Director: Stanley Donen. 1967. G.B. Color
Intérpretes: Audrey Hepburn, Albert Finney, Eleanor Bron, William Daniels

Un viaje de Londres a la Riviera francesa hará que Joanna y su esposo Mark revivan los románticos comienzos de su relación, los primeros años de su matrimonio… y sus respectivas infidelidades. El tiempo ha transcurrido y ellos han cambiado, por lo que se enfrentarán al reto de aceptarse mútuamente y revivir su antiguo amor.

Original crónica de un amor que no se conforma con el “fueron felices y comieron perdices”, sino que muestra de forma fragmentaria las sucesivas etapas de un matrimonio con varias líneas narrativas que van saltando en el tiempo de forma desordenada, cada una correspondiente a un momento concreto en la vida de la pareja protagonista, entremezclándolas y formando un mosaico irregular. Enamoramiento, distanciamiento, éxito profesional, infidelidad, rutina…
Estéticamente también fue novedosa y, aunque ahora corra el riesgo de parecer superada al estar muy enclavada en los 60, creo que el fondo y la forma terminan encajando. Pese a esto no niego que quizás el conjunto haya perdido algo de frescura (algunos momentos son francamente intensos pero otros han envejecido mal).
Altamente recomendable en todo caso, sobre todo por el tono nostálgico que atesora (es imposible no sentir el tiempo posado en uno mismo y en el compromiso amor-odio/diversión-hastío con el que nos gusta vincularnos). Y en ese poso melancólico que deja tienen mucho que ver la fotografía y Mancini y su estupenda partitura, una vez más.
Más accesible que otras películas sobre el tema (es también una gran comedia) y, en apariencia, menos sincera. Pero creo que es eso, una apariencia.



Me gusta esta película ya que demuestra que un matrimonio normal y corriente puede volver a perdurarse su amor si se esfuerzan al máximo para quererse desde el primer día. Y sobretodo aceptarse el uno al otro tal como es, sin necesidad de querer hacerlo cambiar.