Director: John Schlesinger. 1965. G.B. B7N
Intérpretes: Julie Christie, Laurence Harvey, Dirk Bogarde, José Luis de Vilallonga
Un drama de John Schlesinger (ganador del Oscar, en 1969, al mejor director por Cowboy de medianoche) con guión de Frederic Raphael. Aguda crítica de la vacuidad de ciertos círculos sociales en la Inglaterra de los años 60. Una hermosa joven, Diana Scott (Julie Christie), modelo de profesión y aburrida por vocación se casa con un aristócrata italiano después de una sucesión de aventuras amorosas. Diana, que ha pasado a ser una importante figura de la alta sociedad, se sincera con una periodista. Tras una aparente vida de ensueño, llena de éxito, dinero y belleza, se esconde una persona desgraciada y vacía sin ningún respeto por ella misma. Ganadora de tres Oscars en 1965, en las categorías de actriz, vestuario y guión. Globo de Oro en el mismo año, a la mejor película extranjera. Recibió, además, numerosos premios de la Academia Británica de Cine y del Círculo de Críticos de Nueva York.

Partiendo del eslogan publicitario: “Shame, shame, everybody knows your name“, la cinta comienza con una memorable secuencia de créditos: en una cartelera, vemos un mensaje que solicita ayuda para los niños de Biafra. Sus caritas desesperadas y ojos insondables, son de pronto cubiertos por una nueva pancarta que presenta un rostro divino y fabuloso: es la carita de Diana Scott, la Happiness Girl (interpretada de manera magistral por Julie Christie), rubia y hermosa, es la favorita del set social y más desde que se casó con un príncipe, literalmente.
El letrero que cubre los rostros de los niñitos ansiosos de comer algo, es para promover una revista que la lleva en su portada. Claro, Diana nos va a contar su historia, pero nosotros seremos testigos de ambas versiones…
Quizá, para empezar, debería de hacerse notar el punto de que en los años 60, Londres era otro universo, muy distinto al de ahora. Era un mundo glorioso de placeres carnales y consuetudinarios. Ahí trabaja Robert Gold (Dirk Bogarde), un escritor de documentales para la BBC, casado y atorado en una rutina doméstica.
En la calle un día conoce a Diana y la entrevista. De ahí surge una fuerte atracción. Diana es una chica convencional que gusta de jugar a que no es nada convencional. Ególatra, a veces estúpida, a veces bien intencionada, siempre deseable, la g√ºera es casada (con un auténtico imbécil, aunque ella lo disculpa por ser “demasiado joven”) y tiene demasiado tiempo libre en sus manos. Ustedes saben, el hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla.
Aunque nadie podría culpar a Gold. La chica es una auténtica belleza, como pronto descubre el publirrelacionista Miles (Laurence Harvey), que comienza a ayudarla con su carrera, mientras se van a la cama para matar el ocio.
Pronto, Diana va escalando hacia el mundo del jet-set. Va a todas las fiestas, incursiona en el cine y el modelaje, mientras que Robert alternativamente le hace berrinchitos y luego busca la reconciliación. Miles, en tanto, nomás juega con ella al “eso me gusta y eso me das”. Como dice Robert: “Tu idea de la fidelidad es no meter a dos hombres a la cama al mismo tiempo,¡puta!”
Como es natural, Diana se comienza a incomodar y acepta un viajecito a Italia para hacer un comercial. Ahí conoce al príncipe Césare Della Romita (interpretado por el “jet-setter español” José Luis de Villalonga) que queda prendado de las “virtudes” de aquella y rápido le propone matrimonio.
Como ninguno de sus dos galanes ingleses da su brazo a torcer (Robert es muy azotado y reaccionario y además, ella le ha hecho bastantes trastadas, incluyendo lo imperdonable: abortar nada más por caprichito), Diana acepta y antes de que puedas decir¡Zúngulu! se casa con el príncipe, quien a su vez revela su secreta intención: lo que quiere es una mujer bonita que pueda usar y una madre instantánea para sus siete hijos (Ecos de la Novicia Rebelde). Como es natural, Diana se alborota y descubre que no es una mujer, tan sólo es un objeto y al descubrirlo, se siente destrozada y pese a su ropa bonita y maquillaje perfecto, llora y llora.
Ya es tarde para arrepentirse. Sus “pecadillos” los paga quedándose con lo que decía ambicionar, aunque acaba vacía por dentro, devorada por el estéril lifestyle que creía querer más que nada en el mundo.
Por su brillante actuación, que va más allá de la superficie de un personaje por naturaleza superficial y banal, la magnífica Julie ganó el Oscar de 1965 a la mejor actriz y demostró, con creces, que era mucho más que una cara celestial. Pronto seguirían algunas cintas que la coronaron como uno de los íconos más importantes de la cinematografía de los 60 y 70.
No hay que dejarse engañar por el título. Esta no es una historia de amor y está claro desde las primeras escenas. Más bien se trata de un estudio frío y brutal, de la “gente guapa”, la que se esfuerza por que todo sea perfecto y de buen gusto, pero que está atascada en la mengambrea de la hipocrecía y su propia vanidad. El que la heroína sea una mujer fatua, manipuladora y finalmente patética, da un cariz totalmente distinto a lo que uno esperaría fuera una película ordinaria de su momento histórico.
Dirk Bogarde está magnífico en su papel de Robert Gold, donde Laurence Harvey, como el “Frankenstein” Miles (finalmente él es quien ayuda a crear al hermoso monstruo) da una interpretación glacial y amoral que ayuda a establecer el ritmo de la trama.
Acaso Darling es una especie de fábula: ten cuidado con lo que deseas y con las cosas que haces para obtenerlo. Podrías sacarte el tigre en la rifa y luego no saber qué hacer cuando éste te dé el primer zarpazo y te destroce.
Este clásico del cine moderno, dirigido con clase y elegancia y sin concesionespor el magnífico Schlesinger, sobre un guión de Frederic Raphael merece ser redescubierto y ahora que ya existe en la magia del DVD,¡hay que verlo! No sólo como un cuento de hadas cínico.
Como heroína de lo amoral, Julie Christie ofrece a la cámara su delicado rostro en una elegante y fastuosa interpretación que llena de luz la pantalla… Puesto que sus pasiones son meramente superficiales, su tragedia resulta por tanto, banal. Pero, cada movimiento de su melena rubia, cada sonrisa de en su boca, relega todo lo demás a un segundo plano. Su arrolladora presencia, junto con el refinado seguimiento del director de la evolución de una seductora, hacen de Darling una película irresistible.