PERROS DE PAJA (Straw Dogs)

Director: Sam Peckinpah. 1971. EE.UU. Color

Intérpretes: Dustin Hoffman, Susan George, Peter Vaughan, T.P. McKenna, Del Henney, Jim Norton, Donald Webster, Ken Hutchison, Len Jones, Sally Thomsett


Sam Peckinpah es uno de los directores más controvertidos del cine moderno, y Perros de paja quizás sea su película más polémica y turbadora

Dustin Hoffman aparece en los años 60 y 70 en varias de las películas que supusieron un cambio en la mentalidad de la época, llevando al cine temas que hubieran resultado impensables en los años anteriores, bien por su violencia o simplemente por su temática, marcando una época con sus interpretaciones.

En cuanto a Susan George, participó en un montón de películas poco relevantes, de las que ésta es quizás la más destacable. Como curiosidad diremos que trabajó en Mandingo (1975, Richard Fleischer), interpretando a la hija de James Mason.


¿Quién no se ha cabreado tanto como para desear pegar un certero puñetazo? ¿Quién no ha tenido momentos en que hubiese hecho aflorar su rabia de un modo violento?

El mejor retratista de la violencia, aquel del que han aprendido Tarantino y otros muchos, Sam Peckinpah, nos explicó como todo ser humano tiene su lado irascible, como el hombre más cuerdo y calmado puede llegar a ser el más violento del planeta, si le tocan la fibra que desbloquea su tranquilidad.


Y lo hizo fuera del western, su género habitual, en
Perros de paja, memorable obra de comienzos de la década de los setenta, que, sin embargo, no se alejaba demasiado en su fondo, de una cinta del viejo oeste.

Perros de paja nos cuenta la historia de David Sumner (Dustin Hoffman) y su esposa (Susan George). Han decidido dejar su residencia habitual para vivir en un pequeño británico.

David es un ser tranquilo y reflexivo. Un matemático enfrascado en sus números. Un hombre de ciudad. Su esposa viene a ser lo contrario. Una chica alegre, bella, provocativa e inquieta. Unida a la vida de David.

Peckinpah nos describe la relación entre ambos durante los primeros minutos de metraje, introduciendo brevemente a los personajes que residen en el pueblo.

Si bien, la relación de pareja es ambigua y dudosa para el espectador. Tan pronto son cariñosos el uno con el otro, como discuten sin parar.

Esa descripción de Peckinpah, provoca actos un tanto incomprensibles para el espectador, que no sabe donde posicionarse. Tanto David como su esposa son variables. Su humor es variable. Sus actos no terminan de ser lógicos.

Es este primer contacto con el pueblo y con la relación matrimonial lo que no aguanta el paso del tiempo en un visionado actual. Aquí Perros de paja se queda obsoleta.


En cambio lo mejor está por llegar, y eso es lo que ha convertido a Perros de paja en una de las cintas más famosas de su director y en una de las más importantes del cine de los años 70.

Peckinpah explora las diferencias entre lo rural y lo urbano, lo cuerdo y lo visceral, lo salvaje y lo racional. Pero sobre todo explora los comportamientos del ser humano.

Es Dustin Hoffman el elegido para ello. Su actitud cambia con los acontecimientos. Y no solo son las continuas intimidaciones de los rudos pueblerinos que se van dando desde el comienzo del relato, sino también por la presión matemática a la que está sometido en su profesión, los vaivenes de su relación (repito, con una mujer tan bella como incordiarte) e incluso las insinuaciones de la chica más promiscua del pueblo.

Todo ello descoloca los comportamientos de un ser humano tímido, sensato y al mismo tiempo inseguro. Cuando todo se precipita, el menudo de Hoffman defiende su territorio de la manera más inesperada.

No menos descolocada se muestra su esposa. Ofrece despecho cuando el “bueno” de Hoffman la ignora. Se siente defraudada ante la cobardía de su marido hasta el punto de no mostrar demasiadas señales de rechazo ante la violación que sufre. Y aunque Peckinpah no lo muestra, el matrimonio está tan desquebrajado que ni siquiera cuenta lo ocurrido a su marido.


Habiendo asistido a esta peculiar manera de describir el ambiente campesino y sobre todo una relación de pareja con sus más y sus menos, Peckinpah da rienda suelta a su cine.

Aparece la violencia, desmesurada, y sorprendente, al venir de un ser al que hemos visto tan sumamente inofensivo.

Hoffman defiende una causa (la seguridad del tonto del pueblo) pero en realidad, esta descargando su ira contenida, la presión a la que está sometido. Y no lo hace en forma de puñetazo a la pared, lo hace dejando aflorar una extrema violencia arraigada al ser humano, protegiendo su fortín, al más puro estilo western.

Esa es la intención de Peckinpah desde el primer minuto. Una modo de ver la violencia humana. Una intención que consigue en el último tramo y que justifica todo lo narrado, con un innegable interés, desde el comienzo.



Perros de paja es una obra a reivindicar. Para muchos sobrevalorada, para otros incomprendida. Con la presencia de Hoffman, uno de los artífices de la revolución cinematográfica de los setenta y con Susan George derrochando belleza (lástima que su carrera se quedase en nada). Cine de Peckinpah en estado puro. Sin duda, una de sus mejores cintas.

 

 

 

 


 

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