CABARET

Película estrenada entre 1972

Director: Bob Fosse. 1972. EE.UU. Color

Intérpretes: Liza Mineelli (Sally Bowles), Michael York (Brian Roberts), Helmut Griem (Maximilian von Heune), Joel Grey (maestro de ceremonias), Fritz Wepper (Fritz Wendel), Marisa Berenson (Natalia Landauer), Elisabeth Neumann-Viertel (Srta. Schneider), Helen Vita (Srta. Kost), Sigrid von Richthofen (Srta. Mayr), Gerd Vespermann (Bobby)


Cabaret es una film musical americano de 1972, basado en la novela Adiós a Berlí­n de Christopher Isherwood. Fue dirigido por Bob Fosse, y protagonizado por Liza Minnelli y Michael York. Cabaret surgió cuando el cine musical ya estaba prácticamente desaparecido, e hizo que la gente se volviera a fijar en este género.

Berlí­n, años 30, mientras el partido nazi va tomando poder, la cantante americana Sally Bowles (británica en el original) (Liza Minnelli) canta en el Kit Kat Club, un local de la vida nocturna dirigido por el travieso Maestro de Ceremonias (Joel Grey). El británico Bryan Roberts (Michael York), un alumno de Cambridge que se está doctorando en letras, llega a Berlí­n y encuentra una pensión regentada por la masajista de señoras Miss Schneider (Elisabeth Newman) y en la que viven entre otros personajes, la prostituta metida en años Miss Kost (Helen Vita) y el editor de novelas pornográficas Herr Ludwig (Ralph Walter). Bryan se encuentra en la pensión con Sally y comienzan una amistad. Una noche mientras Sally está trabajando en el club, ésta presenta a Bryan a Firtz Wendel (Fritz Wepper), un cazafortunas que necesita clases de inglés. Bryan acepta dárselas.

En una de estas clases, Fritz conoce a Natalia Landauer (Marisa Berenson), una rica heredera judí­a de la que se enamora. Entre os amores de Fritz y Natalia, aparece Maximiliam (Helmut Griem) un aristócrata bisexual con el que inician relación tanto Sally como Bryan.

Tras una serie de acontecimientos, Maximiliam abandona atropelladamente Alemania. Sally queda embarazada y aborta. Bryan ante esto se marcha a Inglaterra y Natalia y Fritz se casan.

Cabaret ganó los premios Oscar al mejor director para Bob Fosse, mejor actriz para Liza Minnelli, mejor actor secundario para Joel Grey y mejor música para John Kander y Ralph Burns. En el apartado técnico, Cabaret, ganó los Oscars destinados a mejor decorado, mejor montaje, mejor fotografí­a y mejor sonido.

Antes de llevarse a la pantalla, Cabaret fue un musical de gran éxito en Broadway. La pelí­cula cuenta con numerosos números musicales intercalados en la acción e interpretados en el Kit Kat Club, el club sobre el que gira la historia. Legendarios son los números de Liza Minnelli, Mein Herr, que canta sobre una silla, Maybe this time, Money, Money, que interpreta junto al Maestro de Ceremonias y el inolvidable Cabaret toda una declaración de principios. La propia Minnelli se encargó de dar vida al personaje de Sally en las posteriores repeticiones del musical que Judi Dench habí­a estrenado en las tablas londinenses en el año 1967.

Sus reposiciones teatrales se suceden en todo el mundo hasta hoy dí­a.


Luces apagadas, el “Kit Kat club” es tamizado por un vidrio que transforma la platea en un cuadro de Munch. Es la realidad de Alemania en pleno ascenso fascista, la expresión de un grito de angustia entre el decadencia, un punto de libertad entre el régimen nazi: sean ustedes bienvenidos al Cabaret. La caricatura incisiva creada e inmortalizada por Helmut Griem abre la pelí­cula con un inofensivo número en el que podemos admirar por primera vez la magní­fica coreografí­a y
dirección de Bob Fosse, y la espléndida fotografí­a, indispensable para el resultado final. Aparentemente, un musical como otro cualquiera, de impecable acabado, pero frí­volo como el propio género. Sin embargo, entra pronto en escena Liza Minelli y derrumba todos los prejuicios.
Cabaret
es ella hasta lí­mites insospechados, ya que realiza una creación arrolladora, vitalista, emocionante, natural… Se funde con su personaje, le aporta humanidad, ternura, sentimiento y estrecha las relaciones del público con la pantalla, nos introduce en la historia desde el primer momento en que nos pide un cigarrillo. Derrocha talento a raudales, con ingenuidad, con esa mirada que nos desarma, a la vez que despliega su portentosa voz, sus sensuales contoneos y su picaresca en los escenarios. Consigue que nos olvidemos de su fí­sico poco agraciado y nos enamora. Eso es, en definitiva, una verdadera interpretación, un Oscar merecidí­simo que nos da una tremenda lástima al ver como se malogró con malas pelí­culas y peores compañí­as. El triste destino que le marcó su madre, Judy Garland y que aún hoy está sufriendo. A su lado palidece Michael York, correcto actor que da vida a un dubitativo muchacho, sin identidad sexual y en contra del régimen.









Pero, si bien he nombrado la confesa frivolidad del musical por norma general, pronto los números del “Kit Kat Club” adoptan el rol de narrador omnisciente, de moraleja del desarrollo de la trama. Metáfora, crí­tica, caricatura… El poder de las coreografí­as es fascinante, con una puesta en escena brillante, con una lí­rica riquí­sima y con unas interpretaciones memorables. “Money” o “Cabaret” son momentos álgidos dentro de la cinematografí­a mundial y su colocación en el guión es obra de suma inteligencia y sutilidad. Porque Cabaret es, ante todo, una historia, una tragicomedia en la que los personajes están descritos con minuciosidad, en un telón social difí­cil y reflejado a base de sabias pinceladas. Un clima de cambio y de represión que va creciendo paulatinamente y hasta su consolidación, momento que cierra la pelí­cula, nos despide de la libertad, la tolerancia y el vigor del cabaret. Un final redondo y contundente, audaz y demoledor
para una pelí­cula que, vista en pantalla grande, devuelve el sabor del buen cine, aquél que realmente marca un antes en nuestras vidas.










Una gran pelí­cula musical, que muestra la decadencia de un sector de la sociedad alemana en los últimos años de la República de Weimar, poco antes del ascenso de los nazis al poder absoluto y tenebroso de una sociedad a punto de expirar.

Ambientada en el club nocturno “Kit Kat”, Bob Fosse realiza una pelí­cula apasionante, Liza, como la legendaria Sally Bowles, una cantante americana en Berlí­n en los 30, se enamora del inglés Brian Roberts (Michael York), un amanerado bisexual. Ambos son seducidos por un playboy adinerado Maximilian von Heune (Helmut Griem), mientras que Natalia Landauer, una joven judí­a, heredera de una gran tienda se enamora de un gigoló, que guarda en secreto su origen judí­o por temor a los nazis. Cuando Sally queda embarazada, Brian le propone tener al hijo, pero ella opta por abortar y él regresa a Inglaterra. La historia se va desarrollando con el fondo musical del club, donde se van sucediendo de forma brillantí­sima los números artí­sticos y los comentarios sobre los personajes a cargo de un maestro de ceremonias inolvidable, como es el actor Joel Grey.

Cabaret explora el mismo terreno que La caí­da de los dioses de Luchino Visconti, ambas plantean que el ascenso del partido nazi fue acompañado por un ascenso en la manifestación de la bisexualidad, sadomasoquismo y otras actividades mas o menos subterráneas del ser humano, con la diferencia del marco, en este caso un acertado y espléndido musical.

Aunque esta apreciación parezca una simplificación a un movimiento nacional, tomándola respecto del nazismo tiene cierto sentido, o al menos eso pienso yo, pues especialmente se trata de un movimiento en el cual se resalta el cuidado del cuerpo en búsqueda de la perfección y la concepción de la superioridad racial.

Cabaret trata acerca de personas cuya ambigüedad sexual eran parte de la escenografí­a del Berlí­n de los años treinta y está centrada en Sally Bowles -Liza Minelli-, una de las más famosas invenciones literarias de apareció en los cuentos de Berlin de Christopher Isherwood, reapareciendo luego en la pieza teatral: Yo soy una cámara. La figura de Sally despreocupada de su futuro, del nazismo, que se relaciona y se compromete con los demás hasta un punto trágico, por ella es la sí­ntesis de la imagen de toda una época en la historia de Alemania hastiada.

En tal sentido, es emblemática la escena del filme: un joven uniformado con traje de las Juventudes Hitlerianas, comienza a cantar un tema, que habla del futuro que nos pertenece. Lentamente se le van uniendo otras personas, particularmente jóvenes y algunos hombres de mediana edad. Los ancianos escuchan con desdén la canción. Para unos existe un futuro, prometido por un partido polí­tico que avanza con fuerza. Para otros, todo ha llegado a su fin, y nada les importa. Tremendo, impactante como todo el filme de Fosse, y son momentos que yo nunca he podido olvidar, y además no quiero desecharlos. 

Las letras de las canciones también hacen referencia a la crisis que se vive: Alemania no era más que un cabaret, donde habí­a que tratar de vivir lo mejor posible, donde habí­a que procurar la posesión del dinero y la felicidad, porque sobre ellos comenzaba a flotar la sombra de la violencia y el terror nazi.





Jamás en toda la historia del musical se le puede llamar a un filme musical sin serlo. Jamás en la historia del cine una pelí­cula levanta tantas ambigüedades, tantas derivaciones y tantos sentimientos. Cabaret es una bomba de relojerí­a, un enorme calidoscopio histórico con ramificaciones sociales, envueltas en una música que por derecho propio ha formado y formará parte de la historia del séptimo arte. Siento un escalofrí­o recorriéndome todo el cuerpo mientras escribo este homenaje al filme de Bob Fosse, por mi mente se cruzan escenas, números musicales, rostros entrañables, personajes curiosos, llenos de vida y sentimiento…… Me siento incapaz de introducir mi mano dentro de la pantalla y llevarme para siempre ese color, y la frescura que desprende una a una todas las secuencias de esta joya, porque al hacerlo no encuentro nada, y ello me produce un enorme frí­o y unas ansias desenfrenables de no poder absorber todo el filme para mi solo, como único alimento para toda una vida dedicada a amar el cine Y cuando esto ocurre resulta triste, muy triste.

La pelí­cula consiguió en el año 1972 varios oscars de la Academia: Mejor actriz, Liza Minelli. Mejor actor de reparto, Joel Grey. Mejor Director, Bob Fosse. Mejor fotografí­a, Geoffrey Unsworth. Música y canción original, Ralph Burns

Y seguirá siendo por muchos años, un filme de culto, una pieza de estudio, una obra única, un legado de incalculable valor para nuestras generaciones…. Es aquí­ donde el cine deja de serlo para convertirse en el arte más grande.


La vida es un cabaret

Bob Fosse es una de las figuras más fascinantes del moderno cine norteamericano. Bailarí­n y coreógrafo prodigioso (no hay más que recordar su breve y excepcional intervención en la infravalorada El pequeño prí­ncipe (1974, Stanley Donen), las cinco pelí­culas que componen su filmografí­a revelan el portentoso pulso fí­lmico de un maestro de la dirección, capaz de desnudar su alma, sus obsesiones y sus deseos en todos y cada uno de los planos que forman su corpus cinematográfico.

Su estilo oscila entre un diseño visual y de puesta en escena deudor del imaginario de Federico Fellini (de hecho, All that jazz (1979, Bob Foster) bien puede ser considerada su Ocho y medio particular) y un fondo que revela una profunda preocupación por las relaciones humanas que lo vincula directamente a Franí§ois Truffaut. La planificación de sus obras es, a menudo, serena, compuesta por planos fijos en los que disecciona el cúmulo de sentimientos que atraviesan o han atravesado las vidas de sus personajes. Empero, esta placidez se ve arremetida por el nerviosismo de un montaje sincopado en las secuencias musicales cuyos números sirven, generalmente, como elemento catártico, la respuesta visceral a un mundo hostil y carente de significado (Noches en la ciudad), como el único resquicio que posee el propio Fosse para decir claramente lo que sus personajes no se atreven a declamar en voz alta (Cabaret), o como una explosión de adrenalina que va más allá de la rutina diaria y que le confiere a la vida toda su plena trascendencia (All that jazz). Fosse es, por ello y continuando con las referencias, el Ingmar Bergman del cine musical. Utiliza esta plataforma genérica como elemento clave de su discurso desplazando los demás senderos argumentales a unas simples bases circunstanciales, únicamente efectivas por servir de detonante al discurso musical.

Cabaret es la sí­ntesis perfecta del estilo de Fosse.

El filme es un musical absoluto, la trascendencia definitiva de un género al que se le han podado las superficialidades dejando al descubierto su más impactante esencia.


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