Director: Robert Mulligan. 1962. EE.UU. B/N
Intérpretes: Gregory Peck (Atticus Finch), Mary Badham (Jean Louise “Scout” Finch), Phillip Alford (Jeremy “Jem” Finch), Robert Duvall (Arthur ‘Boo’ Radley)

Una mujer blanca acusa de violación a un hombre negro. Aunque la inocencia del hombre resulta evidente, el resultado del juicio es tan previsible que ningún abogado haría nada para evitarla… excepto Atticus Finch, el ciudadano más respetable de la ciudad. Su compasiva defensa le cuesta muchas amistades, pero le otorga el respeto y la admiración de sus dos hijos, huérfanos de madre.

Robert Mulligan llevó a la pantalla Matar a un Ruiseñor, la novela de Harper Lee merecedora dos años antes del premio Pulitzer. Es una joya del cine; una película cargada de mensaje, donde brillan con fuerza el amor a la verdad y la justicia.
En la trama de la película subyace la diferenciación racial, el racismo. Atticus Finch es un abogado afincado en la ciudad de Alabama de los años 30. Es viudo y padre de dos niños pequeños. A pesar del ambiente xenófobo que se respira en el pueblo, Atticus -un hombre de principios, honrado, auténtico y coherente- decide defender a un joven negro de la acusación de haber violado a una mujer blanca. Simultáneamente a esta historia, los hijos de Atticus -la pequeña Scout, narradora de la historia, y su hermano Jem- investigan a su modo sobre el misterioso Boo Radley (Robert Duvall), un joven enfermo mental que ha vivido encerrado durante años y al que nadie ha visto desde que era pequeño. Todo lo que rodea a Boo está cubierto por una aureola de misterio. A todo esto Atticus va enseñando a la pequeña a no juzgar a la gente por las apariencias… y a tratar a todas las personas por igual. Y finalmente… un gran desenlace, toda una lección.


Matar a un ruiseñor deslumbra por su fotografía en blanco y negro, por las soberbias interpretaciones de la pequeña Mary Badham y del gran Gregory Peck, y por encima de todo por su historia: una lección de humanidad, de justicia social y de amor a la verdad.
La figura de Atticus Finch es “ideal”. Un modelo a seguir, el arquetipo de hombre justo, de buen padre. Que siempre hace lo que cree que debe a pesar de las dificultades, esto es, un hombre coherente. Vamos, que la pequeña Scout puede presumir de padre… Y de hecho en la película, narrada por ella misma, se entrevé que con el tiempo supo descubrir el gran hombre que fue su padre, y al que quizás -por ser una niña- no sabía valorar entonces.
En este filme debutó el gran actor Robert Duvall, el inolvidable abogado Tom Hagen de El padrino.


“Si consigues aprender una sola cosa, Scout, te llevarás mucho mejor con tus semejantes. Nunca llegarás a compremder a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista… Hasta que no logres meterte en su piel y sentirte cómodamente” (Cita de Atticcus a su hijo).