Director: Delbert Mann. 1961. EE. UU. Color
Intérpretes: Rock Hudson, Doris Day, Tony Randall, Edie Adams, Jack Oakie, Jack Kruschen, Ann B. Davis, Joe Flynn

Jerry Webster dirige la agencia de publicidad de Ramsey, un hombre algo inquieto que no es capaz de tomar una decisión. Jerry consigue la cuenta de anuncios del potentado Paxton Miller, haciéndole perder la cabeza con whisky y con los encantos de una bella bailarina, a la que promete el estrellato televisivo.

Dirigido por Delbert Man, el filme forma parte del trío de comedias protagonizadas por por Doris Day y Rock Hudson, junto a Confidencias a medianoche (1959) y No me mandes flores (1964).
La acción tiene lugar en NY en 1961, a lo largo de unos meses. Narra la historia de Carol Templeton (Doris Day), ejecutiva de una empresa de publicidad, eficiente, ingenua, trabajadora, honesta y decidida. La competencia la enfrenta a Jerry Weber (R. Hudson), director de la agencia de publicidad Ramsey, poco diligente y nada escrupuloso, que seduce a sus clientes con alcohol y fiestas privadas con bailarinas. El jefe de Jerry es Peter Ramsey (Tony Curtis), acomplejado, confuso e incapaz de tomar decisiones.
La película es un cuento moderno de enredos, confusiones y malentendidos, construido con ingenio y humor. Se desarrolla como una “screwball”, que busca obtener una recaudación de récord. Es interesante la documentación que aporta sobre el mundo neoyorquino de los negocios en los primeros 60, las costumbres de los ejecutivos, los métodos de captación y fidelización de clientes y la localización de la acción en la avenida Madison (5ª Avenida), epicentro de los negocios de publicidad. Aporta documentación sobre la decoración de interiores, la moda del vestir, la tipología de coches y otros aspectos. Da testimonio de la evolución del lenguaje y del léxico, que en el doblaje al español afecta a palabras como apartamiento, hoy en desuso. El título en español responde al nombre de un postre de moda en aquellos momentos, el pijama, cuyos ingredientes eran melocotón en almíbar, rodajas de piña en conserva, nata, flan, helado de vainilla y guindas. Se decía que su ingestión provocaba sueño, por lo que era aconsejable ponerse el pijama para dormir la siesta. La escena del acuario se ha convertido en una de las más emblemáticas del filme y de la pareja protagonista.
La música, de Frank de Vol, aporta una partitura festiva y colorista, que incluye una canción original, “Lover Come Back”, a cargo de Doris Day. Añade otras como “Comptown Races”, “Dixie’s Land” (en la sala de fiestas) y “Should I Surrender”, que canta Doris Day en el fondo musical. La fotografía, de Arthur E. Arling, realza la expresión corporal en general y la facial de Day, como elemento generador de comicidad. El guión construye una historia sencilla, efectista, de fácil lectura, hilarante y gratificante. La interpretación de Day, la virtuosa novia de América, y las de Hudson y Randall son adecuadas y correctas. La dirección crea una obra que alcanzó sus objetivos de entretener y ser un blockbuster. Conserva gran parte de su atractivo, aunque acusa los efectos del paso del tiempo. El exotismo de la mujer que trabaja como un hombre dejó de ser cómica hace tiempo.
