el dinero robado en los atracos y promete volver pronto con otro caballo para salvar a Rio, pero en cuanto llega a un rancho cambia su caballo por otro más fresco y se dirige a la frontera, abandonando a Rí­o a su suerte. Detienen entonces a Rio, y pasa cinco años -desde 1880 hasta 1885- en la Prisión Federal de Sonora hasta el momento en que consigue escapar en compañí­a de un amigo llamado Modesto (Larry Duran).

El amargado Rio es ahora un hombre que sólo piensa en la venganza. Finalmente descubre el paradero de Dad Longworth, que vive ahora en Monterrey (California), es el sheriff del pueblo, y se ha casado con una mexicana, Maria (Katy Jurado), la cual tiene una hija adolescente, Louisa (Pina Pellicer). Rio se dirige a la casa de Dad y tan pronto éste le reconoce se prepara para enfrentarse con él.

El problema de El rostro impenetrable, que en muchos aspectos es un filme hermoso y entretenido, fue que su proceso de producción estuvo permanentemente salpicado de dificultades que dieron la causa de un enorme dispendio económico, lo que cortó de raí­z la posible carrera de Brando como director.

El rostro impenetrable establece seguramente un récord en lo referente a los perí­odos de gestación de las pelí­culas de Hollywood, lo que sin duda es cierto si nos referimos a los westerns. La idea inicial del filme se forjó en un encuentro entre el productor Frank P. Rosenberg y el novelista Charles Neider en el verano de 1957. Neider acababa de publicar “The Authentic Death of Hendry Jones” y accedió a vender los derechos cinematográficos a Rosenberg, pensando ambos que Marlon Brando serí­a perfecto para el papel protagonista, aunque sin tener mucha fe en que el actor pudiera estar interesado en ello. El primer borrador del guión estuvo listo en abril de 1958 y Rosenberg le envió una copia a Brando, creyendo que pasarí­an meses antes de tener una respuesta, pero, por el contrario, sólo tres dí­as más tarde recibió una entusiasta llamada del actor que incluí­a sus habituales sugerencias de cambios en el guión, los cuales iban a demorar ocho meses el proceso de producción.

Por otra parte, se contrató a Stanley Kubrick -a quien Brando admiraba por sus dos primeras pelí­culas como director-, pero muy pronto actor y director empezaron a mostrar sus desavenencias y discrepancias sobre los personajes, por lo que, después de varias semanas de discusiones continuas, Kubrick pidió la rescisión del contrato. Entonces Brando le sugirió a Rosenberg que él podí­a protagonizar la pelí­cula a la vez que dirigirla, idea que no entusiasmó al productor, ya que estaba convencido de que a esas alturas el proyecto habí­a alcanzado tales dimensiones que podí­a representar un desafí­o incluso para un director experimentado. No obstante, teniendo en cuenta la cantidad de dinero que se habí­a gastado y que la Paramount estaba resoplando impaciente a sus espaldas, Rosenberg aceptó a Brando como director, y el roclaje comenzó finalmente el 2 de diciembre de 1958.

El productor Rosenberg recuerda su experiencia de trabajo conjunto con Brando: “Verificaba y ponderaba con sumo cuidado la ubicación y montaje de cada una de las cámaras, mientras los 120 miembros del equipo estaban esparcidos por el suelo cual tropas derrotadas en una batalla… Cada frase que los actores tení­an que decir, así­ como cada botón o pieza de vestuario, recababa la concentrada atención de Brando hasta que éste se sentí­a plenamente satisfecho.

El rodaje de El rostro impenetrable tardó seis meses, en vez de los sesenta dí­as que se habí­an planeado en un principio, y acabó definitivamente el 2 de junio de 1959, aunque posteriormente se tuvo que dedicar otro dí­a -el 14 de octubre de 1960- a rodar otro final. En Hollywood el tiempo y los medios materiales son costosos, y Brando utilizó ambos sin ningún tipo de limitación, sin escatimar esfuerzos para conseguir que cada escena resultara exactamente como él querí­a. Rodó más de 300.000 metros de pelí­cula, lo que suponí­a otro nuevo récord mundial, de los cuales se aprovecharon unos 80.000 (al objeto de comparar, téngase en cuenta que el promedio de metraje de una pelí­cula importante es de unos 50.000, de los que se utilizan más o menos 12.000 metros del copión o planos originales). El rostro impenetrable tení­a una duración de cuatro horas y cuarenta y dos minutos…”.

Rosenberg y los encargados del montaje se pasaron meses haciendo cortes hasta reducir el filme a las dos horas y veintiún minutos, lo que, según su opinión, se hizo sin alterar la lí­nea argumental central. Más adelante, después de un largo perí­odo de post-producción, la pelí­cula se estrenó en marzo de 1961; para entonces Brando ya habí­a protagonizado y estrenado un nuevo trabajo: Piel de serpiente.

Presupuestada inicialmente en 1.800.000 dólares, la Paramount declaró que el coste final de El rostro impenetrable se acercó a los 6.000.000 de dólares, pero nunca sabremos qué porción de esta cantidad fue anotada en la partida de gastos generales del estudio. Sin embargo, la afirmación de que la pelí­cula no reportó beneficio económico alguno es de lo más verosí­mil.

Con el paso de los años, Brando ha hecho algunos comentarios acerca del filme, y se ha limitado a confesar que para él aquélla fue una experiencia bastante molesta y que se sintió disgustado por no haber podido hacer él mismo el montaje. Pero cuando el filme se estrenó, dio a conocer públicamente su insatisfacción, ya que, entre otras cosas, se le habí­a persuadido de que se cambiara el final, lo que provocó un dí­a más de rodaje después de que hubiera pasado más de un año desde que el resto se rodara. En la versión de Brando, la chica mexicana, Louisa, muere en el duelo final entre Rio y Longworth, cosa que la Paramount consideró demasiado pesimista, por lo que presionó para que el final fuera algo más suave.

De todas formas, a pesar de todos los problemas referentes a l producción y a su relativo fracaso de taquilla, El rostro impenetrable -un tí­tulo que hace referencia a la duplicidad del hombre- de Brando no es una pelí­cula para rechazar u olvidar, ya que persiste en nuestra mente debido sobre todo a la belleza visual y a la intensidad de algunas escenas, en especial aquellas en que intervienen Brando y Malden, dos astutos actores que actúan juntos mostrando la habilidad del jugador de ajedrez. Se podrí­a decir que la pelí­cula se parece bastante al hombre que la dirigió y que ambos son extrañamente convincentes.








 





 


 


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina