Director: Miguel Picazo. 1964. España. B/N
Intérpretes: Aurora Bautista, Carlos Estrada, Enriqueta Carballeira, Irene Gutiérrez Caba, laly Soldevila

A la muerte de su hermana Rosa, Tula lleva a vivir a su casa a su cuñado Ramiro y a sus dos sobrinos, Tulita y Ramirín. La convivencia entre Tula y su cuñado se hace cada vez más difícil, debido a que un pretendiente de Tula llamado Emilio quiere que Ramiro influya sobre Tula y facilitar así la boda con su cuñada. Pero Ramiro se siente inclinado hacia Tula, inclinación que la vida en común hace más propicia y se acrecienta,



Tula es una mujer sola, que toma sobre sus espaldas a toda un familia de forma desinteresada, sin pensárselo dos veces, como si fuera su deber. Pero un deber asumido con amor, sin pedir nada a cambio, desinteresadamente.
Esa fuerza de Tula, sin embargo, es una fuerza ficticia, no porque carezca de coraje, sino porque es un valor sostenido por algo, no es exclusivamente suyo, se apoya en unos valores asumidos por educación y en unos condicionantes sociales.
Cuando muere su hermana, Tula no lo duda ni un instante, se hace cargo de su cuñado y sus sobrinos. Ella lo asume como un hecho natural, está educada para ello y no se arredra ante las futuras dificultades, porque no las ve.
Sin embargo cuando Ramiro comienza a reaccionar como lo que es, un hombre joven que se siente atraído hacia su cuñada, con una atracción que, como consecuencia de la convivencia, va más allá del puro cariño y agradecimiento, trata de eludirlo, porque es ciega a la realidad y su orgullo le impide ceder a su naturaleza. Ella sabe, por educación, lo que está bien y lo que está mal y lo que Ramiro pide está mal.
En ningún momento intenta romper con sus ideas preconcebidas, ni trata de resolver el problema presentado, puesto que su educación, la misma que la ha proporcionado fuerzas para responsabilizarse de su familia, se lo impide. Llena de prejuicios sociales y de orgullo, no quiere casarse con él por un reparo hacia su hermana muerta, y su negativa a plantearse una salida a su situación, lleva a la familia al desastre y a ella a la soledad.
Esa fuerza con muletas resulta ser más dañina que provechosa, pues no es sino una cobardía, que aparenta fortaleza exclusivamente por el andamiaje de la educación esterilizadora de la época que, además, conlleva una sexualidad brutalmente reprimida.