Director: William Friedkin. 1971. EE.UU. Color
Intérpretes: Gene Hackman (Detective Jimmy “Popeye” Doyle), Fernando Rey Alain Charmier), Roy Scheider (Detective Buddy “Cloudy” Russo), Tony Lo Bianco (Salvatore “Sal” Boca)

En la ciudad de Nueva York, los detectives “Popeye” Doyle (Gene Hackman) y Buddy Russo (Roy Scheider) tienen una misión muy concreta: desarticular una red de tráfico de narcóticos y descubrir quien se esconde tras el pseudónimo de “French Connection”. Pero cuando uno de los criminales intenta matar a Doyle, la misión se convierte para él en algo personal que le llevará incluso fuera de los límites de la ciudad. Basada en hechos reales, este “thriller” que contiene una de las escenas de persecución más famosas de la historia del cine, ganó 5 Oscars de la Academia en 1971, incluyendo Mejor Película, Mejor Director (William Friedkin) y Mejor actor (Gene Hackman).

Al comenzar la década en la que surge la película, la crisis financiera de las grandes productoras de Hollywood se manifiesta con toda su crudeza al mismo tiempo que desaparece la figura del productor tradicional, desciende espectacularmente la asistencia del público a las salas -alcanzando su nivel más bajo en 1971, con una cifra cercana a los ochocientos millones de espectadores- y comienza la penetración en el mercado de las compañías multinacionales que representan intereses muy diferentes y que diversifican su actividad en campos no estrictamente ligados al sector audiovisual.
En mitad de estos cambios que comienzan a sucederse de manera vertiginosa en el sistema industrial de producción, el cine negro -si es que a los productos que se acogen a esta etiqueta puede concedérseles todavía este nombre- se presenta también como un género en crisis, cuyos moldes arquetípicos han sufrido desgarrones incurables en la década anterior y cuya diversificación temática y formal hace muy difícil establecer patrones entre la heterogeneidad de títulos que parecen tener cabida en su seno.
El rasgo más destacado, con todo, es el recrudecimiento de la violencia de sus imágenes (como resultado más que probable del avance de las posiciones conservadoras dentro del país y de la relajación progresiva de la censura frente a la representación de aquella en la pantalla) y, desde otro punto de vista y como reflejo de las nuevas preocupaciones que parece mostrar el sector de la producción para obtener mejores rendimientos de sus obras, la búsqueda del espectáculo por el espectáculo dentro de sus ficciones.


Creo que nadie en nuestros días puede dudar que los cinco Oscar y siete nominaciones que recibió esta película fueron, como ha pasado otras muchas veces, excesivos. Y más cuando ese año había obras como La naranja mecánica,
Verano del 42 o Nicolás
y Alejandra.
Contra el imperio de la droga fue ante todo una película oportuna, y eso siempre se valora en los premios.
La moda y estética de Bullit (1968, Peter Yates) y Cowboy de medianoche (1969, John Schlesinger) había impuesto un tipo de cine policiaco realista y sucio, que tanto crítica y público querían ver. Algo estaba cambiando en el cine de la época, se estaba haciendo más televisivo y nuevos valores surgidos de la pequeña pantalla empezaban a trabajar en la industria del cine. De ahí surge esta película. Para casi todo el equipo que compuso la película esta era su primera o segunda película (guionistas, montadores, fotógrafos, músicos, fotógrafos, director…) también para el actor Roy Schneider e incluso para Gene Hackman, más avezado, era su primer protagonista. Quitando a Fernando Rey -y eso que no era el actor elegido por Friedkin, sino Rabal- el resto eran casi desconocidos. Y eso se nota en ideas muevas, como zooms, cámara en mano, giros de cámara brutales, y una estética como decía antes un tanto kitsch.


Había nacido el cine de los 70 que marcaría una época para directores como Scorsese por ejemplo. Friedkin se convertiría en el director de moda y rodaría un par de años después su obra maestra El Exorcista. Por lo tanto con la segunda parte -French Connection II (1975, John Frankenheimer), de otro director televisivo como Frankenheimer, no tiene casi nada que envidiar a ésta, pero como lo que se premiaba a la primera era su impacto novedoso en la época -y no tanto su valor artístico- y eso ya había pasado, pues no recibió los aplausos. Película que destaca más que por sus valores cinematográficos por su significado en la evolución de la historia del cine.