EL DORADO

Película estrenada entre 1965-1967

Director: Howard Hawks. 1967. EE.UU. Color

Intérpretes: John Wayne, Robert Mitchum, James Caan,


Un conocido pistolero a sueldo llamado Cole Thornton (John Wayne) se aliará con su antiguo compañero J. B. Harrah (Robert Mitchum), quien ahora ocupa el cargo de sheriff de El Dorado, para mediar en una reyerta entre rancheros.


El Dorado es una de las producciones menos satisfactorias del gran director Howard Hawks, un western que no es más que una revisitación de su estupenda pelí­cula Rí­o Bravo, dirigida ocho años antes.

El estilo “invisible”, que acuñara Andre Bazin para la clásica narrativa de gente como John Ford o Howard Hawks, sigue retratando a la perfección la interacción hombruna tan caracterí­stica de las historias del autor americano, exponiendo unos personajes añosos y achacosos, pero fracasa en la perforación de esas ligazones personales para introducir plenamente al espectador dentro de la tensión interna de un relato escrito por Leigh Brackett, quien adapta una novela de Harry Brown titulada “The stars in their courses”.

El conjunto del filme carece de la fuerza que presidí­a las conexiones emocionales y situacionales de Rí­o Bravo. El poderí­o estelar del dúo Wayne/Mitchum no está suficientemente explotado e incluso se añora la presencia del ebrio Dean Martin de la primera cinta.

Un joven James Caan está bastante correcto en su papel, y aunque no canta tan bien como Ricky Nelson (su equivalente en Rí­o Bravo), sí­ recita unos versos del gran literato Edgar Allan Poe sobre la búsqueda del Dorado.

En conjunto, la pelí­cula, que diatriba de manera cí­nica sobre la vejez, la degeneración fí­sica y la autoestima personal, es un filme irregular y supone un tí­tulo menor en la espléndida filmografí­a de uno de los nombres esenciales del cine americano.



El Dorado de Howard Hawks es un remake de otra pelí­cula del mismo director dirigida casi 10 años antes llamada Rí­o Bravo. Tanto el tema como la casi totalidad de los personajes de la primera pelí­cula están presentes en este remake. John Wayne en esta pelí­cula interpreta a Cole Thornton, un pistolero a sueldo pero con principios, en la anterior versión era el sheriff John T.; Robert Mitchum es el sheriff J. P. Harrah mientras que en la anterior versión era Dean Martin el que interpretaba al (también un borracho) ayudante del sheriff Dude. El otro personaje principal en la pelí­cula es James Caan (Mississippi) cuando en la versión inicial era Ricky Nelson (Colorado); en cuanto a la protagonista femenina en esta ocasión es Charlene Holt, que interpreta a Maudie mientras que anteriormente era la genial Angie Dickinson la que interpretaba un papel casi igual. Por copiar se copia incluso el personaje del viejo ayudante del Sheriff que en Rí­o Bravo era Walter Brennan y en El Dorado es Artheu Hunnicutt. Pero no sólo los personajes son los mismos sino que además la situación es idéntica, un puñado de hombres que quieren liberar de prisión al terrateniente poderoso por la fuerza, y un grupo reducido de hombres (4 en ambas pelí­culas) tienen que hacer frente a toda la fuerza que el dinero puede llegar a comprar.


Visto más o menos lo que se mantiene de la primera pelí­cula pasemos ahora a las modificaciones que se producen en el guión y en los personajes nuevos que aparecen en esta ocasión. Por lo pronto aparecen personajes enfrentados por el acceso tener acceso al agua. En la anterior ocasión el enfrentamiento habí­a sido mucho más accidental, mientras que ahora se busca un enfrentamiento por obtener las tierras. En la pelí­cula se introducen además personajes como el pistolero Nelse Mcleod que le da mucho juego a la pelí­cula, y toda una familia que defiende sus tierras del terrateniente que se las quiera arrebatar por la fuerza.


Además de estas mí­nimas variaciones en personajes hay también cambios notables en el ritmo de las dos pelí­culas. En la primera de ellas el ritmo interno aunque alto (como siempre en Hawks) sigue unos trazos lineales muy bien estudiados y de una gran continuidad, cada secuencia conduce inevitablemente a la siguiente. Aquí­ es donde se produce la principal variación entre ambas versiones porque en El Dorado el ritmo es mucho más acelerado y a la vez la pelí­cula va como a tirones, las secuencias se suceden de una manera mucho más deslavazada y no hay tanta unión entre unas y otras sino que en muchas ocasiones las cosas suceden y no hay imágenes que nos lo muestren sino que son los diálogos ya a toro pasado los que nos ponen al corriente. Pongamos por ejemplo un punto común en ambas versiones. En la primera Dean Martin empieza la pelí­cula siendo un borracho (por cierto, genial secuencia en la que nos muestran el estado de Martin sin ningún diálogo justo al comienzo de la pelí­cula) y lo que muestra la pelí­cula es toda la evolución de ese personaje desde el principio hasta el final de la misma, mientras que en El Dorado su personaje análogo Robert Mitchum no es ningún borracho cuando empieza la pelí­cula pero sin embargo nos enteramos con un diálogo entre Nelse y Cole que se ha convertido en un borracho, han pasado unos cuantos meses sin imagen ninguna imagen y la estructura de la pelí­cula ha cambiado por completo. No digo que una cosa sea mejor que la otra porque por ejemplo ese esquema lo utilizó Ford en una de sus obras maestras llamada Centauros del desierto (aunque las secuencias se separaban por mucho tiempo los personajes siguen una evolución paulatina y contí­nua), pero en este caso Hawks no ha conseguido el mismo nivel de intensidad, quizás por un guión menos elaborado y profundo que el de Ford. Sigamos con lo que comentábamos antes, mientras que la primera versión era mucho más constante y equilibrada en esta ocasión la pelí­cula vive de la fuerza de cada secuencia en particular, se ha construido una pelí­cula mucho más hacia momentos puntuales que a mantener una lí­nea clara. Es decir se opta más por incluir picos de gran interés sacrificando la estructura interna que por lo que abogaba la primera versión que se basaba en una estructura interna ejemplar en la que quizás no habí­a tantos momentos culminantes fácilmente apreciables en favor de conservar una lí­nea argumental constante y sostenida, sacrificando a veces algún momento pero consiguiendo deslumbrarnos gracias a esa tensión sostenida con alguna secuencia de un poder enorme como por ejemplo el momento en el que sitiados en la cárcel Martin y Nelson empiezan a cantar. El intento de conseguir una mayor fuerza en las secuencias de El Dorado a costa de perder el ritmo narrativo no sólo conduce a una pelí­cula con más altibajos sino que además no alcanza la intensidad de alguno de los momentos de Rí­o Bravo como los que comentábamos antes. A pesar de eso es entendible que Hawks variara la estructura de la pelí­cula, porque para dirigir la misma pelí­cula de la misma manera dos veces seguidas no debe haber mucha motivación.


Las interpretaciones comparando las dos versiones son en general son favorables a la primera. El personaje que interpreta John Wayne es el más regular, en ambas pelí­culas está a muy buena altura, como siempre en estos papeles que él tanto domina, aunque sólo sea por escuchar la voz de Wayme merece ya la pena la escucha de la versión original. Fijaros en como sale a caballo del rancho de Jason, marcha atrás con un domino del espacio magní­fico, da toda la impresión de ser todo un jinete del oeste. El personaje de Robert Mitchum pierde bastante en comparación con el de Dean Martin, no porque sea un mal actor sino porque la profundidad que desde el guión se le ha dado al personaje de Martin es infinitamente mayor a la que ha tenido el de Mitchum. Donde más se nota el bajón para mi gusto es en el personaje femenino principal que pierde todo el talento y la fuerza de Angie Dickinson que lo bordaba en Rí­o Bravo. En cuanto al viejo simpático ayudante del Sheriff en la primera ocasión era Walter Brennan y ahora Arteu Hunnicutt, y aunque a simple vista no cambien mucho hay que tener en cuenta que en El Dorado este personaje resulta del todo forzado, como introducido con calzador mientras que en Rí­o Bravo todo iba sobre raí­les, y además Brennan es un pedazo de actor, muy pero que muy superior a Hunnicutt.

Para destacar una parte de la pelí­cula me gustarí­a recordar la escena en la que Wayne y Cann montan juntos a caballo mientras se dirigen hacia El Dorado para ayudar a su amigo mientras Cann recita un poema, seguidos por un suave pero elegante travelling de cámara. Magní­fica escena.

Años más tarde Hawks rodarí­a Rí­o Lobo, otro remake mucho más flojo sin duda que los dos anteriores. Sin más historia.

No hay que confundirse con el comentario, porque a pesar de ser una pelí­cula sensiblemente inferior a Rí­o Bravo, El Dorado no es una mala pelí­cula en absoluto, yo incluso dirí­a que es notable, lo que pasa es que compararla con una obra maestra es demasiada comparación y desde luego no sale bien parada. Ahora bien, como pelí­cula independiente de la anterior es realmente buena y muy recomendable. No todos los dí­as se hacen obras maestras, pero mientras las más flojas sean tan brillantes como El Dorado qué más podemos pedir.

Lo que me gusta es la forma sólida de la pelí­cula, sus colores intensos, la atmósfera densa. Se huele el humo de la pólvora, el polvo de la calle, el whisky y los caballos salvajes.


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