EL CARNICERO

Película estrenada entre 1970-1971

EL CARNICERO (Le boucher)
Director: Claude Chabrol. 1970. Francia-Italia. Color
Intérpretes: Stèphane Audran, Jean Yanne, Antonio Passaglia, Pascal Ferone

El carnicero Popaul (Jean Yanne) conoce a la profesora del pueblo Hélène (Stéphane Audran) en el banquete de una boda en una localidad rural francesa. Desde entonces su amistad se incrementa hasta la aparición de chicas asesinadas en los alrededores del pueblo y Hélène encuentra en la escena del crimen el encendedor que le regaló a Popaul.



En un pueblecito francés se celebra una boda. Ahí se conocen la profesora Hélène y el carnicero Popaul. Ella, a pesar de su juventud y belleza, vive como una monja en el segundo piso de la escuela. El tiene horrendas memorias de su paso por la guerra. Y cuando las coordenadas ya están marcadas para un drama romántico, un par de mujeres aparecen brutalmente apuñaladas en el bosque. Y Hélène empieza a preguntarse si este hombre gentil que le regala enormes trozos de carne no será el responsable.
Película clave en la historia del thriller europeo, esta es una cinta rigurosa, austera, que se toma su tiempo para dar un buen vistazo al eterno misterio de la violencia humana. Con un excelente manejo del suspense, sin artificios narrativos ni efectos especiales, pero sobre todo sobresale por la forma tan humana como caracteriza a sus personajes
Dos muy diferentes y solitarias almas se conocen y se enamoran, ¿suena repetitivo?, si, pero en este caso, no es lo concerniente al amor lo que dirige la trama de la película, es sólo el conflicto inevitable, el inevitable descubrimiento de que no todo es lo que parece. Hay algo atroz acechando la paz del valle Dordogne y Chabrol va a dar un giro a la trama sobre lo que podríamos esperar. Película catalogada dentro del género de misterio, romance, suspense y thriller.
Claude Chabrol, que no tardó en revelarse como una de las principales luminarias de la “nouvelle vague” francesa de finales de los años 50, encarna mejor que ningún otro de sus compañeros la polémica idea del director entendido como autor de la película. De hecho, hay quienes consideran que quizás se ha tomado demasiado al pie de la letra la máxima de Jean Renoir, según la cual, todo gran cineasta siempre está haciendo la misma película.
En El carnicero, una sobria historia de amor con tintes trágicos, que adopta de forma poco convencional una estructura de “thriller”, el enfrentamiento entre la maestra, la sofisticada pero distante Hélène, y el carnicero Popaul, un ser dulce y atento, pero con un lado oculto atávico y brutal, parece estar inexorablemente predeterminado.
A lo largo de toda la producción fílmica de Chabrol aparecen personajes que llevan estos mismos nombres, así como el tema del triángulo amoroso condenado al fracaso, que, en esta ocasión, no completa la presencia de un tercer amante sino la relación que la señorita Hélène mantiene con sus alumnos. Cuando ésta descubre que Popaul probablemente sea un asesino, decide mantenerlo oculto, condenándose así a la agonía de la culpabilidad y la indecisión.
Su verdadera culpa, sin embargo, reside más bien en el hecho de no haber querido o podido responder a la necesidad que Popaul tenía de ella, o de haberle, por lo menos, ofrecido algún tipo de ayuda cuando éste, más como víctima que como asesino, se encontraba al acecho en la oscuridad de la escuela. Popaul prefiere suicidarse ante que tener que matarla, pero al hacerlo, le deja un poso de culpabilidad y complicidad con el que la maestra tendrá que cargar a partir de entonces.
Chabrol, que en numerosas ocasiones se ha declarado partidario de las tramas sencillas con personajes complejos, hace avanzar la acción con lentitud y de una forma sutil e inteligente, mientras va trazando un complejo cuadro de la relación por medio de la pequeña acumulación de detalles observados con gran minuciosidad, como sucede, por ejemplo, con el paralelismo que se establece entre la boda del principio y la atmósfera, completamente opuesta, del posterior funeral,. Esta película constituye la manifestación más lograda de su tema de siempre.
Excelente filme de Chabrol que te mantiene en vilo hasta el final a pesar de que todos sabemos quién es el asesino. Los actores están los dos estupendos sobretodo Stéphane Audran que lo borda (atención a toda la secuencia final en el coche). La escenita del picnic en la que a una de las alumnas de Audran le empieza a caer sangre en el bocadillo ha pasado a la historia

Claude Chabrol no es el maestro del suspense como se dice. El recurso de dilatar la espera y la angustia de un acontecimiento que se intuye su resolución es una cualidad de un Hitchcock o un Brian de Palma. Por su parte el galo aborda algo más sutil y perturbador: los misterios y tormentos secretos del alma humana. Hay momentos inquietantes que no acaban nunca.
Aunque veamos resolución de acciones, la atmósfera de desconcierto es tan asfixiante que nos estremece esa dimensión desconocida e irracional que pervive en todos nosotros. La cinta parece sugerir que hay una condición intrínseca que nos acompaña desde nuestro pasado más prehistórico. Genial la concatenación de unidades narrativas y su estética realista. Como filme de misterio tiene esa maestría del manejo del ritmo y, lo que es sorprende, es cómo conjuga esta soltura del género con los silencios, las miradas, los gestos y los largos planos secuencias


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