Director: Luis Buñuel. 1974. Francia. Color
Intérpretes: Adriana Asti (La dama en negro/El último Prefecto), Julien Bertheau (Prefecto), Jean-Claude Brialy (Foucauld), Adolfo Celi (Médico de Legendre), Michel Lonsdale (Sombrerero), Paul Frankeur, Pierre Maguelon (Gérard), François Maistre (Profesor), Hélène Perdriere (Tía), Michel Piccoli (Otro Prefecto), Claude Pieplu (Comisario de Policía), Jean Rochefort (Legendre), Bernard Verley (Capitán de Dragones), Mónica Vitti (Sra. Foucauld), Jeeny Astruc (Mujer del Profesor), Jean Champion (Doctora), Ellen Bahl (Niñera), Muni (Criada de Foucauld), Bernard Musson (Padre Rafael), Pierre Lary, Marcel Peres, Marie-France Pisier, Claude Jaeger, Serge Silberman, José Luis Barros, José Bergamin, Luis Buñuel

Serie de viñetas entrelazadas por un personaje o una situación que conecta una historia con la siguiente. Unos soldados franceses entran a la catedral de Toledo durante la invasión napoleónica. Un capitán besa la estatua de una mujer y destruye la de un hombre. En la época actual, un matrimonio se escandaliza con unas postales que muestran monumentos de París. Un hombre ve pasar unos animales por su cuarto. En una escuela de policías, un gendarme dicta una lección sobre las distintas costumbres antropológicas. Un asesino es dejado en libertad después de matar a 18 personas. Una multitud furiosa asalta un zoológico gritando lemas de la resistencia anti-napoleónica, mientras un avestruz mira directamente al espectador.


Con la profanación de una tumba de enamorados en la catedral de Toledo por parte de un oficial francés -en tiempos de la invasión napoleónica-, se desencadena una especie de maldición que -con la lectura del libro que cuenta la profanación-, se traslada a los tiempos actuales.
Desde ese momento, se nos van presentando una sucesión de personajes -enlazados unos con otros como si se pasaran el testigo en una carrera de relevos-, con sus absurdas, surrealistas, experiencias: un desconocido da a unas niñas una colección de imágenes -con la advertencia de no mostrarlas a los adultos- y luego sus padres cuando las propias niñas les entregan las imágenes, se escandalizarán, como si fueran pornográficas, cuando sólo son monumentos de París…. y así empieza la serie de historias absurdas a cual más disparatada.
El surrealismo nos sugiere pensar liberándonos de cualquier control de la razón, de cualquier prejuicio moral, de cualquier norma; y en esto recuerdan a la filosofía Zen, para los cuales -en la creencia de la perfección de nuestra naturaleza original-, el proceso de iluminación consiste meramente en transformarnos en lo que ya somos desde un principio. Cuando se le preguntó un maestro Zen sobre buscar la naturaleza Buddha, respondió: “Es muy parecido a montar un buey en búsqueda del buey.”


Liberando nuestra mente del lastre que suponen los pre-juicios en los que se ha nutrido desde la infancia, volverá a experimentar la liberación del espíritu. Coinciden, a mi entender, ambas culturas de pensamiento.


Buñuel durante el rodaje de El fantasma de la libertad (1974)