Director: Donald Siegel. 1964. EE.UU. Color
Intérpretes: Lee Marvin (Charlie Strom), Angie Dickinson (Sheila Farr), John Cassavetes (Johnny North), Ronald Reagan (Jack Browning), Glu Galager (Lee), Claude Atkins (Earl Sylvester), Norman Fell (Mickey Farmer)


El relato corto “The Killers” de Ernest Hemingway fue llevado al cine en dos obras maestras aparecidas al comienzo y al final de la época gloriosa del cine negro. La primera -Forajidos- fue dirigida en 1946 por Robert Siodmak y protagonizada por Burt Lancaster como “El sueco”. Esta segunda de 1964, realizada por Don Siegel y con Lee Marvin como protagonista, acompañado por un reparto de secundarios muy conocidos. Charlie Strom, un veterano sicario a sueldo, y su socio de 27 años, Lee (Glu Gulager), entran en un hogar para ciegos… Alguien desconocido para ellos les ha encargado asesinar a un hombre que trabaja allí impartiendo clases y que responde al nombre falso de Jerry Nichols… en realidad se llama Johnny North (John Cassavetes)… Finalizada su misión, y en un tren, Charlie se empieza a comer la cabeza con la inesperada resignación del reo en la hora de su muerte… De la víctima sólo saben que hacía algún tiempo había participado en un robo, dejando tirados a sus compinches, y que anteriormente había sido un mecánico y piloto de carreras con su socio, Earl Sylvester (Claude Akins) ahora en Florida… Allá que van los dos mercenarios… De Earl sacan el primer “flashblack” narrativo que les va poniendo en antecedentes a la hora de reconstruir de atrás hacia delante este misterioso puzle de tintes negros… Durante los entrenamientos la víspera de una carrera, una joven, Sheila Farr, se acerca a los boxes para conocer a Johnny, quien parece halagado por el interés de la bella dama… El día de la carrera nos enteramos que Sheila tiene un novio de reconocida fama de mafioso, Jack Browning(Ronald Reagan), siempre acompañado de su inseparable amigo Mickey Farmer (Norman Fell) … Durante la carrera Johny sufre un grave accidente… Su socio le advierte del carácter lisonjero y caprichoso de la dama en cuestión… Acaba el “flashback” narrativo de Earl y los dos sicarios se dirigen ahora a Nueva Orleans donde Micky Farmer regenta un gimnasio… allí, metido en una sauna a vapor, comienza el segundo “flashback” narrativo… Tras el accidente de coche de Johny éste se dedica ahora a las carreras de coches raros… Sheila acude de nuevo a él para ofrecerle un trabajo…Actuar de conductor en un golpe maquinado por su novio contra una furgoneta de correos con recibos por valor de 1 milón de dólares… Tras el golpe, Johnny traiciona a sus compinches y huye con el dinero… Acaba la narración de Micky y a continuación se dirigen a California para hablar con Jack quien les cuenta que Sheila, sospechosa de compinche con Johny, está en un hotel de la zona…y allá que van…. Tercer y definitivo “flashback) narrativo contado por Sheila entre forcejeos… La víspera del golpe, Sheila advierte a Johny que Jack pensaba traicionarle…después del golpe Johny se reúne con Sheila en un motel… Jack aparece por sorpresa avisado por la pérfida Sheila.. .Jack le dispara, pero consigue escapar… Jack fue quien les contrató para matar a Johny… Sheila acaba su narración. Al salir del hotel Jack mata a Lee y hiere de muerte a Charlie… En un tiroteo final en casa de Jack, Charlie logra matar a Sheila y a Jack… Justo cuando la policía acude a casa de Jack, y Charlie se desploma maletín en mano…

Concebida inicialmente como un programa piloto para la cadena televisiva NBC, Código del hampa no sería emitida finalmente por la pequeña pantalla debido, según se alegó en esos momentos, a sus excesivas dosis de violencia. Esta circunstancia hizo posible que la obra de Siegel, concebida en su forma visual (ritmo trepidante, montaje sincopado, zooms ocasionales, tomas en helicóptero alternadas con primerísimos planos y con visibles transparencias, colores estridentes) para ser proyectada en este medio, llegase finalmente a estrenarse en las salas de cine.
“Remake”, en cierto modo, de Forajidos (1946), la estructura narrativa de Código del hampa simplifica la forma de rompecabezas adoptada por su predecesora. Así, reduce notablemente los “flashbacks” que puntean el relato, concede el protagonismo de la encuesta a los asesinos en vez de al agente de seguros -lo que dota de una motivación suplementaria a la investigación, ya que aquellos buscan a través de ella, fundamentalmente, obtener el botín oculto del atraco- y, por último, transforma al protagonista, que en el trabajo de Siodmak era un boxeador fracasado, en un piloto de carreras.
Como en Forajidos (1946), pero sin la brillantez y la densidad conceptual y visual de la primera secuencia de aquella, Código del hampa se abre con el asesinato de Johnny North (John Cassavetes) -un antiguo piloto de carreras a quien un accidente privó de competir en los circuitos- por parte de dos pistoleros: Charlie (Lee Marvin) y Lee (Glu Gulager). La resignación con que la víctima acepta su muerte y el desconocimiento de la persona que los contrató para realizar ese trabajo llevan a la pareja de asesinos a intentar reconstruir la historia de Johnny y, sobre todo, a conseguir el producto del atraco al camión de correos en el que éste participó antes de retirarse al hogar de invidentes, el lugar a donde parece haberlo conducido su ceguera para moverse por la vida.
Más ligera y superficial que su modelo, menos densa y compleja y, en cambio, más preocupada por el envoltorio visual de la historia, Código del hampa prescinde de analizar las causas de la criminalidad para, de acuerdo con lo que será una de las características del cine negro a partir de esos años, dedicarse simplemente a mostrar sus efectos. Perdido el referente social de las imágenes, la narración parece vuelta sobre sí misma y la violencia -especialmente en el tramo final de la cinta- se justifica en el propio espectáculo de su despliegue visual en la pantalla.
Historia de traiciones, de ambiciones desmedidas, de mentiras y, también, de amistad -la que une a Johnny y Earl (Claude Atkins), su socio y mecánico-, todos estos componentes no alcanzan, dentro del trabajo de Siegel, la textura dramática que deberían haber logrado, si bien quedan de la película unos métodos de rodaje que se traspasarían luego a otros cineastas, una interesante resolución final, un juego dramático a partir de los colores azul y rojo que revela (en el contraste entre las tonalidades frías y calientes de cada uno de ellos) la dualidad existente dentro de la relación amorosa entre Johnny y Sheila y un asesino a punto de retirarse que trata, antes de su jubilación definitiva, de encontrar la verdad.
Un empeño nuevamente inútil, pero que introduce, dentro de los arquetipos del cine negro, la figura de un asesino escéptico y desengañado, preñado de melancolía y casi existencialista, en cuya construcción se revela esa voluntad autorreflexiva del género sobre sus propios modelos, característica de la modernidad cinematográfica. Su inserción dentro de la historia contribuye a dotar de un tono crepuscular a toda la narración, marcada, como en Forajidos, por la presencia de la muerte que persigue a todos los personajes de esta notable película.