¿TELÉFONO ROJO?, VOLAMOS HACIA MOSCÚ (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bom)

Película estrenada entre 1963-1964

Director: Stanley Kubrick. 1964. G.B. B/N.

Intérpretes: Peter Sellers (Capitán, Lionel Mandrake, Presidente Merkin Muffley, Dr. Strangelove), George C. Scott (General “Buck”Turgidson), Sterling Hayden (General de Brigada Jack D. Ripper), Keenan Wynn (Coronel “Bat” Guano), Slim Pickens (Comandante T.J. “King” Kong), Peter Bull (Embajador de Rusia Alexi de Sadesky)


Laa comedia negra de Stanley Kubrick:la extraordinaria historia de un general americano psicótico que lanza  un ataque nuclear masivo sobre Moscú. El general es Jack D. Ripper (Sterling Hayden), jefe de un escuadrón de bombarderos B-52 portadores de artefactos nucleares, está í­ntimamente convencido de que los rusos están llevando a cabo una sutil y progresiva ofensiva contra los Estados Unidos mediante el envenenamiento del agua potable. En un acceso de locura, y tras dominar a su ayudante, el capitán británico Lionel Mandrake (Peter Sellers), Ripper lanza contra Moscú a todos sus aviones. Enterado el Pentágono de lo sucedido, se reúne inmediatamente el Estado Mayor y su jefe da la orden de apoderarse de la base aérea de Ripper y desplegar todos los dispositivos necesarios para hacer regresar a todos los aviones que cargados de bombas atómicas, se dirigen hacia Moscú. Todas las medidas que se van tomando demuestran, una tras otra, su total ineficacia, ya que los pilotos, una vez recibida la orden de ataque, solo pueden suspenderlo ante determinadas instrucciones dadas en una clave que solamente es conocida por el general Ripper, personaje que ha desaparecido tras la batalla que protagonizaron los paracaidistas enviados por el Estado Mayor para recuperar la base. La intervención de un sabio atómico alemán, el doctor Strangelove (Peter Sellers) hace comprender a todo el Estado Mayor el peligro inminente que corre el mundo entero en caso de que se produzca una contraofensiva rusa. Será entonces cuando el propio Presidente de los Estados Unidos (Peter Sellers) se ponga en contacto con el Premier ruso para advertirle de lo que ocurre. Ante la incredulidad del general Turgidson (George C. Scott), el propio Presidente americano indica a su colega ruso la ruta de los bombarderos, cuya mayor parte pueden ser neutralizados por los rusos. Pero hay uno que, ajeno a cualquier orden y pilotado por un fogoso texano, vuela impertérrito por una ruta desconocida con la idea de lanzar la bomba atómica sobre Moscú.


Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (traducida en españa  como ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú es una pelí­cula satí­rica basada en la novela “Red Alert” de Peter George y con un guión escrito por el siempre sardónico Terry Southern y el mismo Kubrick, la pelí­cula relata la historia del intento de un general demente por iniciar una guerra atómica y el intento de otros por evitarla. La cinta es una acertada burla de los lí­os bélicos, sobre todo de la temida guerra nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en la década de 1960.





Tras la triste realidad se presenta siempre el humor macabro como telón de fondo. Todos estábamos demasiado familiarizados con el vocabulario utilizado por ambos bandos durante la “Guerra Frí­a”. Por su parte, los personajes se representan conscientemente como l cliché que veí­amos a diario en las fotografí­as y comentarios de periódicos y televisión.

El humor del Dr. Strangelove nace de un principio cómico básico: las personas que intentan ser graciosas nunca lo son tanto como las que intentan ser serias sin conseguirlo.

La estrella de la pelí­cula es Peter Sellers, quien interpretó a tres personajes:

-General de grupo Lionel Mandrake.

-El presidente de los Estados Unidos, Merkin Muffley.

-Dr. Strangelove, ex-nazi asesor del presidente.

Sellers serí­a también quien protagonizarí­a al piloto del bombardero, el Mayor T. J. Kong, pero a causa de un accidente durante la filmación debió abandonar el papel. El Mayor Kong fue protagonizado por el actor Slim Pickens.

Otras actuaciones importantes fueron la de George C. Scott como el General Buck Turgidson y James Earl Jones debutando en cine como el Teniente Lothar Zogg.

El general de la fuerza aérea estadounidense, Jack D. Ripper (Sterling Hayden) planea dar comienzo a una guerra nuclear con la Unión Soviética con el objetivo de impedir lo que considera una conspiración comunista para fluorizar el agua, contaminando así­ los “preciosos fluidos corporales”. Da la orden (sin autorización del presidente) a su escuadra de combate de bombardear sus respectivos objetivos dentro de la Unión Soviética, con la esperanza de que el presidente ordene un ataque a gran escala al no encontrar otra opción.

El general Ripper desconoce, sin embargo, que los soviéticos cuentan con un “dispositivo del juicio final”, el cual será automáticamente detonado en caso de detectar un ataque nuclear sobre territorio de la Unión Soviética, destruyendo toda vida sobre la faz de la Tierra por contaminación radiactiva. El Dr. Strangelove, ex-nazi asesor del presidente, explica al personal congregado en el cuarto de guerra del pentágono cómo el dispositivo es una extensión natural de la estrategia de la Guerra Frí­a de la destrucción mutua asegurada, que trabaja como un disuasivo a un intercambio nuclear real. Es más, la máquina no puede apagarse, pues esto disminuirí­a su valor como disuasivo

El plan de ataque enviado por el general Ripper estipula que ninguna comunicación sea aceptada por los aviones de la escuadra a menos que dicha comunicación se cuente con un código prefijo secreto, conocido únicamente por el general, evitando así­ que el ataque sea abortado por otra autoridad.

Como resultado, el gobierno americano coopera con los soviéticos para derribar los aviones hasta que ellos puedan contactarse con ellos y que den a vuelta. El plan de Ripper, que se suicida después de la rendición de sus fuerzas, es frustrado por el capitán inglés Lionel Mandrake, un funcionario que participa en un “programa del intercambio” con el ejército estadounidense, que deduce el código de secreto de unos bocetos infantiles de Ripper.

Desgraciadamente, uno de los B-52 (“La Colonia del Leproso”) no se puede llamar por radio, pues fue dañado por un proyectil soviético, y continúa su misión para dejar caer su bomba nuclear en un blanco soviético, lo que activarí­a la máquina del dí­a del juicio final. La puerta de las bombas queda bloqueada, y al intentando soltarlo a mano, el piloto del B-52, el Major “King” Kong la logra lanzar y así­ inicia la destrucción global. Kong monta la bomba, lo agarra con una mano y ondea su sombrero del vaquero en el aire a modo de homenaje a la técnica de rodeo de caballos.




El dispositivo del dí­a del juicio final se activa y en los últimos momentos de la humanidad, el Dr. Strangelove recomienda a Presidente Muffley que un grupo de humanos se oculte profundamente en un pozo de mina de más de 1.000 m.,  donde la radiactividad nuclear no los pudieran alcanzar, para que la Tierra pueda repoblarse. El general Turgidson entra en delirio para superar los soviéticos por el espacio de las minas, planificando ya una futura guerra en 100 años más, cuando la radiación se haya disipado. Strangelove sale de su silla de ruedas anunciando que tiene un plan, y cuando cae en la cuenta que camina grita ¡”Mein Führer, puedo andar”!, sólo un segundo antes de que las bombas del juicio final empiecen su explosión y el fin de la civilización.

-En un principio la pelí­cula iba a terminar con una pelea de tartas entre todos los que estaban en la sala del departamento de guerra, y finalmente con el presidente Peter Sellers y el embajador de Rusia Peter Brull jugando a dar palmas. Este final se eliminó por ser poco necesario. Y fue oportuna su eliminación.

-Peter Sellers en un principio iba a hacer 4 papeles: el capitán Mandrake, el presidente, el Dr. Strangelove y el del piloto T.J. “King” Kong. Finalmente, el papel del piloto Kong fue interpretado por Slim Pickens.


Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? es la única comedia de la filmografia de Stanley Kubrick, definida por el mismo director como “una comedia de pesadilla”. No se trata, en efecto, de una comedia normal y corriente, pero tampoco de una simple visión satí­rica del ejército norteamericano y de los terribles peligros derivados de la mala utilización de la energí­a nuclear. Kubrick adopta un punto de vista crí­tico e irónico sobre la historia que explica, pero lo hace con la voluntad de no suspender en ningún momento la credibilidad del espectador.

El argumento del filme es terriblemente dramático y serio: en un sentido estricto, todos los hechos que relata resultan creí­bles (la insubordinación de un general del ejército que decide iniciar una guerra mundial por su cuenta, los intentos desesperados de los gobiernos norteamericano y soviético por buscar una solución al conflicto, la posibilidad de que uno de los bombarderos no recibiera el orden de abortar la misión y no fuera interceptado a tiempo por el ejército ruso). El desarrollo realista de la acción no resulta extraño si tenemos en cuenta que la novela de Peter George en qué se basa la pelí­cula, Red Alert (publicada con el tí­tulo Two hours to doom en Gran Bretaña y firmada con el pseudónimo Peter Bryant), es una historia de suspense absolutamente seria que, además, acaba de manera optimista, con americanos y soviéticos comprometiéndose a evitar riesgos parecidos en el futuro. Kubrick y el mismo George estuvieron varios meses trabajando en una adaptación fiel de la novela, pero se decantaron finalmente por la inclusión de dosis de ironí­a y humor. En este aspecto, la participación en el guión del escritor Terry Southern (1926-1995) fue decisiva: Southern contribuyó a dar al filme el toque de humor negro necesario para el buen funcionamiento de la historia, introdujo al personaje del Doctor Strangelove (que no aparece en la novela de George) y cambió el tí­tulo original de la pelí­cula por el definitivo, que se podrí­a traducir como “Doctor Strangelove, o cómo aprendí­ a dejar de preocuparme y a estimar la bomba”.

El tratamiento satí­rico y paródico de la historia, lejos de actuar como un elemento distanciador respeto a la acción y a los personajes, consigue transmitir en todas sus dimensiones el horror y el absurdo de una situación lí­mite desencadenada por una serie de grotescas casualidades. El futuro de la humanidad, sin ir más lejos, está en manos de un grupo de personajes ridí­culos y delirantes que resulta imposible tomarse seriamente: Merkin Muffley, un presidente ingenuo y inocente, absolutamente incapaz de hacer nada para evitar el desastre; el Doctor Strangelove, un cientí­fico nazi reconvertido en Director de Investigación y Desarrollo Armamentí­stico; Jack D. Ripper (nombre que en inglés evoca la figura de Jack el Destripador), un general psicótico y absolutamente enloquecido; o el general “Buck” Turgidson, incapaz de concentrarse ni de pensar frí­amente sino es para expresar sus ideas anticomunistas. La mayorí­a de los oficiales del ejército que aparecen a la pelí­cula, de hecho, han llegado al poder gracias a las medallas y a los méritos obtenidos en otros conflictos, sin que su perfil psicológico o sus verdaderas inclinaciones ideológicas tengan ninguna clase de importancia para el gobierno.

El humor y la comicidad del filme deriva no tanto del trágico y brutal desarrollo de los acontecimientos sino de la descripción caricaturesca y exagerada de los personajes (el comportamiento infantil del embajador ruso, el Mayor T.J. “King” Kong disfrazándose de cowboy ante el inminente ataque sobre los objetivos rusos, el Presidente Muffley hablando por teléfono con su homólogo ruso Dimitri, a quien ha localizado medio borracho en una especie de orgí­a, el soldado que se niega a disparar contra una máquina de Coca-cola alegando que se trata de una propiedad privada). Kubrick también subraya la voluntad satí­rica de la producción con la utilización de pequeños detalles y elementos casi externos a la propia acción, como el cartel “La paz es nuestra profesión” enmarcado en el despacho del general Ripper y colocado a la entrada de la base aérea de Burpleson, o las canciones de la banda sonora: “Sigue sonriendo / como siempre sonriente / hasta que las nubes oscuras / dejen paso a un cielo azul”, canta Vera Lynn al final de la pelí­cula, acompañando las imágenes de las explosiones atómicas que simbolizan el fin del mundo. Para acentuar el carácter realista del filme, el director y sus dos guionistas se inspiraron en personas reales de los Estados Unidos de la época: el general “Buck” Turgidson (George C. Scott) evoca la figura del General Curtis LeMay, director del Mando Estratégico del Aire durante los años cincuenta, y el misterioso Doctor Strangelove está inspirado tanto en el fí­sico Edward Teller, padre de la bomba H, como Henry Kissinger, estadista y autor de un libro sobre la guerra nuclear de gran popularidad en la época.

Tres historias paralelas

La pelí­cula está construida a partir de tres historias paralelas y casi independientes, representativas a la vez de tres escenarios claramente diferenciados: la baso área de Burpelson, uno de los bombarderos que participan en el ataque a la Unión Soviética y la sala de operaciones del Pentágono dónde están reunidos el presidente y los máximos dirigentes polí­ticos, militares y cientí­ficos del paí­s. Esta construcción triple, o mejor, este triple paralelismo, sirve al director tanto para alternar momentos delirantes y divertidos con escenas tratadas de manera totalmente realista (el ataque a la base militar de Burpleson, en la que los soldados americanos se enfrentan entre ellos, o las escenas que describen la trayectoria y la evolución de los bombarderos B-52) como para acentuar las carencias y la incompetencia del sistema de defensa norteamericano.

Los enormes -y por lo demás injustificables-problemas de comunicación entre estos tres sitios son el motor que hace adelantar la narración. Una serie de desgraciadas coincidencias, de ridí­culas casualidades, una acción aparentemente insignificante provocada por un solo hombre, pueden acabar provocando la destrucción de la humanidad: el mecanismo de defensa ideado por la Unión Soviética, conocido como la máquina del fin del mundo, responderá de manera inmediata y automática al ataque de los misiles nucleares americanos provocando la destrucción total de la Tierra y de sus habitantes. Pero no todo está perdido: el Doctor Strangelove, al final del filme, explica al presidente Muffley que se podrán salvar unas 100.000 personas, que tendrán que pasar cien años escondidas al interior de las minas y grutas más profundas del planeta esperando a que se acaben los efectos mortales de la radioactividad: “La selección la hará uno cerebro electrónico, una computadora capaz de descifrar los factores de juventud, salud, grado de fertilidad, inteligencia y una media de habilidades necesarias. Lógicamente, es necesario e indispensable que los hombres que formen nuestro gobierno estén incluidos en el grupo para imponer los principios fundamentales de orden, paz y tradición”.

Kubrick subraya de este modo tan sutil su escepticismo en el futuro de la humanidad: los principios fundamentales a qué hace referencia el personaje interpretado por Peter Sellers son los mismos que, malinterpretados y convertidos en una parodia de sí­ mismos, han llevado al mundo a su autodestrucción. El final previsto en un principio era sensiblemente diferente y fue cambiado por Kubrick al último momento: la pelí­cula acababa con una batalla campal en la sala de control del Pentágono, con polí­ticos, militares, el presidente y el embajador ruso tirándose pasteles a la cara, preludio / metáfora de la inminente destrucción del mundo.

Un bombardero estadounidense cargado de armas termonucleares y pilotado por el mayor T.J. “King” Kong (Slim Pickens) se encuentra en un vuelo rutinario cerca de la Unión Soviética cuando se le ordena que comience el Plan R de Ataque.

Entierra, en la Base de las Fuerzas Aéreas de Burpleson, el capitán Lionel Mandrake (Peter Sellers) no escucha en las noticias que los Estados Unidos estén en guerra. El general Jack D. Ripper (Sterling Hayden) le informa tranquilamente que ha dado orden de atacar la Unión Soviética porque ya era hora de que alguien hiciera algo sobre la fluorización, que está succionando los fluidos de los americanos (y que aparentemente tiene algo que ver con los problemas sexuales de Ripper).

Mientras tanto, el presidente Merkin Muffley (de nuevo Sellers) se reúne con sus asesores del Pentágono, incluido el general Buck Turgidson (George C. Scott), que piensa que esta es una buena oportunidad de hacer algo contra el comunismo en general y contra los rusos en particular. Sin embargo, el embajador soviético DeSadesky (Peter Bull) tiene un as en la manga e informa a Muffley y a sus hombres sobre una innovación armamentí­stica de los soviéticos: una máquina del fin del mundo que destruirá el planeta entero si alguien ataca a los rusos.

La pelí­cula contiene innumerables diálogos cómicos famosí­simos interpretados a la perfección por el excelente reparto, entre el que se destaca Sellers con tres papeles distintos y Hayden en la que es quizás su mejor interpretación como el loco calculador Ripper. Kubrick siempre se asegura que la comedia se mantenga tensa y aguda, con la asistencia de la cámara ní­tida en blanco y negro de Gilbert Taylor y la edición precisa de Anthony Harvey en la secuencias a bordo del bombardeo.

La sátira profundamente negra de la pelí­cula (sobre un guión excepcional del director Stanley Kubrick, Peter George y Terry Southern) y el abanico de excelentes actuaciones cómicas han situado a esta pelí­cula como una de las mejores en el tema bélico.


 


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