Director: Tony Richardson. 1968. G.B. Color
Intérpretes: Trevor Howard, Vanessa Redgrave, John Gielgud, Jill Bennett, David Hemmings, Harry Andrews, Ben Aris

El capitán Nolan, procedente de la India, se incorpora al regimiento de Lord Cardigan. Considerado un oficial de inferior categoría por sus compañeros, Nolan mantendrá continuos enfrentamientos con Lord Cardigan a causa de su despótica actitud. En la guerra de Crimea, en pleno asedio de Sebastopol, tendrá lugar una fiera batalla.

Remake de La carga de la brigada ligera (1936). Dirigido por Tony Ridhardson, se basa en hechos de la Guerra de Crimea (1853-56). Se rodó en Black Park y Greenwich (Inglaterra), con un presupuesto estimado de 8 millones dólares.

La acción tiene lugar en Inglaterra y en Crimea en 1850-54. Culmina con la participación de la Brigada de la Caballería Ligera, cuerpo de élite del Ejército británico, en la batalla de Balaklava (25-X-1854). Narra la historia del capitán Louis Edward Nolan (David Hemmings), procedente de las fuerzas destacadas en la India, hecho por el que se le considera persona inferior y es tratado como tal. Se ve hostigado, sobre todo, por Lord Cardigan (Trevor Howard), arrogante jefe de la Brigada. Traba amistad con el capitán William Morris (Mark Burns) y con su esposa, Clarissa (Vanessa Redgrave). Entre los tres se establece un triángulo amoroso.
La película explora con ojo crítico la sociedad victoriana, el Imperio británico, la Guerra de Crimea y, por extensión, todas las guerras. Es una pieza antibelicista y antimilitarista, al gusto del público de la segunda mitad de los 60, muy sensibilizado por los errores y excesos de la guerra de Vietnam. Las películas antibelicistas se dividen en varios grupos: explican la crueldad y los horrores de la guerra (Black Hawk derribado, 2001), muestran los estragos en la población civil (Ángeles perdidos, 1948), glosan las secuelas de las heridas físicas (El regreso, 1978), se refieren a las secuelas psicológicas o a la inadaptación social de los que han intervenido en ella (Un lugar en la cumbre, 1959), hablan de los intereses espúreos que ocultan, satirizan la guerra (MASH, 1970) o denuncian la ineptitud, los errores, la crueldad y la arbitariedad del mando. En este último apartado se incluyen Senderos de gloria (1957) y La última carga (1968). √âsta ofrece una combinación de imágenes de lucha, arrojo, sacrificio y muerte, con imágenes del desconcierto, errores, torpezas e irresponsabilidad del mando, que resulta escalofriante. Para España la Guerra de Crimea tuvo consecuencias positivas. La producción cronicamente excedentaria de trigo encontró salida en el mercado internacional a buen precio. De ahí que se acuñara la expresión “Agua, sol y guerra en Sebastopol” como referencia a las bendiciones necesarias para una buena cosecha.
La música, nominada al Anthony Asquith Award, combina fanfarrias marciales, melodías dramáticas y aires heroicos. La fotografía acusa la brillantez propia de su autor, David Watkin (1985, Memorias de África). El guión construye una sátira dramática. Las interpretaciones de Howard y Gielgud brillan por encima de las demás. La dirección realiza una ambientación muy cuidada y ocupa a más de 600 extras a caballo en la escena final.
Película aclamada por el público de la época, algo devaluada por el paso del tiempo. Pese a todo, interesante y recomendable.
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La guerra de Crimea entre británicos y rusos, con la célebre y desigual carga. Y es que un ataque de caballería contra una posición de artillería, por muy valerosos que sean los jinetes, no tiene muchas posibilidades, ni aquí ni en Sebastopol. La mirada de Tony Richardson a los hechos está lejos de las consideraciones heroicas y más cerca del cinismo al mostrar a unos oficiales inexpertos que se dejan dominar por los celos. En el reparto, muy “british”, destaca el trabajo de sir John Gielgud, que encarna a un oficial algo senil.

La Carga de la brigada ligera fue una desastrosa carga de caballería, dirigida por Lord Cardigan en el curso de la Batalla de Balaklava el 25 de octubre de 1854 durante la Guerra de Crimea. Ha pasado a la Historia como tema de un célebre poema “La carga de la brigada ligera” de Alfred Tennyson, cuyos versos “No hay ninguna razón / sólo hay que actuar y morir”[] han hecho de esta carga un símbolo de lo absurdo de la guerra.

Extraordinaria producción del año 1968 que aborda con criterio y el necesario coraje la crueldad irracional subyacente a todo conflicto bélico, especialmente cuando la confrontación parte de la interacción entre oscuros determinantes sociohistóricos, económicos y culturales de difícil comprensión y esclarecimiento para quienes sufren como víctimas o como verdugos la explosión de la barbarie. El escenario del horror elegido para la ocasión es la sangrienta Guerra de Crimea (1854-1856), más concretamente centrado sobre la batalla directa librada por ingleses y rusos en el infernal asedio de Sebastopol. Allí tuvo lugar la atroz Batalla de Balaklava, famosa por haber constituido para la brigada ligera británica una severa y contundente derrota, y cuyo desarrollo obedeció a factores de imprevisibilidad y negligencia dignos del mejor humor surrealista.
¿Por qué esta desastrosa guerra supuso un punto de inflexión tan importante para el imparable progreso en el sendero de la infamia? Para entenderlo, cosa que la habilidad del guionista Charles Wood simboliza perfectamente en los ajustados trazos animados que son intercalados con perfecto sentido narrativo, es preciso hacer una breve reconstrucción histórica de los hechos.
Por aquel entonces la Rusia del zar Nicolás I seguía considerándose sucesora del imperio romano de oriente y estaba empeñada en terminar de una vez por todas con la vigencia del imperio otomano representado por Turquía, reconquistando para ello el Estrecho del Bósforo y parte de Asia Menor. Al estallar definitivamente el conflicto entre los dos países, Inglaterra, Francia y Cerdeña se movilizaron acudiendo con celeridad¡en apoyo de la nación islámica! Ante lo cual cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Por qué? O lo que es lo mismo, ¿cuál es el sentido de ese apoyo inglés otorgado a Turquía con el objetivo de impedir el triunfo cristiano sobre el Islam?¡Qué curiosos giros da la historia! ¿Tal vez tuvo algo que ver su propio interés en lograr el apoyo islámico para así poder mantener libres las rutas marítimas y terrestres que les permitiesen asentar en los extremos más orientales de Asia su “imperio del opio”? Lo cierto es que Sebastopol será conquistada por los aliados en 1855 y la paz negociada en 1856 gracias a la firma del Tratado de París.
¿El auténtico valor de la contienda? La historia se repetiría pocos años después con el zar Alejandro II. ¿El auténtico significado humano? En opinión del historiador David Murphy “durante la guerra de Crimea, el mundo dio un paso hacia la idea de guerra total, y fue un caso en el cual las “poblaciones civiles” de las naciones beligerantes fueron vistas como “blancos legítimos”. El balance de muertos arroja una monstruosa estadística del horror: los rusos perdieron más de 450.000 hombres en este conflicto, mientras que la bajas francesas y turcas fueron aproximadamente, en cada bando, de 95.000, perdiendo finalmente los ingleses alrededor de 22.000 efectivos.
Pero el dato más espeluznante es que el 80 por ciento de estas muertes fueron causadas por el cólera y el tifus, cuyos efectos se multiplicaron exponencialmente por la ineficacia operativa a la hora de atender a las tropas heridas en combate. Un verdadero infierno. Y todo ello se intuye desde la dura e implacable mirada de Richardson, que una vez se ha infiltrado con irrevocable decisión en las diferentes actitudes de los personajes protagonistas (excelente la composición del autócrata militar efectuada por Trevor Howard en la piel de Lord Cardigan), sintetiza la confusión bélica como si de los primeros corresponsales de guerra, los irlandeses William Howard Russel (The Times) y Edwin Lawrence Godkin (Daily News), se tratase, verificando para la atónita mirada del espectador el nuevo teatro de operaciones constitutivo de la que para muchos es sin duda la primera guerra moderna de la historia, puesto que ese escenario de dolor y muerte vendrá marcado por el uso iniciático de los rifles de cañón estriado, los proyectiles explosivos de largo alcance, las minas subacuáticas en el Mar Báltico y los barcos acorazados, estando a su vez dominado en todos sus puntos estratégicos por el uso masivo de las trincheras y la utilización de medios de locomoción (trenes) y aéreos (globos aerostáticos) con fines destructivos. No hay salvación posible. Tampoco justificación ideológica, civilizadora, religiosa o de cualquier otro tipo que pueda enmascarar el hambre salvaje de poder y dominación que alienta siempre la voluntad cruel de la guerra.
Tan sólo el arte puede librar el combate de la razón antibelicista mediante las armas de la inteligencia y la sensibilidad. El propio León Tolstoi ya dejó constancia en sus “Cuentos de Sebastopol” de los sufrimientos de las tropas rusas durante los 11 meses del sitio aliado. Richardson ha hurgado con el arte de su imagen en la conciencia mesiánica y arrogante de los hombres y lo que ha evidenciado con sagaz inteligencia no es otra cosa que la ladina maquinaria subyacente a todo el supuesto progreso humano: las certezas inamovibles del hoy son los errores incuestionables del mañana. Un trabajo preciso, descarnado y siempre necesario. Lobos devorando lobos.
La primera película del tema fue La Carga de la brigada ligera (1936, Michael Curtiz), con Errol Flynn, Olivia de Havilland y David Niven, es una visión “hollywoodiense” inspirada en Rudyard Kipling, imagen mítica del imperialismo británico.
La segunda, fuertemente crítica, La última carga, (1968, Tony Richardson), con John Gielgud, Trevor Howard y Vanessa Redgrave, y pretendía ser brutalmente auténtica, basándose en las investigaciones de Cecil Woodham-Smith en The Reason Why (1953). Animaciones contemporáneas, en el estilo del Punch Magazine e ideadas por los Monty Python, conformaban una introducción de la película para informar a la audiencia estadounidense de la política británica. Contrastaban con la meticulosa dirección artística de Edwad Marshall y la cinematografía de David Watkin.
El grupo psicodélico de Pearls Before Swine graba un disco titulado “Balaklava”, inspirado por los acontecimientos de la carga.
El grupo de heavy metal Iron Maiden escribe igualmente una canción sobre la carga, The Trooper, en su disco Piece of Mind. El videoclip de la canción contiene imágenes de la película de 1936 dirigida por Michael Curtiz.
George MacDonald Fraser utiliza la campaña de Crimea y la carga en su novela histórica en la serie de “Flashman” Flashman at the Charge.
Un verso del poema es parafraseado en un mensaje criptográfico del almirante Chester Nimitz durante la batalla del Golfo de Leyte, que tuvo lugar el día del 90 aniversario de la carga.