Director: Wes Craven. 1972. EE.UU. Color
Intérpretes: Sandra Cassel, Lucy Grantham, David Hess, Fred J. Lincoln, Jeramie Rain, Marc Sheffer, Richard Towers, Cynthia Car, Asa Washington, Martin Kove


Mari y Phylis quieren celebrar el decimoséptimo cumpleaños de la primera con un concierto de su grupo preferido, Bloodlust. Pero antes que lleguen a la Gran Ciudad, son raptadas por un trío de maníacos. Las violan y las asesinan brutalmente tan sólo a cien metros de la casa de una de las chicas. Abandonan los cuerpos y se dirigen a la casa sin saber que allí viven los padres de Mari. Poco a poco, los padres irán tomando conciencia de lo que ha sucedido realmente y tras asimilarlo, vendrá una venganza ciega, atroz y sin concesiones.




La última casa a la izquierda contribuyó junto a Las colinas tienen ojos y Pesadilla en Elm Street a que Wes Craven comenzara a destacar en el género de terror.
Después de abandonar su trabajo como profesor de Humanidades, un treintañero Wes Craven, de vocación tardía consiguió sus primeros trabajos en el séptimo arte como editor y ayudante de producción de Sean S. Cunningham, quien ayudaría a su pupilo más tarde produciéndole este filme.
Cargado de imágenes de una crudeza brutal este largometraje se compone de dos partes, dos pesadillas. Una la vivida por las dos jóvenes y la segunda la morbosa venganza iniciada por los padres que sufren los asesinos. Para los progenitores de Mary la venganza no es ni mucho menos un plato que se sirva frío aunque no deja de ser curioso que estos dejen de llorar a su hija casi instantáneamente. Craven acierta en la diana usando este tema como denuncia y crítica social pero no con el guión, la historia es sumamente aburrida y se detiene demasiado en los momentos salvajes. El director y también guionista en lugar de decantarse por la sutileza apuesta por el obligado visionado de escenas salvajes que realmente pueden herir la sensibilidad del espectador más sensible.
La última casa a la izquierda contiene una banda sonora nada apropiada para un tema tan escabroso pero ésta consigue acentuar su propósito, sobre todo en los momentos dedicados a ridiculizar a la policía. Con su estética, la cinta no puede negar pertenecer al inicio de la década de los setenta, su fotografía y estilo la delatan, pura “serie B” de presupuesto muy reducido (ni siquiera tiene títulos de créditos finales) y unos actores limitados interpretativamente.
Más de treinta años han pasado desde que Wes Craven iniciara su carrera cinematográfica con este título y aunque ésta ha estado cargada de éxitos y fracasos, hoy a la hora de hablar de cine de terror moderno es un director que no puede pasar

La última casa a la izquierda fue la primera película de Wes Craven. Realizada en el ya lejano 1972, hoy día goza de ser pieza de culto de ciertos sectores autodenominados cinéfilos.
El filme narra el ataque de unos delincuentes y pervertidos sexuales a una pareja de quinceañeras. El padre de una de las víctimas -violada y asesinada- procederá a una, según Craven, sutil venganza.
Considerada por algunos críticos franceses como un remake de El manantial de la doncella (1959, Ingmar Bergman), es evidente que Craven bebe de la inspiración del genio sueco, aunque a un nivel argumental primario. El realizador americano prefiere volcarse a una estética feísta, a un culto a la imaginería “gore”, a ofrecer un canto a la tosquedad y al efectismo barato.
Si bien en un principio ciertos planteamientos podrían gozar de alguna simpatía por parte del espectador, como es el intento revulsivo de conmocionar a una sociedad puritana a base de un continuo atentado a lo que tenido en llamarse “buen gusto” y “compostura”, no es menos cierto que los modos utilizados distan mucho de ser plausibles.
Craven tiende a una incultura cinematográfica exorbitante -suponemos que debido a su inexperiencia, y no a un intencionado estilo “anticinematográfico”-, a un retrato de tipos rozando la imbecilidad congénita y a una carencia absoluta de ritmo narrativo.
Argumentalmente ya se detectan ciertos estilemas característicos del autor de Pesadilla en Elm Street, tal cual es su repertorio de trampas y trucos que desarrollan los “personajes” para salvarse del acoso homicida, cuya fuente de inspiración serían los mecanismos marca ACME que usa el infatigable Coyote para atrapar al impertinente “Correcaminos”.





