FUEGO FATUO (Le feu follet)

Película estrenada entre 1963-1964

Director: Louis Malle. 1963. Francia-Italia. Color
Intérpretes: Maurice Ronet (Alain Leroy), Léna Skerla (Lydia), Yvonne Clech (Mademoiselle Farnoux) Hubert Deschamps (D’Aversau), Jean Paul Mouklinot (Dr. La Barbinais)

“No creía en absoluto, al matarme, hallarme en contradicción con la idea de inmortalidad que siempre había sentido viva en mí. Al contrario, era precisamente porque creía en la inmortalidad por lo que me precipitaba en la muerte con tanta fuerza. Creía que lo que llamamos muerte no es más que el umbral más allá del cual continúa la vida o, por lo menos, algo de lo que llamamos vida, algo que es justamente su esencia.” (Pierre Drieu La Rochelle)


Según la Organización Mundial de la Salud, la décima causa de muerte en los países civilizados es el suicidio; diariamente se producen en el mundo de 8.000 a 10.000 intentos y de ellos, 1.000 lo consiguen. Debido a esto no es de extrañarse que buena parte de los tópicos cinematográficos estén dedicados a este gran problema social, basta con mencionar títulos como Leaving Las Vegas (1995, Mike Figgis), donde el protagonista, al no recordar si su esposa lo dejó porque empezó a beber o si empezó a beber porque su esposa lo dejó, decide vender todas sus pertenencias y mudarse a Las Vegas, ciudad donde los bares nunca cierran, para alcoholizarse hasta matarse. Otro ejemplo sería Hana-bi. Flores de fuego (1997, Takeshi Kitano) de, donde la hiperviolencia es retratada junto con cierta sensibilidad del personaje principal y ambas son el preámbulo lírico de un final suficientemente sugestivo: el suicidio.
En ambas cintas, los factores sociales son el detonante para cometer el acto suicida; tal como la soledad o el miedo a ella, aunada a la pérdida o fracaso de una relación amorosa. Sin embargo, más allá de la muerte voluntaria se deja ver la forma de vida y filosofía que caracteriza a estos individuos, capaces de planear su muerte y arrancarse la vida de forma lenta o con un simple disparo. Este artículo abordará la historia de dos autores vinculados a un mismo título, que por su trascendencia y actualidad no ha dejado de ser uno de los mejores retratos sobre la ausencia de valores que originan la depresión y el suicidio. Me refiero a Fuego fatuo del cineasta francés Louis Malle (1932-1995) y por supuesto a la obra literaria del mismo nombre y en la cual está basada, escrita por el también francés Pierre Drieu La Rochelle (1983-1945).

Así, retomando la cita al inicio del texto, no estaría mal cuestionarnos si la vida nos supera o nosotros superamos a la vida. Para el escritor francés Pierre Drieu La Rochelle fue tal vez el sentimiento de inmortalidad lo que le precipitó el fallecimiento: muerte anunciada en su diario dedicado al suicidio “Relato secreto”. Once años después de haberse declarado abiertamente fascista y publicar el ensayo “Socialisme Fasciste”, el escritor decide quitarse la vida ingiriendo gas de la cocina junto con tres tubos de barbitúricos el 15 de marzo de 1945, algunos meses después del desembarco en Normandía y la liberación de Francia por las tropas aliadas. Para entonces Pierre Drieu La Rochelle había recibido la noticia de que se había dictado una orden de arresto en su contra; los días de libertad habían terminado y probablemente a ellos les seguiría el fusilamiento.
A pesar de haber colaborado con los alemanes durante la ocupación, así como haber apoyado la idea por la unificación europea de Hitler, su afecto por la comunidad judía era inquebrantable, a tal grado de cuidar de ellos y protegerlos; como a su primera mujer judía, a quien ya en una ocasión le había salvado del campo de concentración.
Sus textos, autobiográficos casi en su totalidad, lo describen desde su infancia como un pequeño burgués débil y atemorizado, sin voluntad para enfrentar el miedo y liberarse. Sin embargo, para él escribir era atreverse sin desalentarse, hablaba sobre la complejidad y ambig√ºedad de la condición humana, el heroísmo, la rebeldía y la desesperación, así como su dos más grandes obsesiones: la decadencia y muerte voluntaria. Su novela “Fuego fatuo” (1931) es un claro ejemplo de ello, además de ser un excelente cuadro de la alegre burguesía parisina de entreguerras, preocupada únicamente por sus amantes.
Cuatro décadas después, el cineasta Louis Malle utilizó de la novela su estructura básica para combinarla con un guión autobiográfico, el cual había hecho para describir una etapa en que la vida nocturna de París lo había hecho caer en una crisis donde todo le parecía inútil. El resultado es una mirada anacreóntica a los últimos días de un alcohólico suicida.
Así, Fuego fatuo (1963) se convirtió en la historia de Alan Leroy, un hombre decaído por el alcoholismo y la desintoxicación. Al salir de la clínica en la que se encuentra decide suicidarse, pero no sin antes regresar a París y visitar a cada uno de sus amigos; algunos son un grupo de intelectuales ambiciosos y egoístas, otros simplemente individuos hundidos en la mediocridad y el crimen. El humillante camino que recorre deja ver una sólida descripción de un hombre carente de valores. La frustración y desesperanza lo conducen a su muerte.
Aparentemente una trama tan sencilla que hasta podría parecer de escaso interés, sin embargo, éste nunca se pierde debido a la complejidad emocional del personaje principal; la idea del suicidio que permanece en él sin ceder, se va minando cada vez más hasta evadir la existencia misma. Al mismo tiempo, la cámara de Louis Malle deja ver a un Alan Leroy con cierta depresión poco común, carente de preocupaciones y sentimentalismos; donde el hombre sólo busca una nueva razón para vivir. Filmada y editada con gran libertad, la cinta sorprende por sus continuas rupturas del espacio; planos cortos en espacios cerrados que con gentil sutileza dejan ver el mundo apagado y desolado de un alcohólico suicida que no hace mucho había pasado por grandes momentos de lucidez.

Este filme es el tercer largometraje de veintidós, así como once documentales y una serie de televisión que colocaron a Louis Malle como uno de los cineastas más importantes y controvertidos de la cinematografía universal. Se le recuerda principalmente durante la década del sesenta, cuando formó parte de la Nouvelle Vague (movimiento cinematográfico que surgió en contra el estilo literario del cine francés), donde su obra se caracteriza por frecuentes cortes abruptos en la edición y un sentido libre y muy equilibrado de la estructura narrativa, resultado obtenido por la ventaja de contar con su propia compañía productora.

Louis Malle (1932-1995)
Como ayudante de Jacques Cousteau, Louis Malle codirigió el documental El Mundo del Silencio (1956), primera película submarina comercializada, que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes en ese mismo año. Su ópera prima fue Ascensor para el Cadalso (1957), la cual se caracteriza por constantes situaciones al límite sin darle salida a los personajes; la cinta fue ganadora del premio Louis Delluc en 1958, cuando Malle sólo contaba con veinticinco años de edad. En ese mismo año le siguió Los Amantes, crónica de una madurez emocional, donde la escena de amor que el cineasta utiliza para expresar el ansia de liberación de su personaje, se convirtió en un escándalo “penoso” por parte de algunas instituciones. Sin embargo, la cinta impresionó al público y le dio fama de director polémico. Tras una larga trayectoria en Europa, el director llega a Hollywood y filma Atlantic City (1980) entre otras cintas sin mucho éxito. Louis Malle decide regresar a Francia y dirigir Adiós, muchachos (1987), con la que recibe el León de Oro en el Festival de Venecia y el Premio de la Crítica en Francia, ganando además, de nueva cuenta, el premio Louis Delluc.
Casado con Candice Bergen, con la que tuvo una hija, Louis Malle muere en 1995 a los 63 años de edad. Así, el cineasta dejó ver en su obra, al igual que el escritor Pierre Drieu La Rochelle, cierta incertidumbre e inquietud en sus personajes al sentirse separados y excluidos de la sociedad, pero no por una marginación y desadaptación social, sino por no querer comprender el mundo que los rodea.



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