CRÍA CUERVOS

Película estrenada entre 1973-1975

Director: Carlos Saura. 1975. España. Color
Intérpretes: Geraldine Chaplin, Mónica Randalll, Florinda Chico, Ana Torrent, Héctor Alterio, Germán Cobos, Mirta Miller

Ana (Geraldine Chaplin) recuerda todo lo que ha acontecido desde el momento de la muerte de su padre, veinte años antes. Ana, una chiquilla entonces, es testigo del suceso: su padre Anselmo muere en la cama con su amante, y la niña -que estaba espiando la escena- cree que la muerte es por un vaso de leche que el padre ha bebido y en el que ella echó lo que creyó es veneno, y no fue más que perborato sódico. Así, Ana, a sus nueve años, cree tener poder sobre la vida y la muerte de quienes viven con ella. Hay otro poder que Ana cree poseer: el de invocar la presencia de su madre. Con ella, muerta hace años, revive una relación llena de ternura y, a veces, de dominio.


Uno no deja de admirar a esa niña actriz que interpretó dos obras maestras del cine español (El espíritu de la colmena y Cría cuervos…). Y es que Ana Torrent, sus ojos, su expresividad, sus gestos…, son absolutamente esenciales en ambas películas.


Cría cuervos… tiene además un excelente guión y el buen hacer de un Carlos Saura que sabe sacar el máximo partido a la interpretación de los protagonistas -todos los actores están fantásticos-, colocando la cámara en el sitio apropiado y retratando perfectamente cada rostro. Magnífico trabajo de dirección de actores, que alterna brillantes escenas costumbristas, como la del baile de las niñas, con una trama de misterio que tiene a la pequeña Ana como núcleo central.
La historia se desarrolla desde el punto de vista de los ojos del personaje infantil, y termina con un final lleno de genialidad. Fantasía y realidad se mezclan en el mundo de la infancia, llevando al espectador segundo a segundo al disfrute de cada plano.
Cría cuervos, y te sacarán los ojos… Aunque las cosas no siempre son lo que parecen cuando las mira un niño. Elocuente y reflexiva secuencia final de los escolares yendo a clase mientras suena la música de fondo que da paso a los títulos de crédito… “Tan, tan, tan, taratatán, tan, tan… Hoy en mi ventana brilla el sol, y el corazón se pone triste contemplando la ciudad, ¿por qué te vas?”
Y la sensación que queda es la de haber asistido a la proyección de una de las grandes películas del cine español. Tal vez, la mejor en la interesante filmografía de Saura.


Drama escrito por Carlos Saura e interpretado por laque entonces era su mujer Geraldine Chaplin (doblada en algunas escenas por su notable acento británico, que sigue teniendo, a pesar de su larga estancia en España) y un extraordinario elenco en el que descuella una encantadora niña protagonista, de unos nueve años: Ana (Ana Torrent).
Película enigmática, al estilo de una alegoría, sugiere muchas interpretaciones, estrenada poco después de la muerte del dictador Francisco Franco. En algunos momentos la música atrapa, como en una comedia de Almodóvar, en una canción deliciosa -cantada por jeanette- que dice:
“Hoy en mi ventana brilla el sol. Y el corazón se pone triste contemplando la ciudad; ¿por qué te vas?…
Psicoanálisis (la fuerza de los recuerdos, el sueño, la imaginación, la mezcla del recuerdo, la imaginación y el deseo, la muerte, lo siniestro, la noche.)
Surrealismo: una niña sin moral, imitando sin pasión a sus padres, observando, preguntando, cuestionando, patas de pollo en la heladera.
Política: en consonancia con el tema de la época, están en claro actitudes totalitarias, incluso criminales (en la niña), o añoranzas de épocas pasadas (en la abuela).

Una de las visiones más precisas, tristes y duras a la par que delicadas, de la estructura familiar y de la caída de la burguesía en el tramo final del franquismo. El callado retrato de una familia rota por la precoz muerte de los dos progenitores, la convivencia diaria con el desamparo reflejado en los cándidos rostros (con Ana Torrent a la cabeza) de esas tres niñas, que parecen no ser conscientes de su situación pero lloran y sufren, juegan al escondite, todo con gran fortaleza.
Un Carlos Saura en estado de gracia con un relato desgarrador que lleva a la perfección, dirigiendo con maestría a un plantel de actores que dan lo mejor de sí mismos.
Ya lejos de la psicología o filosofía paternal, la película es conmovedora en algunas ocasiones e inquietante en otras muchas. La buena mano de Saura (esta vez, sí) y la penetrante mirada de una Ana Torrent en estado de gracia (ahora ya es otro cantar) nos conducen por unos recuerdos que se mezclan con la realidad más amarga.


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