EL ABOMINABLE DR. PHIBES (The Abominable Dr. Phibes)

Película estrenada entre 1970-1971

Director: Robert Fuest. 1971. G.B.-EE.UU. Color

Intérpretes: Vincent Phibes (Dr. Anton Phibes), Josephn Cotton (Dr. Vesalius), Hugh Griffith (Rabbi), Terry-Thomas (Dr. Longstreet), Virginia North (Vulnavia)


El doctor Anton Phibes (Vincent Price), músico, ingeniero y amante obsesivo, tras la muerte de su esposa Victoria Regina jura vengarse de los médicos que dejaron morir a su amada esposa (Caroline Munro) en la mesa de operaciones. Las muertes comienzan a sucederse, y cada una es una resemblanza de una de las plagas divinas con que Moisés atacó a los egipcios en el Antiguo Testamento (según la Biblia). Un inspector de Scotland Yard (Peter Jeffrey) intenta desemarañar el misterio ayudado por un doctor (Joseph Cotten) que probablemente sea la última ví­ctima de Phibes. Quizás lo mejor que filmó Vincent Price en los años 70 y lo más rescatable de la filmografí­a de Robert Fuest.



El Abominable Dr. Phibes es una gran mezcla de diversas corrientes cinematográficas y estilos que a principios de los 70 hicieron ebullición. Por un lado, del “giallo” italiano. Este verdadero género nació en los años 60 (a través de las pelí­culas de Mario Bava y Riccardo Freda, y más tarde de Dario Argento) y se caracterizó por mostrar cada asesinato como si fuera una obra de arte, de manera imaginativa y a la vez estilizada. Por otro lado, el llamado “camp”, y cuyos ejemplos más acabados eran las series de televisión “Los Vengadores” (1961-1969) en Inglaterra o “Batman” (1966-1968) en los Estados Unidos.

La combinación de estas dos corrientes es la principal inspiradora de la pelí­cula de Robert Fuest que nos ocupa. En ella tenemos al ya inmortal Vincent Price como el Dr. (en Teologí­a) Anton Phibes, músico, ingeniero y amante obsesivo, hasta el punto que luego de la muerte de su amada esposa Victoria Regina él jura vengarse de los médicos que la atendieron de la manera más amarga. Pero Phibes no es un asesino en serie común y corriente. No señor, él planea que cada uno de sus crí­menes sea un sí­mbolo y el signo elegido es el de las G’tah, las Diez Plagas que Moisés esparció sobre Egipto en tiempos bí­blicos, según en el libro del Éxodo bí­blico

A primera vista lo más rescatable de la pelí­cula es la actuación de Price o, mejor dicho, su pantomima. Phibes sólo habla a través de un cable conectado a un gramófono (de ahí­ que no mueve los labios para pronunciar sus diálogos) y bebe a través de la nuca; su rostro está casi permanentemente serio y adusto, y destila frialdad con cada nuevo asesinato. Sin embargo, Price se permite varias expresiones cómicas dentro de la rica gesticulación que presenta bajo la gruesa capa de maquillaje de Phibes, por ejemplo cuando interpreta el órgano de espaldas (al estilo de Eric, el Fantasma de la Opera) casi sin tocar las teclas. La pelí­cula es, de hecho, una comedia negra, pero tiene la gran virtud de ser terrorí­fica en las partes necesarias (cosa que muchas otras pelí­culas del mismo tono fallan): la secuencia del crimen del doctor Hargreaves (que muere apelmazado por una máscara de rana) es bastante impresionante, lo mismo que la muerte del doctor Kitaj, roí­do por ratas en la cabina de su avión.

Pero hay más puntos de interés. La dirección artí­stica y los decorados (diseñados por Brian Eatwell) son soberbios. Los sets combinan el estilo “art noveau” y “art deco” (recordemos que la pelí­cula está ambientada a mediados de los años 20). La partitura musical de Basil Kirchin y Jack Nathan cumple un papel importante (acentuados por los primeros diez minutos de metraje que carecen de diálogos) y el director Fuest utiliza los colores de la misma manera que directores como James Whale utilizaron los claroscuros en los años 30. La presencia de Phibes (junto con su asistente, Vulnavia, interpretada por Virginia North) es siempre mostrada bajo un halo de fantasí­a o bien de magia. Esta impresión, influida por el excéntrico vestuario de la joven y las ominosas capas y túnicas de Phibes, agrega un tinte de realismo mágico que balancea fuertemente con los resultados de sus acechanzas (o sea, los asesinatos).

La pelí­cula tuvo secuela, titulada El retorno del doctor Phibes (1972), y dos pelí­culas inspiradas que fueron Matar o no matar, ese es el problema (1973) y Madhouse (TV: Casa de locos, 1974), todas protagonizadas por Price. Sin embargo es en la pelí­cula original en la que Price está en mejor forma y la que posee valores cinematográficos más altos. El reparto secundario de nuestra pelí­cula es notable: Peter Jeffrey compone un inspector Trout bordeando el estilo Monthy Python, Joseph Cotten encarna con gran seriedad al doctor Vesalius, último nombre en la lista de muertes de Phibes, y también se destaca el comediante Terry-Thomas como el alcoholizado doctor Longstreet y Hugh Griffith como un rabino.

Es cerca del final cuando el filme cobra fuerza poética, cuando Phibes se desenmascara para mostrar su rostro quemado y cuando va en busca de su esposa para aplicar sobre sí­ mismo la última de las plagas divinas: la oscuridad. Esos instantes, con la policí­a buscándolo por toda la casa y el doctor preparando su propio embalsamado, con el fondo sonoro del tema “Over the Rainbow”, son los momentos más épicos de la pelí­cula y también los de la filmografí­a de Vincent Price.


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