DOCE DEL PATÍBULO (The Dirty Dozen)

Película estrenada entre 1965-1967

Director: Robert Aldrich. 1967. EE.UU. Color

Intérpretes: Lee Marvin, Ernest Borgnine, Charles Bronson, John Cassavettes, Richard Jaeckel, Robert Ryan, Telly Savalas, Donald Shuterland, Jim Brown


El comandante Reisman es un oficial estadounidense que se ha distinguido en la campaña de Italia, durante la II Guerra Mundial. Su mayor virtud, sin embargo, no es la disciplina. Este hecho le condiciona a no mantener buenas relaciones con los militares de alto rango, todos ellos demasiado conservadores.


Podria ser peor


“Piensan que el ejercito de los EE.UU. es su enemigo, y no los alemanes”
(Mayor Reisman)

Los Doce Sucios, más conocido en su traducción al español como Doce del Patí­bulo, es un simple filme de aventuras bélicas, con esporádicos toques de humor, bastante violencia y balas mas una tí­mida critica anti-militar. El argumento y las conclusiones son ligeras, y dándonos bastantes vueltas y raspando en las excesivas dos horas y medias de metraje podemos llegar a cuestionamientos más o menos sobrios. ¿Pero el tratamiento? Quizá ahí­ mi inconformidad, la poca o nula conclusión que ejercen los altos mandos hacia el final es lo que se hace falta. Gran falta. Por ello más la nula visualización de los nazis, que alguien puede decir que es innecesaria, hace que la misión suicida y la lucha fraternal de esta docena de renegados sea de fácil cometido y deje vací­os en el sentido de su conflicto interno como soldados-condenados.

¿Pero cuál era el objetivo de este filme? Entretener solamente ¿Cual es la idea a comunicar?; ¿Los Estados Unidos sólo ganan guerras cuando usan al ciudadano de la peor calaña y sobre todo a inmigrantes?; vemos un polaco, un negro, un par de latinos, un puritano y unos cuantos al azar. ¿El mejor ejército aliado esta conformado por héroes de la sociedad desecha? ¿O que el gobierno necesita explotar con la excusa ser antisociales, desadaptados o renegados?

¿Lo mas glorioso del triunfo aliado está en manos de psicóticos y marginales que unidos, premiados y educados por un general vencen para luego ser premiados con una vida de inválidos?

Veamos de qué trata.

Estamos en 1944, y a un cuestionado mayor Reisman se le asigna el Proyecto Amnistí­a, en el cual debe entrenar en un par de semanas a un grupo de soldados indisciplinados condenados a muerte entre otras penas, para luego viajar a una campiña francesa donde tendrán que entrar a un fortificado e inexpugnable castillo ocupado por los nazi y matar a todos los oficiales que puedan. Y claro, con el trato de que si cumplen exitosamente con la misión, serán absueltos de sus respectivas condenas.


El inicio realmente prometí­a, la ejecución inicial bordea la tragicomedia. La actitud reticente y los roces entre el mayor Reisman con sus superiores es impecable, la presentación de los condenados junto a los créditos no es menos que altamente rescatable y original. Sin duda esta lograda toda su introducción y el posterior desarrollo de las personalidades de “algunos” de los más trascendentes personajes. Luego del entrenamiento, el humor sesentero, los roces con Franko, las finas prostitutas, todo se encamina a la misión, hasta que flaquea con la secuencia de “el simulacro de misión” o WarGames de rigor. Esa secuencia detiene todo el desarrollo progresivo y si supuestamente demuestra el fiato del grupo de individuos que en un comienzo despreciaban toda actitud benevolente y esperanzadora, va mas en detrimento del ritmo y tono supuestamente serio que necesita la comprensión de lo importante de la misión. No dudo de que el sonso humor de Doce del Patí­bulo es un factor que entorpece en demasiada medida lo rescatable del filme.

Es un filme “mainstream” (convencional). Ni de allá ni de acá, poco comprometida de forma categórica y sin punto de vista demasiado critico, es todo lo contrario de un filme sesentero, no cabe en ninguna época y sus personajes son individualizados con relativa personalidad en un comienzo, pero poco a poco van decantando en actitud.


El único que merece la pena de reconocimiento en su tratamiento, es Maggot (¿Gusano?) por Terry Savalas, un maniaco religioso misógino al que no dejan de ponerle trabas a su dogma a lo largo de la pelí­cula. De los demás pocos cí­rculos se cierran, estamos lejos de ver militares convencidos de su misión suicida que logran perfectamente con algunos muertos, una tí­pica pelí­cula ni muy norteamericana ni muy inglesa.

De la 2 horas y medias, ¾ del metraje es la supuesta preparación que deben sortear nuestros héroes para la última media hora entrar fácilmente a la fiesta con cero vigilancia, pero a la hora de comenzar la balacera, apareciendo todos los francotiradores y el arsenal nazi. Un lenguaje pobre, ruidosamente filmado, con momentos claves de tensión falsos, como por ejemplo las gratuitas miradas del recepcionista, algo supuestamente debe hace pero no hace nada, nuestros convictos se pasean libres por los pasillos. Es más una crí­tica a la nula seguridad nazi, que al ejemplar desempeño de 12 soldados casi jubilados que en unas semanas de vuelven defensores de núcleo aliado.

Las supuestas analogí­as a los discí­pulos de Cristo son más que burdas y sobreinterpretativas.

No es entonces raro que la mayorí­a o únicos premios que recibió en la época hayan sido de edición, efectos especiales y de sonido, porque no hay más que eso. Puede ser un clásico de cine bélico, pero su tratamiento es débil en sus momentos de clí­max.. Casi propagandí­stico, y ni siquiera con decencia. El único mérito del filme se lo lleva Lee Marvin y John Cassavetes, los únicos personajes, sobre Charles Bronson es siempre desconcertante verlo fuera de un western. Donald Sutherland aún se estaba puliendo.

Se metieron estrellas a un colador, un director comercial, 20 millones de dólares y un contexto de bombas, y generales autómatas. Estuvo a punto de convertirse en una “loca ademia de policí­as”. Una lástima porque los primeros 20 minutos prometí­an.

Lo mejor de la pelí­cula es su trama en sí­ y lo que se puede sacar de ella. A un mando militar bastante insubordinado se le encarga una misión suicida para la que ha de reclutar a doce soldados condenados a diversas penas (entre ellas la de muerte) en sendos consejos de guerra. Es decir, se muestran diversas artimañas del ejército de los USA para el lavado de cara hacia la opinión pública estatal e internacional.

Por un lado, el ejército pretende mostrarse de alguna manera compasivo y bondadoso dentro de sí­ mismo, es decir, como visión enfocada hacia sus propios soldados. Están preocupados por la creciente insubordinación y deben dar una imagen renovada para calmar tensiones. El dar una nueva oportunidad a una serie de proscritos es un buen método, pues nadie más sabrá qué tipo de misión será.

Por otro lado, el hecho de que sea una misión suicida es el comodí­n de la jugada. Si se consigue cumplir la misión (la motivación que tienen los soldados es suficiente como para que puedan conseguirla o, al menos, avanzar mucho con respecto al objetivo), se logra avanzar en la guerra en unos sentidos no previstos en un principio. Si no se logra, se quitan un problema de encima como es el de juzgar y condenar (y muchas veces matar) a soldados propios que, además en muchos casos, eran reservistas que no querí­an estar en la guerra, evitando el escándalo público que supone este tema.

Luego lo que es el desarrollo de la pelí­cula tiene su atractivo, no tanto el tema de cómo les entrenan y cómo se desarrolla la misión (que tiene sus puntos de emoción) como el ver las relaciones interpersonales que se dan entre los doce y comprobar sus preocupaciones más inmediatas.

Sin olvidar que no deja de ser una pelí­cula bastante “americanada” y que más que la denuncia busca la aprobación, no deja de ser una notable pelí­cula dentro del género.

El coronel Reisman (Lee Marvin) es un veterano de la guerra, casi un héroe, con un expediente lleno de acciones heroicas, y demás hazañas aunque con graves faltas disciplinarias y desacatos a sus superiores. Es por esto por lo que algún oficial superior le manda una operación suicida que consiste en lo siguiente: Entrenar a doce ex-soldados que por diversos motivos se han convertido en convictos, para realizar una operación muy peculiar: Asaltar un palacio-fortaleza nazi, matar al máximo número posible de oficiales y altos mandos así­ como realizar los mayores destrozos posibles en la instalación. Al ser un lugar de descanso de los altos mandos alemanes es casi imposible no encontrar a alguna figura destacada del Führer en el dicho lugar.

Entre los doce seleccionados cabe destacar, chulos, medio tontos, retrógrados sexistas, asesinos e incluso algún que otro loco, de todos modos, el coronel Reisman no pierde la esperanza y entrena a los presidiarios con toda su í­mpetu y coraje.

Pero siempre hay algún entremetido, y en una fiesta con mujeres incluidas en el campo de entrenamiento donde Reisman y sus hombres entrenaban, aparece repentinamente un oficial, presuntuoso, con aire chulesco llamado Briggs. Este pide explicaciones al grupo pero al ser una operación secreta estos se niegan y forcejean con los soldados de Briggs. Así­ pues el coronel Reisman es llevado a la tí­pica riña de los superiores y cuando están a punto de abortar la misión y dar la orden de devolver a los convictos a sus respectivas prisiones y castigos, un oficial, no muy amigo de Briggs propone una especie de juego que consiste en enfrentar a los doce de Reisman contra los soldados de Briggs, finalmente triunfan los doce de Reisman y prosiguen su entrenamiento.

Tras duros meses de duro entrenamiento y severa disciplina, así­ como aprenderse de memoria el plan de ataque llega el gran dí­a y los 12 presos, Reisman y el jefe de la guardia de Reisman se lanzan en paracaí­das sobre la dicha fortaleza.

Una vez en la fortaleza, uno de los soldados (el maniaco sexual) que está en una habitación esperando a sus compañeros, mata a una pobre alemana y con el grito de esta la alarma salta en la fortaleza. Además por si fuera poco el dicho loco empieza a disparar a sus propios compañeros, pero finalmente es abatido por un disparo de el soldado de raza negra.

Pero el problema empieza con el dicho grito ya que la alarma al haber saltado llama la atención de multitud de soldados de bases cercanas y como es de imaginar empieza el tiroteo final. Tras varios minutos de lucha, los estúpidos oficiales alemanes se esconden en un subterráneo, pero Reisman ordena a sus soldados que llenen el habitáculo de gasolina y explosivos desde una especie de chimenea. El asalto final termina con la explosión del subterráneo así­ como de la fortaleza que no aguantarí­a la explosión del subterráneo.

Entonces los apenas seis soldados restantes escapan en un semioruga (mezcla de coche y tanque) y en una lancha pero de los seis solo sobreviven 3 que como seria de imaginar son el coronel Reisman, el jefe de la guardia de Reisman y Millow (el soldado más destacado del grupo) los restantes soldados (Frankie, Robert, Sanson, Bernard, Klen, Sanson, Set, Archer, Pedro, y Tason) morirí­an en el asalto final.

Cabe destacar de la pelí­cula los efectos especiales, que para ser de 1967 son más que magní­ficos, un guión excelente, y un humor que abunda en toda la pelí­cula. La mejor interpretación es la de Lee Marvin como el coronel Reisman. La pelí­cula ganó 1 Oscar (efectos sonoros).

Sin ser analizada en profundidad por la crí­tica del momento -al menos por la española, que vio en el trabajo de Aldrichun logrado efecto de superproducción al uso- Doce del paí­tbulo fue un éxito inmediato y perdurable, que dio paso al subgénero de “misiones imposibles” cultivado con preocupante entusiasmo por las cinematografí­as de ambos lados del Atlántico.


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