Director: Robert Stevenson. 1964. EE.UU. Color
Intérpretes: Julie Andrews, Dick Van Dyle, David Tomlison, Glynis Johns, Ed Wynn, Hermione Baddeley, Karen Dotrice, Elsa Lanchester, Arthur Treacher, Reginald Owen

La vida de una familia inglesa de la época del rey Eduardo, formada por un padre banquero, una madre sufragista y dos niños rebeldes -que pretenden llamar la atención de su padre haciendo imposible la vida de todas las niñeras-, se verá alterada con la llegada de Mary Poppins, una “nanny” muy especial que llega desde las nubes empleando su paraguas como paracaídas. Debut y Oscar para Julie Andrews en este clásico del cine familiar. Una niñera mágica y canciones pegadizas que harán las delicias de los más pequeños de la casa.


Tanto me sorprende esta cinta desde su estética y por lo logrado de sus efectos especiales como me aburre en ciertos pasajes musicales donde los 140 minutos se hacen verdaderamente interminables.
Su ambientación es magnífica gracias a un diseño de arte maravilloso, paisajes de ensueño donde la fantasía y la magia tienen riendas sueltas.
Es innovadora al combinar actores con animaciones.
Los efectos visuales deslumbran, aún hoy esta cinta no envejece debido a lo logrados que están los mismos, una cinta impresionante considerándola de acuerdo a su año de realización.
Su mensaje es estupendo, conmovedora esa idea de encontrarle el verdadero sentido a la felicidad, que la misma no pasa por acumular dinero sino por lograr la sonrisa de tus hijos cuando compartes un momento remontando un barrilete o en poder decir una palabra como supercalifragilisticoespialidoso.
La banda sonora cobra vital importancia (como es lógico para un musical), tanto por su partitura como por las pegadizas canciones. ¡Qué lástima que fueron dobladas! (aunque con bastante dignidad).
La historia es algo aburrida, por EE.UU. los musicales se alargan demasiado y ese hermoso mensaje que se esconde detrás de tanta parafernalia visual se diluye ante demasiadas situaciones cursis y bobas por así decirlo. Le faltan variantes atrayentes desde las emociones, el mensaje claro y nato a favor de alejarse del materialismo para abocarse a los sentimientos llega muy sobre el final. La primera parte se torna bastante densa si dejamos de lado los efectos.
Una película infantil no puede durar dos horas veinte, la atención de los niños no se puede mantener por tanto tiempo, de allí que para mí pierde contundencia.
Las actuaciones son dignas y con mucho carisma en los protagónicos, aunque no estoy para nada de acuerdo con el Oscar conseguido por Julie Andrews por esta interpretación.
El humor no funciona tanto como dicen, quizás las variantes sean demasiado ligeras como para sacar alguna que otra sonrisa.
En fin, una película llena de virtudes (y muy notables las mismas) y carencias, goza del consenso popular, es recomendable a grandes rasgos porque algunos tópicos técnicos son muy atractivos y sin duda que no pasaron desapercibidos allá por 1964. No obstante, lamentablemente no es una gran película desde su guión y no se disfruta tanto desde las emociones.

Clásico entre los clásicos. Es una película que casi todo el mundo recuerda de haberla visto en su infancia, en su juventud, en su madurez y en la vejez, y que siempre deja esa sensación de estar ante una fábrica de sueños e ilusiones. Es entretenida, divertida, pedagógica, fantástica… todo eso y más es Mary Poppins. Hay que mencionar su inolvidable banda sonora que nunca pasa de moda y las interpretaciones de Julie Andrews, Van Dyke y David Tomlinson. Es una película para volver a ser niños, si es que alguna vez lo dejamos de ser, una película para ver en familia, para educar, pero sobre todo, para divertirnos y soñar despiertos. Es imprescindible: ser ingenuo como un niño.