EL CABO DEL TERROR (Cape Fear)

Película estrenada entre 1962

Director: Jack Lee Thompson. 1962. EE.UU. B/N

Intérpretes; Gregary Peck, Robert Mitchum, Polly Bergen, Lori Martin, Martin Balsam, Telly Savalas, Barrie Chase, Jack Kruschen

Sam Bowden es un abogado de una pequeña ciudad pero su tranquila vida se torna en pesadilla cuando un criminal al que ayudó a encarcelar, Max Cady -hombre violento y vengativo-, vuelve para acechar a su mujer y su hija adolescente. A pesar de la ayuda que le ofrecen el jefe de la policía local, Sam se encuentra legalmente impotente para lograr que Max se aleje de su familia.

Si a mediados de los años 50 William Wyler conseguía que una familia, asumiendo el papel que correspondería a los agentes de la ley, se enfrentase con éxito a un trío de ex convictos en 37 horas desesperadas (19559, a comienzos de la década de los 60 Jack Lee Thompson vuelve a efectuar una variación sobre el mismo tema para describir, en mitad del clima optimista generado por la llegada de Kennedy al poder, los peligros que acechan a la célula familiar norteamericana y los métodos de defensa contra ellos.

Todo presidido por la fisicidad de las imágenes y donde se utiliza a veces, como figura retórica, la apertura de los planos para dejar entrar en ellos la presencia amenazadora de lo extraño. Un elemento foráneo contra el que, a pesar de que los tiempos comenzaban a cambiar, parece que aún había que defenderse de cualquier manera, incluso, parece sugerir la película, saltándose las propias leyes por parte de un abogado.



Magnífico “thriller” psicológico dirigido de manera magistral por el irregular y prolífico J. Lee Thompson, que con este perturbador filme de venganza y suspense empapado de tenue sexualidad consigue su mejor trabajo.

Gregory Peck y Robert Mitchum están espléndidos, especialmente este último, que se luce en el papel de sádico resentido.

Max Cady (Mitchum), ha quedado en libertad tras seis años encerrado en una prisión por un intento de violación.

Cady regresa a la pequeña villa en donde reside el abogado Sam Bowden (Gregory Peck), la persona que lo ha llevado a la cárcel y la persona de quien quiere vengarse, amenazando continuamente a su familia, especialmente a su hija adolescente (Lori Martin).

Una película repleta de máxima tensión, excelentemente realizada y musicada (con una gran partitura del maestro Bernard Herrmann) que alcanza una sobresaliente atmósfera de intriga (la secuencia de la salida de la niña colegio es asombrosa) culminada por un excitante clímax.

La penetrante actuación de Mitchum iguala o incluso supera su genial creación de La noche del cazador (1955, Charles Laughton).


Película altamente recomendable para todos aquellos que no se conforman con las versiones modernas y los “readaptaciones” de clásicos que hoy parecen semiolvidados y sin embargo son mejor, como casi siempre, que la mera fotocopia. Y eso que hay que reconocer que la película se desinfla en la parte final, y lo que podía haber sido una de esas joyas del “thriller” con mayúsculas se queda en una muy buena película, pero con un poco de sabor agridulce.

Y esto es curioso porque es precisamente J. Lee Thompson un director especialista en el cine de acción y sin embargo es donde más flojea esta cinta. La tensión y el buen cine se consigue en esta película mucho más en los diálogos y primera parte más psicológica que en el último tercio cuando llegan al cabo donde la cosa no termina de funcionar del todo, aunque tiene escenas magníficas como Mitchum hablando con Polly Bergen de gran carga sexual.

La versión de Scorsese (1991, El cabo del terror) es muy buena, claro que sí, incluso en muchos instantes mejor que ésta, de eso no cabe duda, pero es y será un “remake” y eso es ya partir con un punto en contra. Scorsese se beneficia porque la historia precisamente obliga a que se muestre una gran tensión erótica y de crueldad y es más fácil de conseguir ahora que antes por la censura. Y eso que esta lo tiene, quien haya visto la versión íntegra podrá comprender que es una película atrevida para tratarse del año 1962 en EE.UU. y realmente parece más de finales de la década o de los años 60 ya que está muy por encima de lo que se ofrecía por aquel entonces. Y si no recuerden a Lori Martin en pantalón de deporte en la cubierta del yate.

La música de Bernard Herrmann estupenda. Lástima que no suene más como hacen ahora las películas de adolescentes que no saben estar un plano sin música y eso que suelen ser temas horribles. Pero lo mejor es sin lugar a dudas el guión, toda la historia que aún siendo simple demuestra por enésima vez que la buena literatura será y seguirá siendo el principal baluarte para que un guión de una película pueda ser cualificado. Leer la novela de John D. MacDonald.

La fotografía de Sam Leavitt, recuerdan a esas películas de cine político (conversación de Peck y Mitchum en el bar) en las que durante años trabajó con Otto Preminger o Stanley Kramer.

La primera versión de la novela de John D. McDonald es un melodrama de suspense: un psicópata sale de prisión tras haber cumplido condena de ocho años por violación y acude al pueblo donde vive quien fue testigo de su delito, un abogado, con el propósito de arruinar su vida. Al no conseguir la ayuda de la policía, el abogado se verá obligado a enfrentar en solitario a su torturador.

Se trata de la mejor película del normalmente mediocre J. Lee Thompson (1914-2002), un director que en el último tramo de su carrera se dedicó a rodar chorradas de acción al servicio de un sexagenario Charles Bronson. Thompson -autor de otra película muy popular, pero fallida, Los cañones de Navarone (1961)- se puso al servicio de esta historia asumiendo el estilo clásico del género, y logrando que la tensión poco a poco desemboque en terror, gracias en buena medida al trabajo de composición (éste sí) de un magistral Robert Mitchum, quien parece haber corregido los tics que desplegó en La noche del cazador. Gregory Peck, por su parte, cumple bien, como siempre.

El ritmo de la película no decae en ningún momento, a lo que contribuye, sin duda, la memorable partitura del maestro Bernard Herrmann, la cual termina convirtiéndose en un protagonista fundamental en ese viaje de terror y desesperación al que llega el espectador.

Gregory Peck tiene una contenida expresividad y podemos creernos su angustia de lo que está viviendo; aunque acaso Nick Nolte le gana en la comparativa. Telly Savalas como siempre muy convincente y con papeles a su medida, nada de experimentos raros.

Robert Mitchum es un grandísimo actor y hace uno de sus papeles de malo más recordado. Es superior incluso a Robert De Niro en el remake de 1991 de Martin Scorsese.
Thompson utilizó un estilo austero y continuamente siniestro en la dirección. No parece que haya un movimiento de más. ningún exceso. Todo es crudo y directo. Las amenaza se mueve por la pantalla como una descarga eléctrica furtiva.

El “remake” -interesante- que Martin Scorsese dirigió en 1991 con Robert De Niro y Nick Nolte no ha creado tanto consenso entre la crítica, sí, en cambio, entre los aficionados.


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