UNO, DOS, TRES (One, Two, Three)

Película estrenada entre 1961

Director: Billy Wilder. 1961. EE.UU. B/N

Intérpretes: James Cagney, Horst Buchholz, Pamela Tiffin, Arlene Francis


C.R. MacNamara, representante de ua multinacional de refrescos en Berlí­n Occidental, acaricia desde hace tiempo la idea de introducir su marca en la URSS. Sin embargo, el señor Hazeltine le encarga cuidar de su hija Scarlett, que llega a Berlí­n esa misma tarde. Se trata de una alocada joven que, a los dieciocho años, ya ha estado prometida en cuatro ocasiones. Scarlett, eludiendo la vigilancia de MacNamara, se enamora de Otto Piffl, un joven comunista.

Frenética y tópica sátira de la relación entre Oriente y Occidente, en la que los protagonistas intercambian chistes, un poco ya rancios…






La Kremlin Cola

Billy Wilder decí­a que sólo habí­a dos clases de personas: las que hací­an TODO por dinero y las que hací­an CASI todo por dinero… Uno, dos, tres es la mejor reunión de estos especí­menes en toda la filmografí­a del cáustico director. Sincopada, impetuosa, y descocada sátira polí­tica, que no deja tí­tere con cabeza en esa “guerra frí­a” que caldeaba el mundo. Para eso se sirve de la memorable interpretación de James Cagney, enérgico y chillón, representante de ese capitalismo (es directivo de la Coca Cola) maquiavélico que escoltado por un catálogo de personajes inolvidables: desde una exuberante y explosiva secretarí­a llena de curvas y ritmo hasta un militarizado chofer de “dudoso” pasado nazi, a una esposa tan consentidora como irónica, va a cruzar hacia el Oeste en esa ciudad dividida que es Berlí­n. Este y Oeste se ven las caras, no de un modo dramático, sino a ritmo de unos diálogos endiabladamente rápidos y, quizás, más inspirados que nunca. Capitalistas y comunistas en un farsa punzante que se cose sin suturas a una historia de amor entre la hija del presidente de la Coca Cola, una encantadora y descerebrada Pamela Tiffin, y Otto, un comunista lleno de retórica y libros en permanente pulso con ese capitalismo que derrumbará todos los muros y terminará incluso por “ennoblecerlo”. La visión que ofrece Wilder no puede ser más vitriólica. En una de las secuencias el camarada Otto se pregunta si no queda gente buena en todo el mundo; la respuesta del comisario comunista no puede ser más breve y feroz: “No sé. No conozco a todo el mundo”. Una delicia a disfrutar que va ganando con el paso de los años.

Los que asocien el cine polí­tico con serias y complicadas tramas con espí­as y conspiraciones de fondo, deberí­an echar un vistazo a la que pasa por ser la mejor pelí­cula de Billy Wilder (cuando un director tiene tantas obras maestras en su haber, es complicado elegir la mejor), pues con su retrato del Berlin dividido, las relaciones mercantiles de Estados Unidos con los Soviéticos en plena guerra frí­a, y el choque de mentalidad comunista y capitalista, logra que nos queden mas claros después de ver esta pelí­cula, pero al mismo tiempo logrando algo que parece imposible de hacer cuando se tocan temas tan complicados en la época en que se rodó: no parar de reí­r desde el principio hasta su ultimo y genial plano final.


 


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina