Director: Luis García Berlanga. España-Italia, 1963. B/N
Intérpretes: Nino Manfredi (José Luis Rodríguez, el enterrador), Emma Penella (Carmen, la hija de Amadeo), José Isbert (Amadeo, el verdugo), José Luis López Vázquez

Un trabajador de una funeraria, desea irse a Alemania para ser mecánico. Sin embargo, cuando está a punto de irse, resulta que el padre de su novia es el funcionario verdugo que se dedica a aplicar el “garrote vil” a los condenados. Enamorado de la hija del verdugo, todo se complica -el padre de su novia se “jubila”- pasando a ser el próximo verdugo por miedo a perder el piso que están a punto de comprar. Pero él no tiene estómago y no se atreve.






José Luis, empleado en una funeraria, está pensando en emigrar a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Enamorado de Carmen, hija de Amadeo, un “administrador de justicia” que parece tener soluciones para todo, será sorprendido con ella en la intimidad, por lo que se ven obligados a casarse. Ante la acuciante falta de medios económicos y la necesidad de buscar un piso para fundar el nuevo hogar, Amadeo, que está a punto de jubilarse, convence a José Luis para que solicite la plaza de verdugo que va a dejar vacante, y con la que tendrá derecho a una vivienda. Basta con que José Luis herede la profesión de su suegro. Esa es la única condición que pone el Patronato de la Vivienda. Presionado por la familia, José Luis acepta y, convencido de que jamás ejercerá, se hace verdugo. Mientras no hay ejecuciones, la vida en la casa nueva transcurre plácidamente, pero un día llega el temido telegrama: debe ajusticiar a un condenado en Mallorca. La posibilidad de un indulto es su única esperanza.
Isbert ejecuta y se jubila para delirio del espectador, mientras la flaqueza de las piernas de su yerno se convierte en uno de los mejores alegatos contra la pena de muerte jamás vistos en una pantalla de cine. Cruelmente divertida, paradigma del humor negro español, El verdugo es, probablemente, la mejor comedia ácida española de todos los tiempos.