LA CALUMNIA (The Children’s Hour

Director: William Wyler. 1961. EE.UU. B/N

Intérpretes: Audrey Hepburn (Karen Wright), Shirley MacLaine (Martha Dobie), James Garner (Dr. Joe Cardin), Miriam Hopkins (Mrs. Lily Mortar), Fay Bainter Mrs. Amelia Tilford), Karen Balkin (Mary Tilford)



Hablar del amor es una de las tareas más difíciles de cuantas cualquier escritor se pueda plantear delante de unos fríos folios en blanco, o ante una vacía pantalla de ordenador… Inevitablemente el ser humano tiende en esos instantes, en que los dedos se deslizan ante el teclado, o cuando la pluma mancha el inmaculado folio, a plasmar parte de sus vivencias, parte de sus sentimientos o tal vez, los mismos sentimientos que él hubiera querido vivir, reflejándolo en otras personas a las que él le hubiera gustado amar… Eso es así y nadie puede discutírmelo, porque así ha sido a lo largo de la historia, y así seguirá siendo… Simplemente yo no enjuicio ni el sentimiento más bello del mundo, ni quiero mezclarlo con un filme de más o menos calidad, yo lo único que pretendo es trasmitir “mi opinión”, deshojarla lentamente, y unirlo a la sinfonía de blancos y negros, o al eterno atardecer de mi Tara personal que es este “mi cine-paraíso”. Si los humanos somos en ocasiones raíces de este campo nuestro, yo lo que quiero intentar, es que de sus arenas yermas pueda salir una flor, no importa su color o condición, solo la belleza y el aroma de la propia flor…

La calumnia de William Wyler puede ser un claro ejemplo de cómo puede hablarse de amor. Es cine clásico autentico, es un filme que presenta los sentimientos humanos más básicos, el amor, la mentira, la compasión, la misericordia, el odio, el rencor. Todos hemos sido amados, hemos amado, hemos mentido y nos han mentido. Hemos perdonado y guardado rencor hacia alguien que nos ha lastimado, al final siempre son como caminos serpenteados, en cuyas laderas vamos dejando lo esencial del ser humano… ¡vivir!

A veces el amor cambia el color, y nos deja verlo de mil formas… En la vida de todos siempre aparece… En ocasiones de forma brutal, otras peligrosa y arriesgada… En muchas de forma tenue, dúctil, pero silencioso y así es como yo lo veo en este lienzo espléndido que es La calumnia.


Karen (Audrey Hepburn) y Martha (Shirley MacLaine). Amigas de la infancia Cumplieron su sueño de tener su Institución de enseñanza para niñas de clase media alta. Juntas llevaban la ardua tarea de formar jovencitas en su enseñanza primaria: Francés, educación física, literatura, piano, protocolo y modales…

Karen es mujer dócil, suave, bondadosa y disciplinada, enamorada del Dr. Joe Cardin (James Garner). Martha es una mujer de carácter fuerte, algo estricta. Uno pensaría que es una mujer dura y distante, pero Martha es uno de los seres más frágiles que existen. Ambas tenían una vida ordenada y tranquila.

En la institución hay una niña, Mary, quién atormenta psicológica y físicamente a una compañera, se siente amenazada cuando su compañera decide denunciar sus abusos ante Karen y Martha, quienes ya han tenido problemas anteriormente con ella.


Karen y Martha llevan a Mary y su compañera a la casa de la abuela de Mary con el fin de arbitrar los medios para regularizar la situación. Es aquí dónde comienza la gran pesadilla de Karen y Martha. Cuando llegan a la casa de la señora Amelia Tilford (Fay Bainter). Se encuentran con una señora de edad distinguida y aristocrática que siente un profundo amor hacia su única nieta, la cual acusa a las maestras de la institución de tener una relación amorosa lésbica, contando como observó de la forma en que se amaban en la intimidad.



La historia se remonta a los años 30 en dónde la homosexualidad no solamente estaba condenada moralmente, si no que también estaba penada en algunos estados norteamericanos en donde transcurre la historia, así mismo, no era lo mismo que una relación homosexual entre dos hombres que en dos mujeres, este último caso era peor visto y más cuando las involucradas eran maestras de una Institución de Enseñanza.

Hay un juicio en el filme en el que ambas quedan libres de cualquier cargo, pero la duda queda flotando como ave de rapiña y se instala en todos.

Al final, Karen vuelve a la casa con el fin de hablar con Martha confiando en que esta estaba más calmada, pero se encuentra con que se había suicidado, ahorcándose.

Karen camina mirando al infinito, mientras pasa junto a la Sra. Tiford quién alguna vez la denunció de actos obscenos, de Joe quién fue su novio y deja atrás las miradas de los que fueron participes de su ruina total y la de Martha, pero estaba dispuesta a dejar todo y se va del pueblo dejando a todos sumergidos en la humillación de ser los propios asesinos y los únicos culpables del acto final de Martha.




Todos hemos amado, hemos mentido y nos han mentido, hemos guardado rencor y hemos perdonado. Nadie está exento de los sentimientos humanos más primarios, pero…

Una mentira puede acabar con todo, incluso con la vida de quienes son engañados, y lo que es mas irracional todavía, que la infamia, el odio y la maldad puedan encubrirse en la piel de un niño, en los actos que dentro de la falsa inocencia hacen pedazos la vida de otros seres humanos, en sentirnos amados cuando la verdad es que nos mienten, en alzar un monumento al olvido, cuando sabemos que nunca podremos olvidar, o extrañaros del comportamiento de otras vidas, por el simple hecho de que no está dentro de unas normas establecidas, como el caso de Karen y Martha. Nadie está exento del blanco cruel, porque la mentira puede presentarse de mil formas, intentando sin conseguirlo destruir la vida de quien en otra ocasión amó desmesuradamente su pútrido sonido.

William Wyler, quien trabajó varias veces con la inolvidable Audrey, supo capturar la feminidad de la actriz, su elegancia innata y distinción, en cambio a Shirley MacLaine, le dio un giro más masculino, logrando recrear así un clima tenso con pequeños detalles que sumergen al espectador en una indignación absoluta… .Ambas se atropellan, se asfixian y van caminando con lentitud entre un mar de dolor, entre las nieblas y espinas de verse humilladas, desprotegidas y cruelmente crucificadas por el aspecto de un ángel, sin posible solución. Resulta en ocasiones tragedia helenística, de tintes freudianos, para desembocar en un apocalíptico cuadro en donde la muerte nos anuncia el comienzo de la búsqueda hacia si mismo.

La vida avanza inexorablemente como el río arrastrando al ser humano con su corriente. El hombre con su equilibrio ha de intentar afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, mala o buena, podríamos decir que la vida… ¡ES! La vida es posible que parezca dura a los fracasados, a los calumniados, a los deprimidos, porque en lugar de afrontar los obstáculos se sientan a lamentar. Una y otra vez repiten los mismos errores sin llegar a pensar cómo evitarlos, por lo que el círculo se cierra, fracasando de nuevo. Para luchar se necesita saber como es el adversario, si no lo haces has perdido la batalla de antemano. Si eres fuerte tienes mucho ganado… Pero ¿es igual cuando el enemigo es una dulce niña?… Entonces el interior puede alcanzar el equilibrio y es difícil que llegado el fracaso nos afecte porque nos encontraremos ante un adversario contra el que podremos combatir todavía si cabe más fuerte… Pero esta vez el ángel no lleva alas, por eso el vuelo de Martha fue imposible.



Lillian Hellman escribió está obra en los años 30, pero debido a la censura y al código Hays nunca pudo llevar a cine en su guión original; la primera versión de esta obra era mucho más “light”. En el año 1961, es llevada al cine en su historia original y adaptada por la misma Hellman, que supo darle verdadero sentido a esta historia.

En el estreno de este filme, los anuncios en las carteleras decían: “Audrey Hepburn y Shirley MacLaine acusadas de lesbianismo”. Esto aseguró un éxito de taquilla.

No he conocido sociedad mas extraña que la norteamericana, son el centro del mundo en muchos aspectos y realmente en cuestiones de sexo, los mas críticos, censores, inquisidores y brutales en todos sentidos, siendo los mayores consumidores de las cuatro direcciones del sentimiento humano; heterosexual, homosexual, bisexual y trisexual, con ansia ciega del buscador de agua en tierras desérticas, o abrasándose con el fuego que intenta destruir el hielo de la Antártida… No se podría encontrar una sociedad igual, ni creo que exista, en cambio, tanto en cine, en teatro, como en literatura, se dan el mayor numero de autores y directores que tocan los temas mas candentes del ser humano con maestría y de la única forma que se puede analizar, desde la perspectiva del sentimiento vivido. Es bueno ser nuestro propio censor, es aconsejable, pero no podemos estar ciegos ante la única verdad que nos mueve… ¡El amor! y casualmente en La calumnia nos lo presenta como un autentico canto de angustia, dentro del propio desamor.

A veces no hace falta decir lo que sentimos a la persona que amamos, simplemente el roce de una mano, el brillo de la mirada, el silencio que nos envuelve cuando estamos juntos… A veces el amor nos tiende su mano y nos despliega todos los colores de su poder. Dentro de ese arco iris mágico, reside parte del sentimiento de Martha y también en él, brilla el que comienza a nacer en Karen cuando abandona el pueblo y a sus moradores… Es hermoso bañarse en las tonalidades de la luz, y es gratificante que el más viejo sentimiento del mundo nos devuelva la razón de la vida y por lo único que realmente merece la pena vivir.

William Wyler demostró una vez más conocer profundamente el sentimiento humano, nos acerca en su sinfonía de blancos y negros al interior del alma femenina, nos aparca al hombre hacia un lado, y nos enseña a comprender, admirar y recordar que existimos, de la única manera que el maestro conocía, haciendo cine de forma magistral. Si esta vez no tuvo a Bette Davis para realzar el lienzo, ni grandes presupuestos de los estudios para plasmar la más grande carrera de cuadrigas de la historia del cine, o a la inolvidable Olivia de Havilland sorda a los gritos de un espléndido Monty Clift, tuvo a mi Eliza Dolittle-Audre Hepburn para goce y deleite del espectador y a mi Dulce Geisha-Shirley MacLaine, como contrapunto al drama que las envuelve, manchando el lienzo con trazos de una relación mas allá de lo que el mismo cuadro representa…




Ambas, como no podría ser menos: ¡Espléndidas!

Es lamentable que en algún lugar del universo, en alguna parte de la galaxia, esperen los nombres de las glorias del cine, para volver a brillar, porque ante la tensa espera de esa segunda aparición, nos queda el silencio de la secuencia perdida, la sonrisa de un rostro perfecto, o el hermoso recuerdo de que antes se hacíaa un cine sostenido en autenticas columnas salomónicas… Y realmente nada me causó mayor asombro en mi visita a Roma, que la fortaleza y belleza de las columnas que sujetan el templo de la cristiandad.



El sexo es otro juego para los niños

La calumnia es una de las mejores obras teatrales de la escritora norteamericana Lillian Hellman, compañera del novelista Dashiell Hammett y autora de la colección de relatos autobiográficos “Pentimento”, en uno de los cuales está basada la magnífica película de Fred Zinnemann Julia con Jane Fonda y Vanessa Redgrave, y de Tiempo de canallas, tal vez la mejor y más cercana aproximación a la caza de brujas del senador Macarthy en Hollywood. Destacó también como guionista en películas como La loba, sobre su obra “The Little Foxes”, y La jauría humana de Arthur Penn, sobre la novela de Horton Foote. La calumnia fue llevada dos veces al cine por William Wyler, la primera, titulada Esos tres, con notables modificaciones sobre el texto original para ajustarse a las radicales medidas de censura del “Código Hays”, y la segunda, que fue interpretada por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, ajustándose con mayor rigor a la obra.

Como muy bien se ve en La calumnia, Lillian Hellman fue, además de una gran escritora, una mujer valiente que afrontaba los problemas de su entorno sin temor a las reacciones de una sociedad hipócrita. En esta obra Hellman se adelantó a su tiempo poniendo sobre el tapete el tema entonces tabú de la homosexualidad femenina y abordándolo además a partir de la original perspectiva del daño social producido por una mentira maliciosa. La obra está magníficamente estructurada en un “crescendo” dramático que arranca desde las primeras palabras que se oyen en escena y que avanza sin desmayo hasta el dramático desenlace. La autora se esmeró especialmente en la creación de unos diálogos de gran belleza formal, que hemos pretendido conservar íntegramente en su adaptación castellana. Los siete personajes que desfilan por el escenario tienen entidad dramática propia y revelan sus distintas mentalidades al enfrentarse con el conflicto central de la historia.

La calumnia es una original historia de intensa amistad de dos mujeres que llevan toda su vida conviviendo en un proyecto común de vida, en el ejercicio entusiasta de una profesión tan noble como la enseñanza, pero es también un relato de amor triangular en el que los silencios y los gestos reflejan el miedo de los protagonistas a hablar en voz alta de sus sentimientos. En el mundo de hoy algunos de los temas que se plantean en la función han sido superados por la mayor libertad en las costumbres. Pero el temor a la diferencia, la culpa que provocan los sentimientos que no acaban de reconocerse, las duras repercusiones de una calumnia, permanecen con creciente actualidad en un momento en que la canalización de estos asuntos puede hacer creer que sus verdaderas aristas han desaparecido.

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