Director: Gordon Parks Jr. 1972. EE.UU. Color
Intérpretes: Ron O’Neal, Carl Lee, Sheila Frazier, Julius Harris, Charles MacGregor, Hulk Hogan

Priest es un traficante que quiere retirarse. Pero antes de hacerlo quiere dar un gran golpe vendiendo 30 kilos de droga y recibiendo medio millón de dólares.
MmmCon esta película tengo sentimientos enfrentadosQuizá sea la peor -o casi- película, desde el punto de vista técnico, que he comentado hasta ahora. La cámara parece llevada por un director de cine porno, a base de zooms extraños y planos-secuencia a los que la iluminación y fotografía no ayudan nada, lo que explica que Gordon Parks Jr. sólo dirigiese cuatro películas. A ésto hay que añadir horribles errores de principiantes como que se reflejen las cámaras en los cristales, que se vean detrás de una puerta y cosas por el estilo. El reparto está lleno de malos actores, de entre los que despuntan Ron O’Neal (Priest), Charles McGregor (Freddie el calvo, o el gordo), y Polly Niles (Cynthia). Ron O’Neal, al llevar el peso de la película, es el más remarcablemente malo. Por continuar la tradición de “parecidos razonables”, diríamos que es una mezcla entre Lenny Kravitz cuando llevaba el pelo liso, en la época del “nunca-suficientemente-criticado-Baptism”, y Hulk Hogan y que, supongo, porque no he visto ninguna de sus películas, su manera de actuar sería comparable a la del segundo.



El guión esbueno, a ver, vamos a decirlo claramente, en realidad la película es un videoclip de Curtis Mayfield de 90 minutos y, entre pista y pista, hay una especie de espectáculo extraño y rebuscado. Para rellenar los 90 minutos de videoclip, se inventan una historia en la que Priest está cansado de traficar con la cocaína y en la que Scatter (Julius Harris) ya ha dejado de traficar. Sin embargo, ambos están todo el rato metiéndose coca (Priest lo hace con la cruz que lleva de colgante, así que supongo que la película estará en la “lista negra” del Vaticano). ¿Si son adictos por qué dejan de traficar? ¿Para tener que comprarle la coca a otro? Es absurdo. El resto del relleno está construido a base de “qué malos son los blancos” y “qué buenos son los negros”: Los policías son blancos y el gran traficante (que es un policía corrupto) y su pandilla son blancos; sin embargo, el negro se ve forzado por los blancos a traficar y es bueno porque quiere dejar de hacerloestúpida forma de intentar que el espectador sienta simpatía por el protagonista. Si quieres hacer una película sobre un traficante (sea negro o blanco, me da lo mismo), la haces y listo, no intentes que el espectador sienta simpatía -y sólo simpatía, porque no olvidemos que la película gira en torno a Curtis Mayfield- porque se quiere reformar. Y, claro, el 5% restante de la película son tetas, que nunca vienen mal para rellenar.


Una escena muy destacable es la escena de sexo en la bañera con Priest y Georgia (Sheila Frazier). Quizá sea la peor escena de sexo que haya visto en una película. Para empezar, los planos, por no perder el hilo, parecen de una película “porno”. Se pasan con el zoom en los primeros planos y en los planos medios están mal enfocados. Pero lo mejor de esta escena es el audio. Mientras se están besando se escucha que uno dice el nombre de otrooye, ¿quién sabe? igual tienen el aparatito ése que te deja hablar con la tráquea o son ventrílocuosy lo mejor es el sonido del chapoteo en el agua -que parece que han metido un cachalote en un cubo de fregar- mientras se ve que no mueven su cuerpo. Igual es que Priest había metido la lengua demasiado dentro y estaba ahogando a Georgia.
Las escenas de acción también son bastante cutres, salvo la primera persecución, que no está mal. El atropello de Freddie el calvo cuando sale de comisaría es bochornoso. Y la escena de la lucha final en el puerto, relentizada para darle más dramatismo, está llena de errores de continuidad. Aunque esta escena tiene un memorable diálogo entre Priest y Readdon (Mike Richards):
- Readdon: “¿Por qué quieres retirarte? ¿Qué otra cosa puedes hacer? Estás haciendo más dinero que nunca. Lo que quieres ser es un pesetero traficante negro. No me importa lo que tengas en la cabeza. Trabajarás para mi hasta que yo te lo diga”.
- Priest: “Yo no soy de tu propiedad, cerdo, y ningún maldito hijo de puta me dice cuándo retirarme”.
- Readdon: “¿Con quién coño piensas que hablas?”..
- Priest: “Te hablo a ti, blanco maricón”
!Pero qué chulazo que es el Priest, por Dios, no me extraña que las nenas le bailen desnudas!


Otra frase memorable sale de Eddie cuando Priest le comenta que quiere retirarse: “Tienes un estéreo de 8 pistas, televisión en color en cada habitación, y puedes esnifar cuanto quieras,¡ésto es el sueño americano, negro!”
√âso, y cuando Priest le dice a Scatter “tienes blanca la nariz como una mula de Georgia” tras meterse un tiro, es lo único que se puede destacar de los diálogos. Un acierto constituye acortar el periodo de tiempo de los 4 meses que se dedica Priest a repartir los 30 kilos a base de fotografías fijas que aparecen al ritmo del tema principal, pero sólo hasta la mitad, porque cuando se alcanza la mitad empieza a cansar y se pierde todo el interés por el efecto. Y es que en Superfly pasa que hay veces que la música cansa, que no es -o no debería de ser- un videoclip.
En resumen: Se puede apreciar mejor la banda sonora escuchando el disco que viendo la película, a no ser que se sea un fanático de los coches americanos de los 70, se lleve un abrigo largo, un sombrero con pluma, se esté rodeado de mujeres y se sea un chulazo cuyo vocabulario se reduzca a la expresión “motherfucker”, en cuyo caso ésta es la película definitiva. “¿Y por qué he dicho que tenía sentimientos enfrentados con esta película?” Pues porque tal vez me gustaría ser un poco “Bad motherfucker”