Director: Robert Aldrich. 1961. EE.UU. Color
Intérpretes: Rock Hudson (Dana Stribling), Kirk Douglas (Brendan “Bren” O’Malley, Dorothy Malone (Belle Breckenridge), Joseph Cotton (John Beckenbridge), Carol Linley (Melissa “Missy” Breckenridge)
Brendan O’Malley, un antiguo pistolero, llega a México para encontrar a su antiguo amor Belle Breckenridge casada con un borracho, mientras se prepara para conducir un rebaño a Texas. Tras los pasos de O’Malley va Dana Stribling, un vengativo sheriff que tiene motivaciones personales para devolverlo a su jurisdicción. Ambos se unen en el viaje a Breckenridge y su esposa. La tensión irá aumentando a medida que Stribling comience a cortejar a Belle y O’Malley a su hija Missy.

Excelente -aunque inmerecidamente poco reconocido en su momento-, western repleto de odios y venganzas personales, que toca temas tan controvertidos como el incesto.
A raíz de un esplendido guión de Dalton Trumbo, la historia nos presenta a dos personajes diametralmente opuestos entre sí, pero que debido a sus ambiciones, se necesitan mutuamente.
El galán Rock Hudson -muy alejado de las comedias que le hicieran célebre-, sorprende aquí a todos, en el papel del duro y honesto sheriff que ha de cumplir su cometido al precio que sea.
Junto a él un magistral -¿hay alguna película en la que no lo sea?- Kirk Douglas, es su oponente, un atormentado pistolero con una peculiar aficion a la poesía, que vuelve del pasado para reencontrarse con un antiguo amor.
Junto a la presencia de la bella Dorothy Malone, el espléndido -ya otoñal Joseph Cotten-, y los destacables Jack Elam y Neville Brand, este western nos ofrece una desgarradora historia que -sobre todo aquellos que sean aficionados a este género-, no les decepcionará.
Un poema por un trago de whiskey por Monte Ruiz
Una historia de Dalton Trumbo, situada en la frontera entre México y EE.UU., impregnada por el pasado y poblada de personajes fieles a sí mismos.
Algunos de los filmes más hermosos que he visto son westerns, y este es uno de ellos.
Esta historia de un pistolero-poeta (Kirk Douglas), que huye de un Sheriff vengativo (Rock Hudson) rumbo hacia un amor del pasado (Dorothy Malone), sin ser una obra maestra tiene una serie de momentos y situaciones que construyen una narración intensa, bella.
Y hay unas cuantas escenas que resumen en este western tardío todo el trayecto anterior del género.
Una de ellas se produce cuando Dana Andrews -el marido borracho de Dorothy Malone-, en una taberna ha de defender su dignidad como ex-soldado confederado o aceptar su cobardía. En un instante somos participes de todo el dolor que experimenta ese hombre destrozado por su secreto. Por supuesto acaba muriendo.
Poco después O’Malley (el pistolero-poeta) intenta transmitir una visión romántica del muerto a su hija, su madre replica.
Dorothy Malone: Mi marido fue un hombre incapaz de pelearse.
Kirk Douglas: Esa era su mayor virtud.
Otra de las escenas fundamentales ocurre en el último tercio del filme, una imagen surge como una visión para O’Malley es Melissa, la hija de Belle (Dorothy Malone), que reconstruye otra imagen que se produjo dieciseis años antes, cuando la madre llevaba el vestido amarillo que ahora luce la hija. Poco antes Kirk Douglas había dicho a Belle:
-Todos los días te recordaré igual que la última noche.
La situación refleja perfectamente un maravilloso viaje en el tiempo, que acaba bruscamente interrumpido por el cambio de guardia.
Es ejemplar el personaje del pistolero que vende poemas por tragos de whiskey cuando se emborracha, llega a decir al sheriff perseguidor:
-Me pagó usted alguno. Y con el discurrir del filme la relación entre ambos se transforma hasta llevar al Sheriff a declarar:
-No se puede odiar a quien conoces.
Y no sólo cambia entre Douglas y Hudson, sino entre Douglas y Malone, entre
Hudson y Malone, entre Douglas y Melissa…
¿Es posible revivir los sueños?
Por un momento parece que sí, y es lo que le pasa a O’Malley, pero cuando cree haber recuperado el tiempo perdido, la película gira completamente. Melissa resulta ser la hija de O’Malley, y el amor recuperado vuelve a esfumarse, ¿cómo resolver esa situación en los sesenta?
Aunque el sheriff ya había declarado no odiar al pistolero, no tiene más remedio que matarlo, el pistolero se inmola.
Ahí está la quiebra del filme, sin embargo, no contradice su belleza.