CLEOPATRA

Película estrenada entre 1963-1964

Director: Joseph L. Mankiewicz. Reino Unido-EE.UU. Suiza. 1963. Color

Intérpretes: Elizabeth Taylor (Cleopatra), Richard Burton (Marco Antonio), Rex Harrison (Julio César), Pamela Brown (Gran Sacerdotisa), George Cole (Flavio), Nume Cronyn (Consejero Sosí­genes), Kenneth Haigh (Bruto), Martin Landau (Rufio), Roddy McDowall (Octavio-César Augusto), Germánico (Robert Stephens)


Richard Burton, Rex Harrison y Elizabeth Taylor protagonizan una de las pelí­culas más espectaculares de todos los tiempos -la historia de la reina del Nilo y sus amorí­os con Julio César y Marco Antonio-. La pelí­cula se distingue por las notables interpretaciones de Burton y Harrison, aunque toda la pelí­cula gira alrededor de Elizabeth Taylor -en el momento de su mayor belleza-, que desarrolla uno de los más “glamourosos” papeles de su carrera. Impresionante por su envergadura y grandeza, la pelí­cula ganó los Oscars a la Mejor Fotografí­a, Mejores Decorados y Mejores Efectos Especiales. Sus brillantes momentos incluyen la espectacular entrada de Cleopatra en Roma. Apoyada por un gran reparto y vestuarios de ensueño, éste es el retrato épico de la mujer que conquistó a dos de los más grandes soldados de Roma, cambió el curso de la historia y terminó siendo sinónimo de la seducción.


La versión extendida de esta pelí­cula de Joseph Mankiewicz de 4 horas de duración ha llegado por fin a Europa -enn DVD- en unas condiciones espectaculares tanto en el trato que se le ha dado a la imagen y al sonido como por los suculentos e interesantes extras que incluye.

Aunque en un comienzo se pensó en realizar un remake de la versión de Cleopatra de 1917 producida por Fox de bajo presupuesto que hiciese ganar al estudio un dinero seguro sin exponer mucho, poco a poco los acontecimientos se fueron sucediendo de tal manera que la producción terminarí­a siendo no sólo la más cara de la historia hasta entonces sino que dejarí­a al estudio en una situación económica desesperada que se produjo no por un fracaso de taquilla puesto que fue una de las pelí­culas más taquilleras de esos años sino porque la producción se fue finalmente de 2 millones de dólares que era el presupuesto que se habí­a marcado la Fox para la pelí­cula hasta los 44 millones de dólares a lo que ascendió finalmente el filme. Basta un solo dato para darse cuenta de los despropósitos de la producción de la pelí­cula: El salario inicial de Elizabeth Taylor ascendí­a a 1 millón de dólares, cifra récord hasta la fecha, pero tras multitud de retrasos y de horas extras la actriz acabó cobrando en total 7 millones.


Para mucha gente Cleopatra marcó el inicio de lo que se ha venido en denominar el “star system”, en donde los estudios de Hollywood pierden gran parte del poder en favor de las estrellas que no firman ya contratos de por vida con los estudios sino que negocian sus salarios para cada pelí­cula independientemente de para qué estudio fuese a trabajar, pudiendo así­ trabajar para varios estudios diferentes en muy corto perí­odo de tiempo, y lo que es más importante, permitiéndole al actor o actriz escoger los papeles que quiere interpretar y los que no.

Otros claros ejemplos de la nula planificación de la pelí­cula fueron los siguientes:

- El director que empezó a rodarla fue Rouben Mamoulian al que se despidió tras varios meses de rodaje.

- Los actores principales en principio no fueron ni Rex Harrison ni Richard Burton, de modo que todo lo que se pudo rodar con ellos en pantalla no sirvió luego para nada.

- El rodaje dio comienzo en Londres, pero una vez despedido Mamoulian, Mankiewicz hizo saber a los productores que la pelí­cula no se podrí­a rodar en Londres porque las condiciones meteorológicas no eran las apropiadas para recrear Egipto ni tampoco Roma, de modo que la producción comenzó de nuevo en Roma.

- El guión que confeccionaba Mamoulian con su propio guionista no serví­a de mucho de modo que Mankiewicz tuvo que empezar de cero al hacerse cargo de la dirección, lo que unido a la pérdida del productor ejecutivo durante el rodaje por un ataque al corazón, convirtió a Mankiewicz en productor además de guionista y director.

- El guionista Nunnally Johnson fue contratado por 140.000 dólares para retocar el guión sobre el que trabajaba Rouben Mamoulian, pero éste no le permitió hacer nada con lo que cobró su dinero sin trabajar en la pelí­cula.

- Roddy MacDowall se pasó 4 meses de rodaje de pelí­cula rodando en todos esos meses durante un único dí­a.

- Durante la producción se llegaron a gastar 250.000 dólares semanales en agua embotellada.

Como vemos, con tanta improvisación es imposible que la pelí­cula costase un precio razonable.

Y durante la filmación:

- El escándalo a todos los niveles de sus protagonistas. Los rotativos de todo el mundo se hací­an diariamente eco de la pareja, dándole un toque morboso al filme.


 

- El temor del resultado de la intervención quirúrgica de Elizabeth se temí­a que no superase la misma… El rodaje se retrasó casi unos seis meses.

- La Fox cedió y se preparó un contrato sustancioso a la no menos interesante Gina Lollobrigida Imagino también gratamente a la mí­tica Reina de Egipto recreada por mi inolvidable Reina de Saba, no se ha hecho mucha publicidad de este importante dato, pero es real y existe documentación. 

- Interrupciones de rodaje, elevadí­simos costos, se habló de miles de dólares diarios.

- Multitud de cambios en el vestuario… en muchas ocasiones dos dí­as antes de rodar.

- Los caprichos de su protagonista… (Liz recibí­a diariamente en Roma y por avión su comida
desde EE.UU.).

Elizabeth Taylor fue considerada antes, durante y después de la pelí­cula una autentica revolucionaria sexual, batalla que venció y afortunadamente hizo cambiar todos los esquemas de aquella sociedad puritana, venciendo al propio Vaticano.

- El mal humor de Joseph L. Mankiewicz El director era de una minuciosidad que rayaba la locura… (se repitió mas de 50 veces la presentación del primogénito de Julio Cesar en la secuencia de tonos dorados en el interior del palacio).

- Mankiewicz tení­a que ponerse una inyección por la mañana para poder sostener tal colosal producción, y por la noche otra, esta vez para poder dormir. 

- Elizabeth en las escenas de amor junto a Burton, perdí­a totalmente la memoria y tení­an que indicarle el dialogo con enormes letras.

- Rex Harrison se negó a repetir otra vez su marcha al Senado, cuando es asesinado por Bruto, por las numerosas interrupciones e indicaciones casi caóticas de Mankiewicz en relación a la túnica roja que cubre parte de la cabeza y el cuerpo de Cleopatra, y en su forma de caer… la intranquilidad que deberí­a reflejar Liz Taylor… Se comenta que de esa escena, se hicieron 35 tomas

- Se pensó en un principio en Laurence Olivier para el papel de Julio César, pero tuvo que rechazar el papel por sus muchos compromisos teatrales.

- Peter Finch, el también actor inglés rodó diez minutos de metraje inicial, pero sus estados de embriaguez hicieron que Rouben Mamoulian prescindiera de él.  Stephen Boyd también muy de moda en aquellos años por Ben-Hur, intervino en muchas escenas como Marco Antonio,  mientras todo giraba en torno a Elizabeth Taylor en el de la reina de Egipto… Era impensable imaginar a otra actriz. Ella misma se dice que intervino para que Boyd fuese sustituido por otro actor. Se barajaron muchos nombres, pero al final y para gozo personal de la actriz fue materialmente arrancado del musical Camelot que el actor estaba interpretando con enorme éxito en Broadway y aceptó poner voz y presencia a uno de sus mas sólidos y creí­bles trabajos de su dilatada carrera

- La triunfal entrada de Cleopatra en Roma se rodó en unas condiciones óptimas para su proyección, se estuvo filmando durante mas de un mes la famosa secuencia y posteriormente al ser visionada se pensó que la dirección del sol no era la adecuada y se pospuso para hacerla nuevamente cuando la iluminación fuera la correcta. Mankiewicz, enorme perfeccionista, gran director, carismático conductor de actores, nunca estuvo de acuerdo con semejante decisión del productor Wagner, manteniendo su interés por la secuencia inicial, y hasta amenazó con abandonar la reconstrucción del guión y la dirección, pero la insistencia de su amigo Rex Harrison, dispuesto a poner dinero de su propio bolsillo para soportar los costos de llevar a cabo la histórica secuencia, las reiteradas suplicas de Liz Taylor y Richard Burton, como la de su “í­ntimo” amigo Roddy McDowall, hizo que el maestro Mankiewicz cediese y seis meses mas tarde, en los mismos estudios Cinecittí , en pleno verano y con el sol en condiciones favorables, pudiéramos ahora acaso la escena más impresionante de toda la historia del cine

Durante los años 50 y 60 la TV habí­a puesto en serias dificultades a la industria del cine haciendo caer las recaudaciones considerablemente, a lo que el cine intentó responder poniendo al alcance del público grandes superproducciones que evidentemente suponí­an una elevada inversión y por supuesto un enorme riesgo económico si la pelí­cula no funcionaba en taquilla.

Hablando propiamente de la pelí­cula hay que decir que la idea del director era la de hacer dos pelí­culas con todo el metraje rodado, una serí­a César y Cleopatra, y la otra Antonio y Cleopatra. Cada una de ellas debí­a durar 3 horas, con lo que el metraje actual de 4 horas reduce en exceso la idea del director.

Cortar tanto la pelí­cula contrarió mucho al director, eso por no hablar de que durante muchos años la pelí­cula fue reducida todaví­a más a 3 horas y 15 minutos.

 

La Twentieth Century Fox lleva años intentando recuperar todo el metraje filmado por Mankiewicz para formar esas 6 horas de pelí­cula, así­ que con suerte en algunos años podremos disfrutar de la versión que Mankiewicz siempre tuvo en la cabeza.

La labor de Mankiewicz, al parecer fue extenuante. Durante el dí­a se dedicaba a rodar, durante la noche trabajaba en el guión que se iba completando sobre la marcha y a la mañana siguiente antes de empezar a rodar se encargaba de todo lo relacionado con la producción. Su tarea fue tan exigente que tuvo que inyectarse varias veces cada dí­a para poder mantener el ritmo de rodaje y a su vez para poder dormir al acabar la jornada.

Después de esta pelí­cula Mankiewicz rodarí­a ya con cuentagotas sus siguientes pelí­culas, el rodaje de Cleopatra dejó sobre él “huella”.

Elizabeth Taylor -bellí­sima- realizó un buen trabajo en términos generales pese a los graves problemas fí­sicos que sufrió durante el rodaje y que estuvieron a punto de hacerle perder la vida debido a una neumoní­a que la hizo entrar en coma. De hecho se puede observar en su cuello al ver la pelí­cula la cicatriz que arrastró cuando para salvarle la vida le tuvieron que hacer una traqueotomí­a.

Sus mejores momentos son sin duda en los minutos finales de la pelí­cula cuando a través de su actuación nos convence de que lo más importante para Cleopatra en el mundo es Marco Antonio, ni su reinado, ni su pueblo ni su propia vida. Conseguir esta convicción en una interpretación es muy difí­cil, así­ que las crí­ticas que recibió de la prensa en su momento no se entienden muy bien.

Rex Harrison como Julio César es sin duda el actor perfecto para el papel. Está hecho a su medida. Perfecta actuación la suya porque una vez vista la pelí­cula quedas completamente convencido de que Julio César se debió comportar en la realidad como él muestra en la pantalla. Su nivel de realismo es estupendo.

CLEOPATRA

Richard Burton también da la talla como general romano con arrogancia sobrada, pero perdidamente enamorado. También podemos destacar la interpretación de Roddy MacDowall como Octavio. Para él podemos decir exactamente lo mismo que para Harrison, se desenvuelve como romano con un nivel de realismo muy alto.

Hay una anécdota curiosa en torno a Roddy MacDowall, ya que pese a su gran actuación, por un error administrativo del estudio al proponerle como mejor actor principal y no como secundario quedó fuera irremediablemente de la lucha por los Oscars, a pesar de su gran actuación.

Como curiosidad diremos que en el reparto aparecen Francesca Annis como una de las sirvientas de Cleopatra, a la que podemos recordar entre otras, en la pelí­cula de David Lynch Dune, y por otra parte tenemos también a Cesare Danova como Apollodorus y a quién pudimos ver Ben-Hur en las pruebas para el papel de Ben-Hur que finalmente interpretarí­a Charlton Heston.

La pelí­cula está dividida en dos partes bien diferenciadas, por una parte la de Cleopatra y César y por otra la de Cleopatra y Marco Antonio, y en cada una de ellas la relación de amor de Cleopatra con cada uno de ellos es muy diferente. En una una relación de afecto y devoción hacia Julio César basado en la admiración que siente él; y en la otra la de amor incondicional y sin reservas con Marco Antonio que no se acabará en este mundo sino que durará toda la eternidad como muy bien expresa Cleopatra cuando pide que como última voluntad la entierren al lado de la tumba de Marco Antonio.

Aparte de una fotografí­a espléndida y un diseño de producción magní­fico podemos destacar igualmente la genial banda sonora compuesta por Alex North, una auténtica maravilla que le da un halo mí­stico y emotivo irrepetible.

Por esta razón la decisión de incluir las músicas de obertura, intermedio y final, algunas de ellas sobre pantalla en negro resulta no sólo adecuada sino imprescindible, algo que sin duda se le agradece a Fox.

La pelí­cula está formada por un conjunto de larguí­simas secuencias algo deslavazadas, perdiendo un poco de continuidad en conjunto, siempre pasa algo importante con lo cuál tanta secuencia clave termina por no tener el efecto deseado, aunque es posible que las 2 horas que perdió la pelí­cula en el montaje final ayudarí­an a suavizar las transiciones y conseguirí­an relajar en ciertos momentos tanta grandilocuencia para que las secuencias clave tuvieran un mayor efecto en el espectador lo que se consigue ofreciendo contrastes y no sólo momentos culminantes, pero eso de momento es hablar por hablar, por lo menos hasta que no se recupere el montaje original de Mankiewicz.

Hay detalles muy interesantes en Cleopatra, como cuando queman la flota enemiga y se incendia la gran biblioteca de Alejandrí­a. En esa escena no es Cleopatra la encargada de decirnos lo importante que es esa biblioteca sino Sosigenes, el erudito consejero de la reina que es un hombre intelectual y un experto en las artes, con lo que cuando nos dice la tragedia que supone perder la biblioteca con todos sus manuscritos como los de Aristóteles que pone de ejemplo, la pérdida cobra una mayor importancia no sólo para nosotros sino también para Cleopatra que tras oí­rle se da cuenta a la vez que nosotros de la magnitud de lo que está pasando.

En una ocasión el director Franí§ois Truffaut comentó sobre Cleopatra que cuando diriges una pelí­cula así­ tienes muchas posibilidades de hacer una mala dirección porque acercarás demasiado la cámara a la estrella a la que se le ha pagado tanto, poniendo por tanto la cámara en el dinero, y también la alejarás demasiado para plasmar todos los decorados y las escenografí­as fastuosas con lo que también estarás poniendo la cámara en el dinero.

Pues bueno, en cierto modo tiene toda la razón, pero por otro lado serí­a imposible, por ejemplo, realizar la extraordinaria panorámica al principio de la pelí­cula cuando Julio Cesar llega al puerto de Alejandrí­a, y eso si que serí­a una verdadera lástima porque es un plano que no tiene precio (o en este caso si que tiene precio, aunque sea muy elevado).

A pesar de todo lo dicho anteriormente la pelí­cula tiene una atracción especial sobre todo al final de la misma, cuando Marco Antonio y Cleopatra están ya derrotados y tan sólo se tienen el uno al otro.

Propios de la época -aunque seguramente no- la decoración y el diseño de vestuario resulta espectacular



La entrada en Roma, de increí­ble suntuosidad


La cámara se acerca al rostro de la reina de Egipto, da las últimas órdenes a sus fieles esclavas, y vamos poco a poco siendo testigos de su lenta agoní­a ante la llegada de una muerte anunciada… Todo ello dentro de un marco de increí­ble belleza, en el interior del mausoleo construido para este fin, y que para rodarlo se utilizaron baños auténticos de oro molido sobre estatuas, dioses y mobiliario


El cuadro final, muerta encima del sarcófago con la vestimenta que entró en Roma, mientras las dos esclavas, envenenadas, se arrastran sudorosas a ambos ladosde su reina, al tiempo que la serpiente se desliza siniestra, triunfante y trágica.

A lo largo del filme hay distintos ejemplos de diálogo inteligente, aunque cabe decir que en ocasiones no funciona y están fuera de lugar. Pero no es sólo una atractiva superproducción colosal, sino también una recreación cinematográfica considerablemente culta de una época histórica. Como César le dice a Cleopatraal principio: “Tienes una curiosa manera de mezclar polí­tica y pasión”.

Igual que Mankiewicz.

 


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina