KLUTE

Director: Alan J. Pakula. 1971. EE.UU. Color

Intérpretes: Jane Fonda (Bree Daniels), Donald Sutherland (John Klute), Charles Cioffi (Peter Cable), Roy Scheider (Frank Ligourin), Dorothy Tristan (Arlyn Page), Nathan George (Trask), Vivian Nathan (Psychologin), Morris Strassberg (Mr. Goldfarb), Betty Murray (Holly Gruneman), Robert Milli (Tom Gruneman)



Un hombre ha desaparecido sin dejar rastro en Nueva York. Klute (Donald Sutherland), un policía íntimo amigo suyo, encuentra una pista en unas cartas que aquel le escribía a una prostituta llamada Bree (Jane Fonda), así que va a buscarla para interrogarla, iniciando con ella una relación amorosa tempestuosa. Simultáneamente, Klute prosigue con sus investigaciones en los bajos fondos cuando, de pronto, las prostitutas empiezan a ser asesinadas, y Klute piensa que Bree puede ser la próxima.






El título Klute engaña: el centro de la película se halla, sin la menor duda, en Jane Fonda. Fue sobre todo su trabajo lo que convirtió el “thriller” de Alan J. Pakula en uno de los retratos femeninos más conmovedores y sensibles del cine de los años 70.


El estilo algo moroso, detallista, recreativo y minucioso de Alan J. Pakula le viene a esta gran película como anillo al dedo. Tanto que es probablemente y con mucha diferencia su mejor cinta, la más contundente y en la que más se justifica esa obsesión en la obra del director por dotar de un sólido trasfondo psicológico a sus personajes para justificar así todas sus acciones que en el caso de Klute son bastante complejas y sorprendentes pero siempre comprensibles.

Klute es no solamente un” thriler” muy competente, también indaga con la certeza de un entomólogo en la sociedad de los primeros años 70 y concibe un retrato inteligente y certero de ese momento a través de las peripecias de una prostituta acosada por un maniaco (en aquel momento los psicópatas aún no tenían carta de naturaleza en el cine como tales) Pakula consigue un deslumbrante y muy humano retrato de personajes espléndidamente servidos por la pareja protagonista.

Obra nada complaciente y de una gran dureza para su época, tan solo se ve perjudicada por un final bastante previsible, pero curiosamente la fuerza de su puesta en escena y su ínterés innegable consigue que esto importe poco, ya que su argumento detectivesco pasa a un segundo plano para ceder importancia a ese fascinante retrato de personajes y situaciones muy novedoso y meritorio en su momento y que con el paso de los años han derivado en clichés cinematográficos manidos y usados en multitud de películas con bastante menos fortuna.



Jane Fonda se adueña de la película desde la primera escena hasta la última con una brillantez interpretativa tal, con tanta expresividad interior, inteligencia y conciencia de mujer –aunque también con la pena y la inseguridad de una persona sola– que casi hace estallar el personaje. Recibió un Oscar merecidísimo en ese papel de una mujer retrato que, como prostituta, en tanto la clásica víctima como la dueña de la situación desde el punto de vista psicológico.


 

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