LA VERG√úENZA (Skammen) (Shame)

Película estrenada entre 1968-1969

Director: Ingmar Bergman. 1968. Suecia. B/N
Intérpretes: Liv Ullmann, Max von Sydow, Gunnar Bj√∂rnstrand, Vilgot √Öman, Birgitta Valberg, Sigge F√ºrst, Frank Sundstr√∂m,
Ingvar Kjellson


Bergman, ese detective del interior de los sentimientos del alma humana, que llega a veces a lo casi insoportable (Gritos y susurros), a lo teatral (Tres mujeres), a lo sobrenatural (El séptimo sello) o a lo psicológico (De la vida de las marionetas) translada aquí sus pasiones a dos personajes. Y la guerra, elemento mortal y vergonzante creado por los hombres, le sirve de pretexto para desarrollar una mirada tremendamente solitaria sobre la existencia y las relaciones de pareja. Esa mirada plagada de desasosiego pero plena de luz cinematográfica convierte a la película en un inigualable tratado sobre la crudeza de la guerra. ¿Alguien sabe de una película que trate sobre la guerra con tan pocos personajes y tan pocas muertes? No es lo que se ve, da más miedo lo que sigue. Y lo que sigue al final es, simplemente la nada.es una obra maestra.


Una de las escasas películas con trasfondo político de Bergman. Cruda visión de la guerra lograda sin grandes dosis de espectacularidad. No hay batallas, no hay casi artillería, ni muchas muertes, pero no por eso es menos dura. La guerra de la verg√ºenza no es una guerra concreta, es la guerra como concepto, como abstracción, no sabemos quién es el enemigo, ni quién el aliado. Solo vemos gente violenta que usa la violencia, mata, coarta, amenaza, impone. Una guerra que salpica al matrimonio formado por Ullmann y von Sydow, sacando lo peor de ellos, como lo hace de las personas en general, trasladando la guerra exterior a una interior, la que vive la pareja contra sí misma. En un vía crucis donde la pareja se va degenerando hasta el terrible final. Verg√ºenza la de la guerra, pero verg√ºenza la de ella, verg√ºenza la de él.
Como en todas las películas de Bergman el reparto al completo está extraordinario, especialmente los habituales von Sydow, Ullmann y Bj√∂rnstrand. La fotografía de Nykvist en blanco y negro logra un tono tétrico devastador, con los claro-oscuros sobre los paisajes desolados, derruidos, de la isla. Con una violencia formal terrible, no solo por la violencia física, que también, sino por lo agresivo de los encuadres, los planos cortos con mucho movimiento interno, la brusquedad del montaje o lo lúgubre de los espacios.

El tema político está ausente en la filmografía de Bergman salvo en esta película, en la que aparece como trasfondo.
Realmente el tema que trata no es inédito en su filmografía: las relaciones de pareja, lo que pasa es que el contexto sí es novedoso: el de la guerra. Se analiza la evolución de un matrimonio desde que estalla una guerra hasta que acaba. No hay imágenes de batallas, ni demasiadas muertes, ni apenas personajes. Tampoco sabemos dónde transcurre exactamente, ni quiénes son los bandos beligerantes. Da igual para el propósito del director.
A Bergman le interesa mostrar cómo influye este horror en la relación de dos personajes, perfectamente encarnados por dos actores que están extraordinarios (Max Von Sydow, y-sobre todo-la maravillosa Liv Ullmann). La guerra les hace sacar lo peor de ellos mismos, hasta el punto de sentir VERG√≠≈ìENZA de su propia decadencia.
Hay escenas, con todo, espeluznantes, por ejemplo cuando se llevan al matrimonio y a otras personas para interrogarlos. Los tratan como animales.
Por supuesto, es una película antibelicista que denuncia la manipulación política, la crueldad humana y el horror de las guerras.
Maravillosa fotografía de Sven Nykvist, que consigue transmitir horror, desasosiego y angustia.
El final es verdaderamente sobrecogedor.

La soledad de la guerra
Bergman realiza un magistral filme con dos partes claramente diferenciadas: antes y después de la guerra. Es un alegato antibelicista donde Bergman expone la imposibilidad de huir de los conflictos externos sin enfrentarse a ellos. Quizá sea una forma de autocrítica al haber estado alejado de los acontecimientos políticos y sociales en la temática de sus películas.
Lo cierto es que La verg√ºenza posee una agresividad física ausente en su filmografía. La combina con periodos de remanso consiguiendo que el espectador sienta progresivamente animadversión hacia los dos protagonistas. Los dos respetan las debilidades del otro; él, consumido por una melancolía apática, ella, esperanzada por un futuro mejor pero llena de resentimiento. El dúo interpreta sus difíciles papeles de manera magistral.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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Las bombas llegan y con ellas las desgracias. La situación de estar los dos en el filo de la navaja desata entre ellos malas palabras y vilezas varias que sólo se calman cuando logran salir de la isla yaciendo medio muertos en el bote. De sus mejores películas.
La verg√ºenza es una de las películas más duras y contundentes de la carrera del director sueco Ingmar Bergman, una película para no olvidar pero ambientada en una época que nadie quiere recordar.

Eva y Jan (Liv Ullmann y Max von Sydow) son una pareja de músicos que ha abandonado su profesión para escapar de la guerra civil que asola sS país. Huyendo de la guerra se han refugiado en una isla en la que viven trabajando el campo como bien pueden, vendiendo sus productos para poder llevarse algo a la boca. Una vida muy austera pero por el momento muy tranquila también. La salud de él no es nada del otro mundo, y su tremendo miedo a que algo drástico termine pasando en sus vidas hace que se encuentre continuamente abatido y que se derrumbe con facilidad. Eva es una mujer mucho más fuerte que él, pero a la vez rehuye de igual manera de todo lo relacionado con la guerra. Todo en sus vidas cambia cuando un día los rebeldes son lanzados en paracaídas sobre la isla, a partir de ahí las intervenciones de los militares en busca de traidores los llevarán a una situación casi desesperada en donde no queda más remedio que huir.
La película mantiene durante su transcurso dos ritmos perfectamente contrapuestos, por un lado toda la parte inicial de la película en donde el ritmo es mucho más pausado, muestra clara y notoria de la intención del director por mostrar una vida relativamente tranquila, y por otra parte el final de la película que ya utiliza un ritmo mucho más rápido, los acontecimientos se suceden continuamente y todo parece perseguir a los protagonistas. Aunque son dos ritmos bastante diferentes, es cierto que no se aprecia demasiado el cambio porque Bergman va introduciéndolo poco a poco, a través de pequeñas escaramuzas que van poco a poco a más, para evitar así convertir la película en dos mitades. Esas primeras pasadas de los aviones a reacción, el salto de los paracaidistas y los interrogatorios tienen una gran utilidad en ese sentido.
Uno de los momentos álgidos de la película, al menos para mí, aunque parezca extraño, es el comienzo de la misma. Son unos momentos plagados de situaciones cotidianas, sin importancia vamos, pero en las que el director plasma todo su talento con una maestría inigualable. Toda la secuencia inicial en la que vemos como ambos se levantan de la cama por la mañana es una maravilla de sencillez y de composición. En momentos íntimos como éste es donde mejor se ve el talento del director, momentos que no parecen ni destacar ni ser importantes, por ejemplo el instante en el que todavía sentado sobre la cama, Max von Sydow se rasca uno de sus pies, algo tan sencillo como eso y que estoy seguro de que fue una indicación del director para conseguir el mayor realismo, es decir, hacer olvidar al espectador que está viendo una película. Quién de nosotros al levantarse por la mañana no se toca la cabeza o se rasca un brazo por ejemplo. Este es uno de los aspectos que más me gusta de Bergman, la planificación que dedica incluso a partes de la película en las que nadie o casi nadie se va tan siquiera a fijar, pero que son uno de los grandes hallazgos del director y que permiten al espectador que vea sus películas una y otra vez porque siempre hay algo más debajo de lo que vemos.

Antes hablaba de la composición porque es unos de los aspectos que más domina Bergman, y buena prueba de ello es la magnífica composición de la escena final con Liv Ullmann y Max Von Sydow en el bote cabeza con cabeza.
Bergman utiliza una vez más en la película uno de sus vehículos favoritos, la abstracción. Aunque la isla en la que encierra a los protagonistas no es precisamente pequeña sino que es una ciudad en si misma, aleja a los personajes principales del mundanal ruido, por decirlo de alguna manera, y de hecho son pocos momentos los que dan lugar a más de tres personajes en pantalla, evidentemente haberlos los hay porque en una guerra hay situaciones de tumultos, pero Bergman tiene mucho cuidado de que no sean demasiado largos.
Hay otro punto mediante el que Bergman nos quiere meter todavía más dentro de la película, y es que por momentos, sobre todo en algunos de máxima tensión recurre a la grabación cámara en mano, y el resultado es sensacional porque tenemos la sensación de asistir incluso a un documental, o sea, lo más cerca que se puede estar de la vida real, una grabación de la misma realidad.
El poder y la fuerza de la película viene una vez más del interior del ser humano. ¿Hasta dónde podemos aguantar? ¿Qué es lo que nos puede hacer estallar? La riqueza de la película por tanto nos la da el interior de los personajes principales. En ellos podemos ver cambios asombrosos que aunque parezca mentira no llegan a sorprendernos porque la película está filmada de tal manera que es como si en sí misma perdonara los actos que podemos ver en ella en algún momento, porque en situaciones desesperadas quién sabe cómo vamos a actuar. ¿Cuándo sufre más Jan? Cuando lo interrogan o cuando descubre el engaño de su mujer. ¿Qué es lo que le hace reaccionar como lo hace? ¿Algo relacionado con la guerra o lo que ella le ha hecho?
En esta película asistimos a una de las escenas más impactantes de toda la carrera de Ingmar Bergman, en concreto la escena en la que Max von Sydow saca lo peor que hay en sí mismo y acribilla sin piedad a Gunnar Bj√∂rnstrand a bocajarro. Una escena filmada con tal fuerza que no se puede olvidar por mucho tiempo que pase, y que además tiene una importancia más amplia en la película porque es el punto de inflexión en el que se produce un cambio radical en la personalidad de Sydow, pasa de ser débil y temeroso a ser cruel e implacable. Es una escena que Bergman filma magistralmente, a cierta distancia de los acontecimientos como para mantener una cierta imparcialidad y que sean los hechos lo que hablen por sí mismos. Creerme, una escena para no olvidar.
El hecho de que utilice a dos músicos y no a cualquier otro tipo de personaje está muy bien estudiado y tiene varias ventajas. Por un lado tenemos mentalidades teóricamente opuestas a las guerras (muy útil sobre todo al comienzo de la película y un magnífico contraste con el resultado final), del mismo modo que se supone un alto nivel intelectual (en teoría es poco compatible con la atrocidad), y además también una mente supuestamente abierta ante el amor, lo que es un claro contraste también con la situación que vive Max von Sydow.
Las interpretaciones son soberbias. En pocas películas a lo largo de la historia del cine se puede asistir a interpretaciones como éstas. Max von Sydow está genial en toda la película y Liv Ullmann rayando a una altura de perfección tal, que es difícil determinar de todas las películas en la que ha aparecido alguna en la que supere a ésta, si a la misma altura, pero mejor difícilmente. Hay una escena en particular en la película que es también de las que puede pasar desapercibida. Al principio de la misma cuando dentro del coche Eva espera a que Jan coja la cazadora de casa para ponerse en marcha, durante todo ese rato tenemos un primer plano de la cara de ella en el que vamos viendo cómo se le van destrozando los nervios poco a poco hasta estallar, partiendo de una situación de gran tranquilidad logra llegar a otra situación totalmente diferente sin sobreactuar ni un solo instante, cómo aguanta ese primer plano de Bergman. Me encanta Liv Ullmann, una actriz como hay muy pocas, extraordinaria.

Para recordar también el monólogo final de Liv Ullmann en torno a los errores que una y otra vez comete el ser humano porque son reiteradamente olvidados por las nuevas generaciones a las que no somos capaces de aleccionar debidamente.

Un matrimonio de músicos, con caracteres bastante opuestos, viaja a una isla remota para replantearse su situación, pero se ve afectado por una revuelta guerrillera que estalla en el lugar.
Hasta que un día llegan los soldados y todo cambia radicalmente. La pareja es detenida bajo la acusación de colaborar con las fuerzas rebeldes. La unidad militar que tiene la misión de defender la isla está dirigida por un antiguo amigo de Jan y Eva, el coronel Jacobi. Pero esto empeorará la situación. Con brutalidad, la guerra, la “verg√ºenza”, se instala, con su cortejo de incendios al napalm, de sumarias ejecuciones, de redadas, de torturas…
Un alegato desgarrante sobre la existencia, y una condena a la guerra. Para Bergman, el gran director sueco, la condena no es que el hombre tema por los suyos, la verg√ºenza es la totalidad de la guerra, es la humillación y el ocultamiento de la posibilidad de hacer el mal. Jan y Eva lo que ignoran hasta ese momento es que siguen viviendo porque otros mueren, y no pueden enfrentarse con sus propias conciencias.


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