Director: Blake Edwards. EE.UU. 1968. Color
Intérpretes: Peter Sellers, Claudine Longet, Marge Champion, Steve Franklin

Hrundi V. Bakshi es un patoso actor de origen hindú que se encuentra rodando una película en el desierto. Sus continuas meteduras de pata le llevan a ser despedido del rodaje. Curiosamente recibe la invitación a una fiesta organizada por el productor de su última película. En la fiesta todos parecen felices, pero Hrundi no conoce a nadie y ante tanta sofisticación social, empezarán a sucederse curiosas situaciones. Planteada como un puro entretenimiento, en la que se suceden los gags; las revisiones incluso la benefician.

Una disparatada comedia que goza de todo el carisma y despliegue histriónico de Peter Sellers. Un filme que comienza con una propuesta entretenida y auspiciosa, pero que en determinado momento decae en intensidad y por ende en su efectividad humorística por resultar redundante y tosca en sus “gags”. A ello se le suma la ausencia de una historia bien concebida en detalles que verdaderamente interese, más allá del absurdo que por momentos funciona.
La cinta se transforma en una sucesión de enredos, idas y vueltas que al principio resultan divertidas y ocurrentes manteniendo con una sonrisa al espectador, pero con el transcurrir del metraje las variantes se tornan reiterativas hasta llegar a un alocado desenlace donde se nota la improvisación del guión.
Una cinta de a ratos burlesca, con una banda sonora fresca y desenfadada que acompaña sutilmente las alternativas y con el agregado especial de la belleza estética en pantalla de la parisina Claudine Longet. No obstante no llega a consolidarse a mi criterio como una película que promueva indefectiblemente a la carcajada continua

Un clásico de la comedia
El guateque es de las mejores películas de humor que se han hecho. Humor para partirse de risa, humor que es constante y casi no deja respirar. Por su puesto, siempre habrá a quien no guste este filme, pero es lógico. También hay gente que se muere de risa viendo bromas deshumanizadoras hacia sus semejantes novatos, tanto en las universidades, como en los grupos profesionales, también en los ejércitos, etc., y a mí en cambio ese tipo de humor no me hace ninguna gracia. Además, no es lo mismo ver una película como ésta, de niño o joven, como la vimos muchos, tiempo en que el organismo está mucho más predispuesto a la risa y al jolgorio, que verla por primera vez con edad ya madura, donde el cuerpo ya no cuenta con la mismas ganas de reírse y puede caer como una cinta sosa. Pero objetivamente, de sosa nada, tiene mucha sal humorística y de excelente calidad.
Blake Edwards, se inspiró y copió bastantes elementos y caracteres expuestos diez años antes por Jacques Tati en Mi tío, cinta francesa que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera en el año 1958. Pero Edwards los acentuó y mejoró con la ayuda de Peter Sellers, que sin duda, en este papel de hindú emigrado a la industria del cine en los EE.UU., borda una de sus más cautivadoras interpretaciones provocadoras de que nos riamos con pasión e intensidad.

Magnífica película de Blake Edwards, que se inicia con una hilarante parodia/tributo al famoso título de aventuras de George Stevens Gunga Din (1939).
El protagonista es el irrepetible Peter Sellers, actor fetiche de Edwards y principal valedor de sus mejores trabajos cómicos.
De nuevo retoma la caracterización torpe e inocentona de Clouseau para recrear con agudeza, elegancia y sarcasmo un cínico muestrario de personajes que conforman los estudios cinematográficos: productores, directores, estrellas consagradas y starlettes.
Lo parte más destacada de esta comedia es su primera hora, en la cual a base de tomas largas y pausadas, Edwards y sus co-guionistas Frank y Tom Waldman, nos permiten rememorar “gags” deudores del cine mudo, carcajearnos con sus ingeniosas situaciones de “slapstick” y escuchar templados pero sagaces diálogos, envueltos en ocasiones en gradación absurda y surrealista.
Peter Sellers, como siempre, está espléndido y ofrece una lección de cómo evitar la sobreactuación en un personaje propenso a ella, y el genial Henri Mancini nos vuelve a alegrar los oídos con sus sonidos, penetrada en su esencia de “lounge music” por los sonidos psicodélicos dominantes de la época, manifestada en la exaltación lisérgica de su clímax.