SIGNOS DE VIDA (Lebenszeichen)

Película estrenada entre 1968-1969

Director: Werner Herzog. 1968. Alemania Occidental-Grecia. B/N
Intérpretes: Peter Brogle, Wolfgang Reichmann, Attina Zacharopoulou

Basado en la historia de principios del XIX de Achim von Arnim “El inválido loco de fuerte Ratonneau”. ópera prima de Herzog. Un paracaidista alemán herido de nombre Stroszek, es enviado a Kos, una tranquila ciudad de Creta, junto a su mujer Nora, una enfermera griega y otros dos soldados con heridas menores. Quedan recluidos en un polvorín de una vieja fortaleza y hay muy poco que hacer. Becker se dedica a traducir y transcribir inscripciones, Meinhart se divierte poniendo trampas para cucarachas y Nora ayuda a Stroszek a hacer fuegos artificiales usando la pólvora de las granadas que hay en el polvorín. Lentamente y debido al calor y al tedio, Stroszek comienza a volverse loco y querrá arrastrar a sus compañeros a una misión descabellada. Basada en un relato escrito por Ludwig Achim Von Arnim (1818).



El ejército abandona a tres soldados en una isla. La guerra ha terminado, pero los soldados están locos y creen que aún sigue. En la isla viven civiles. Los civiles, al principio, les tienen miedo. Después empiezan a convivir con la locura de ellos.
Un día, en un bar, un vendedor le enseña un muñequito a uno de los soldados. El muñeco está construido con un pequeño sector de caña, del que salen minúsculas sogas haciendo de extremidades y cabeza. Las sogas terminan en nudos. El conjunto no es más grande que un carozo de durazno. La toma ocupa toda la pantalla; los dedos del vendedor se ven enormes. El soldado deja sus armas a un lado para mirar el juguete con atención.
Vuelta al primer plano del muñeco. Se está moviendo. Empieza torpemente, después se anima. El movimiento es verdaderamente animal, como si esos brazos y esas piernas de soga tuvieran vida propia. Algo horroroso. Un tosco pedazo de caña poseído por un alma maligna.
El soldado se inquieta. Quiere, como el espectador, conocer el espíritu que anima al juguete. El vendedor le dice que se lo cambia por el fusil. El soldado, hipnotizado por el extraño movimiento, acepta. El vendedor se va con el arma. En las manos del soldado queda aquel espanto. Otra vez lo vemos moviéndose de cerca. ¿Es un demonio? El soldado da vuelta el juguete. En la espalda del muñeco hay un corcho. El soldado lo saca. Del agujero sale volando una mosca gorda.
La escena me gusta no sólo por el truco. Siento que es un epítome de la filmografía de Herzog. Cada película de Herzog es un mundo manejado por el más inconsciente, el menos racional, a veces hasta el más idiota de los personajes.
Un mundo en el que los titiriteros son insectos.


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