BLANCHE

Película estrenada entre 1970-1971

Director: Walerian Borowczyk. 1971. Francia. Color

Intérpretes: Michel Simon, Georges Wilson, Jacques Perrin, Ligia Branice, Dénise Péronne


Filigrana medieval en clave shakespeariana, inspirada por “Mazepa”, de Juliusz Slowacki, un texto publicado en 1889. La protagonista vuelve a ser Ligia Branice, disfrazada de joven y frágil esposa de un noble octogenario (Michel Simón, en su penúltima aparición en pantalla) que la mantiene encerrada en su castillo. En el transcurso de una fiesta, la chica sufre el acoso del Rey, el paje del Rey y, lo que es peor, su propio hijastro. La cosa acaba con un baño de sangre. Borowczyk filma a los actores de perfil o de frente, encuadrados dentro de ventanas y marcos arquitectónicos, acentuando la sensación de falta de perspectiva propia de las pinturas del siglo XIII.


Blanche abrió todo un ciclo de filmes encaminados a potenciar el erotismo como fuerza dramática motriz y el poderoso gusto decorativo del director, que gustaba de ambientar sus historias en la Edad Media o el Renacimiento. Borowczyk le confirió a Blanche la apariencia de un tapiz medieval dominado por la belleza y sensualidad de la heroí­na, una joven casada con un viejo noble (Michel Simon), quien intenta encerrarla de por vida pero no puede evitar que tres mancebos penetren en su torre de aislamiento. Para algunos crí­ticos, Blanche es la mejor pelí­cula del autor, tal vez porque presenta un erotismo más aplacado y convencional, ambientado en el atractivo contexto de un castillo medieval, apoyo propicio a la predadora lascivia masculina, que acosa a la virginal heroí­na. El deseo insatisfecho es recreado en atmósferas tensas y claustrofóbicas, que subrayan las perspectivas planas, el staccato de la edición y las secuencias de cámara en mano, elementos que acentúan momentos especialmente grávidos en la narración. La metáfora central, el plano significante medular de esta pelí­cula, es aquel en que se muestra una paloma blanquí­sima encerrada en pequeña jaula de madera.


Borowczyk, calificado por algunos como un gran artista y por otros como un simple pornógrafo disfrazado, llegó a ver como sus telas merecí­an ser revisitadas en museos. Porque Borowczyk -fallecido el 3 de febrero de 2006 en las cercaní­as de Parí­s, a los 82 años- era artista -talentoso o no-, un individuo polifacético: diseñador gráfico, pintor, escultor, escritor y un cineasta cuyas animaciones fueron consideradas poco menos que revolucionarias y su “cine del erotismo” altamente apreciado por la crí­tica europea.

 


 


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