GALILEO

Película estrenada entre 1973-1975

Hay dos largometrajes notables que han llevado a la pantalla la figura de Galileo Galilei. Ambos se centran en las primeras observaciones con el telescopio, que confirmaban las teorí­as de Copérnico, y en el histórico enfrentamiento con la Inquisición, que forzó a Galileo a la abjuración.

 

GALILEO

Director: Liliana Cavani. 1968. Italia-Bulgaria. Color. Duración: 90 minutos.

Actores: Cyril Cusack, Gigi Ballista, Giulio Brogi, Gheorghi Kolaiancev, Nevana Koranova, Lou Castel y otros. Guión: Tullio Pinelli, Fabricio Onofri i Liliana Cavani.

Consultor histí²rico: Boris Ulianov



 

GALILEO

Director: Joseph Losey. 1974. G.B. Color. Guión: Joseph Losey y Barbara Bray, según la obra de Bertolt Brecht La vida de Galileo

Intérpretes: Topol, Edward Fox, John Gielgud, Tom Conti, James Aubrey, Colin Blakely, Richard O’Callaghan y Georgia Brown



 

Joseph Losey dirigió en 1947 la obra de Brecht en su estreno en el teatro. En 1974 la retomó en el cine para el Proyecto de la AFT, que fracasó comercialmente, de recreación cinematográfica de grandes obras teatrales. La rodó en orden progresivo (como una obra de teatro), por secuencias. La última escena (la número 14) fue rodada de un tirón.

Comparativa entre ambas versiones

La obra de Cavani es cine; la de Losey es teatro filmado. Cavani utiliza exteriores, ofrece planos de gran profundidad, escenas sin diálogo y refuerza con música el dramatismo de algunas situaciones. Losey filma en escenarios cerrados, con planos siempre muy próximos a los actores y la música aparece como oberturas a cada escena, a cargo de un trí­o de voces blancas; pero, ante todo, en la obra de Losey predomina el diálogo.

Brecht-Losey incurren en cierto didactismo, orientando la reflexión del espectador con diálogos ficticios que plantean los problemas subyacentes a la situación. Cavani rueda unos hechos históricos; cuando recrea discusiones cientí­ficas o teológicas lo hace en la óptica del s. XVII, no desde el s. XX.

Cavani termina su obra en la escena impresionante de la abjuración. Losey-Brecht no recrean dicho acto, sino que lo suplen (escena 13) por un debate entre sus seguidores y concluyen (escena 14) con otro debate entre Galileo y su discí­pulo Andrea, que constituye otro juicio a Galileo.

Topol encarna a un Galileo enfático. Cyril Cusack lo hace de forma más comedida.


La vida de Galileo por Bertolt Brecht

Esta obra tuvo su primer texto en 1938, pero
fue reescrita durante un largo periodo de tiempo, llegando a tener tres versiones drásticamente diferentes. Muchos han visto en ella reflejos de las vivencias del propio Brecht y del drama histórico de su tiempo.

En la primera versión, con Brecht huyendo del nazismo, Galileo es un anciano que burla a la Inquisición y rehúsa ser un mártir sometido a la tortura, que puede así­ continuar astutamente sus trabajos cientí­ficos y los pasa clandestinamente ante las narices de la autoridad. Se le presenta como un héroe a pesar de su retractación.

Andrea: “Desgraciado el paí­s que no tiene héroes”.

Galileo: “No. Desgraciado el paí­s que necesita héroes”.

Tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, Brecht hace añadidos, convencido de que los cientí­ficos se habí­an vendido a los belicistas y trata de denunciarlo en su obra, produciéndose la mayor alteración del texto.

Galileo: “He traicionado a mi profesión”.

El cientí­fico ya no puede confiar en el poder, como le ocurre a Galileo, perseguido por el nuevo Papa que antes le alentaba a seguir sus trabajos. Se acentúa la exigencia de que Galileo, en una ocasión histórica única, hubiese ofrecido a la sociedad el potencial transformador de su saber, proclamando una nueva era, la Era de la Razón.

Galileo: “Quien no sabe la verdad, es meramente un imbécil. Pero quien la sabe y la llama mentira, ése es un criminal”

En esa época, además Brecht es objetivo del Macarthysmo que quiere “limpiar Hollywood de comunistas”. Terminada la guerra, se reproduce el enfrentamiento entre el poder que se cree poseedor de la verdad y la impotente verdad del disidente.

Al despedirse de Andrea, con el manuscrito de los Discorsi escondido, Galileo le dice:

“Ten cuidado cuando atravieses este mundo con la verdad bajo la chaqueta”

Esta segunda versión, en inglés, fue escrita en colaboración con Charles Laughton que fue su actor protagonista en Broadway en 1947, bajo dirección de Joseph Losey. Al dí­a siguiente de su comparecencia ante el Comité de Actividades Antiamericanas, durante el estreno de La vida de Galileo en Nueva York, Brecht huye a Europa.

El texto final fue escrito en Berlí­n en 1953, año de la invasión soviética para reprimir las protestas obreras. Brecht fue presionado para escribir un documento apoyando la actitud represora oficial. Al igual que Galileo, se encontró en la terrible situación de desmentirse y la única fidelidad que le quedó fue continuar su obra. Y es en ese momento cuando se acentúa en el texto la debilidad de Galileo: éste, con mala conciencia, confiesa a Andrea que sólo el miedo al dolor fí­sico le llevó a retractarse. En esta tercera y definitiva versión confluyen las contradicciones del personaje.

“Dada la situación, nadie se puede inclinar ni a admirar ni a condenar a Galileo”  (B. Brecht)


 

Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564Florencia, 8 de enero de 1642), fue un astrónomo, filósofo, matemático y fí­sico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución cientí­fica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el “padre de la astronomí­a moderna”, el “padre de la fí­sica moderna” y el “padre de la ciencia”.

Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método cientí­fico y su carrera cientí­fica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental

 

Galileo

Director: Joseph Losey. 1975. G.B. Color

Intérpretes: Topol, Edward Fox, John Gielgud, Tom Conti, James Aubrey, Colin Blakely, Richard O’Callaghan y Georgia Brown

Galileo Galilei fue un brillante matemático y cientí­fico que nació en Pisa en el siglo XVI y que aportó importantes contribuciones cientí­ficas a varias disciplinas. Sus opiniones sobre el sistema solar le hicieron enfrentarse frontalmente con las poderosas autoridades eclesiásticas. Basada en una obra de Bertol Brecht, Vida de Galileo” es una mirada absoluta a la naturaleza de la creación, un retrato que examina las responsabilidades tanto del creador como de las autoridades contrastándolas con la batalla de un hombre en contra de la sabidurí­a convencional.

Epur si muove o la vergüenza de la Iglesia

La vida de Galileo, tal como es aquí­ contada, es una invitación a la reflexión sobre la lucha que el conocimiento cientí­fico ha tenido que librar contra los pre-juicios en que se sustentan las Instituciones, que hasta el siglo de las luces representó la Iglesia Católica.

La Tierra no podrí­a girar en torno al Sol porque en la Biblia, era al Sol a quien Dios ordenaba que se detuviera, y Dios no podí­a equivocarse. Asi pués era acto de fe que la Tierra estaba en el centro de Universo, inmóvil.(El resto de la crí­tica puede contar partes de la pelí­cula)
Ver todo Galileo hubo de abjurar ante las amenazas de la “Santa Inquisición”, y retractarse de sus evidencias de que era la tierra la que giraba en torno al Sol (un siglo atrás el autor de esa teorí­a, Copérnico, no se atrevió ni a publicar su Obra).

Cuenta la leyenda que tras retractarse dijo para sí­ Galileo, Epur si mouve, “sin embargo se mueve”. Desde entonces fue la Iglesia la que empezó a moverse para ceder el paso, primero a las ciencias y luego a la libertad de expresión. Y con ello empezaron a tener fin sus abusos.

La genialidad, y su incompatibilidad con el mundo, son representadas magistralmente por esta obra de Joseph Losey. Allí­ se ve como el poder económico, y el religioso, el cual no es más que un disfraz del primero, carcomen la producción de este personaje excepcional.

Además de sus aportes cientí­ficos, Galileo regala unos conceptos muy valiosos que chocaron con la sociedad en la que vivió, y lo que es más lamentable, siguen chocando, cuatro siglos más tarde, con nuestra sociedad. Uno de estos aportes, es el objetivo de la ciencia, el cual considera que deberí­a buscar hacer más fácil la vida a la humanidad. A esta conclusión llega en el ocaso de su vida, cuando, preso por la inquisición, le confiesa a su aprendiz su error de haber recurrido al papa para volcar sus conocimientos, en un momento en que, gracias a su “invento” previo, la astronomí­a se discutí­a en todos lados, y si hubiera difundido sus conocimientos al pueblo, le hubiera otorgado un poder mayor que el del Vaticano. El otro aporte, se expresa simple y contundentemente en una frase, parafraseada de esta manera: “Lo triste no es una tierra sin héroes, sino una tierra que los necesite”. La misma surge como respuesta ante el reclamo de sus aprendices por haberse retractado, por haber evitado la tortura y la muerte, por no haber sido un héroe, y creo que la respuesta es brillante, esas simples palabras desnudan uno de los grandes engaños que históricamente se usó para proteger el poder y su injusticia: la necesidad de héroes. Desde los escritos antiguos, a las vomitivos habituales de Hollywood, la mayorí­a de historias se construyen alrededor de un héroe, y esto se instala como un cáncer en nuestros cerebros, se esculpe la idea de que para combatir la injusticia reinante, es necesario un héroe, y como no lo somos, no la combatimos, y gracias a esto la injusticia reina. Yo no soy un héroe, tu seguramente no lo seas, tengo pocos lectores para tener un héroe entre ellos, si tuviera un millón de lectores quizás tendrí­a un héroe leyéndome, pues son muy pocos los héroes, y por ese mismo motivo duran muy poco también, entonces la hábil estrategia del poder para protegerse y preservar la injusticia, es cultivar el concepto del héroe, y con él, adormecer a la inmensa mayorí­a de la gente en aceptación y sumisión, pues es a esa gente a la que teme, no a los héroes, a los cuales tarde o temprano destruirá.

La historia se desarrolla utilizando una narrativa simple, exceptuando unas escenas en la se quiebra esta estructura y se le da mayor vuelo artí­stico a las mismas. La primera es en la que se utiliza una suerte de teatro grotesco, mecanismo con el cual se difundí­an las ideas de oposición en aquella época, para expresar el momento en que las ideas de Galileo llegan al pueblo, y como de ellas surge la sustitución de la fe por la duda, como el régimen establecido: los cardenales girando alrededor del papa, los obispos alrededor de los cardenales, y la larga secuencia hasta el más pobre campesino, se desploma ante uno mucho más natural en el cual cada uno hace lo que tiene ganas, sin opresores ni oprimidos. La elección de cómo representar la idea es perfecta, y el contenido tanto conceptual como artí­stico es brillante. La segunda escena es cuando van vistiendo al papa, mientras el cardenal inquisidor lo presiona para que detenga a Galileo. La extensa secuencia de vestimentas que le van poniendo encima, junto al numeroso conjunto de lí­deres que desfilan para escuchar sus palabras, van cargando sobre el papa un peso enorme que se respira en cada segundo de esa escena. La tercera, es la espera por la retractación de Galileo, en donde, en el mismo cuadro, y con un interesante juego de sombras, parecido al utilizado por Eisenstein en “Ivan el Terrible”, se muestran la fe y la razón, representadas por, la hija de Galileo la primera, y sus discí­pulos la segunda. Ella rezando frenéticamente, ellos discutiendo sobre lo que harí­a Galileo, ella cerrada, nublada, ellos argumentando, la escena genera tensión, aún conociendo su histórico desenlace, y es coronada con la frase disparadora de la reflexión del párrafo anterior. Finalmente, además de las escenas descriptas recientemente, cabe destacar la original idea de utilizar un coro de niños como prólogo de cada capí­tulo, lo cual corta el dramatismo sin perder la atmósfera de la era que esta siendo narrada.

En definitiva, una excelente pelí­cula, donde varios importantes conceptos sociales son presentados concisa y precisamente, utilizando correctos y variados mecanismos artí­sticos.

Pobre paí­s aquél que necesita héroes

Obra dirigida por el Joseph Losey a partir de un guión realizado de acuerdo con la versión de Bertolt Bretch, con quien habí­a colaborado en el montaje de la obra teatral en EE.UU. El trabajo de Losey no se limita a una simple transferencia del teatro al cine, sino que pretende ofrecer una atractiva recreación cinematográfica de una representación teatral. El vestuario, de época, destaca por la sobriedad de los colores y la exhuberancia de las formas. Los escenarios son amplios y abiertos, la estructura y la coloración de los mismos son sumamente discretas, destaca la magnificencia de los diálogos, que constituyen la médula de una obra hecha no para entretener, sino para plantear interrogantes, suscitar dudas y movilizar el pensamiento. La banda sonora ofrece fragmentos musicales de fondo que acompañan suavemente las incidencias de la acción. Cada cuadro de la obra cuenta con una breve introducción a cargo de tres voces blancas que introducen al espectador en el contenido del mismo. La interpretación de Topol (Galileo) es magní­fica y las breves intervenciones de John Gielgud (el viejo cardenal) y Edward Fox (el cardenal inquisidor) son excelentes. En su conjunto la pelí­cula es una obra equilibrada, rica en contenido y matices, visualmente atractiva y sumamente sugerente.

Narra la biografí­a de Galileo Galilei desde la época en la que mejora notablemente el telescopio inventado por los holandeses hasta su muerte. El telescopio le permite explorar el cielo y constatar que hay evidencias suficientes para sustentar la teorí­a de Copérnico según la cual la tierra no es el centro del universo, sino que gira alrededor del sol. En una primera instancia acepta guardar silencio sobre sus opiniones, pero a la larga será sometido a juicio por la Inquisición en Roma. En atención a que accede a retractarse de sus ideas no es condenado a morir en la hoguera, como le ocurriera a Giordano Bruno, sino a la pena de arresto domiciliario vigilado de por vida.

La historia, desarrollada libremente por Brecht, presta atención especial a las contradicciones personales de Galileo que cede y transige por temor al dolor fí­sico, pero mantiene vivas sus convicciones y sus deseos de comunicarlas, lo que le lleva a escribir en el último tramo de la vida su última obra “Discorsi”, que se publicará en Amsterdam, cuando el maestro se encuentra postrado por la artritis y la ceguera

 

Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564Florencia, 8 de enero de 1642), fue un astrónomo, filósofo, matemático y fí­sico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución cientí­fica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el “padre de la astronomí­a moderna”, el “padre de la fí­sica moderna” y el “padre de la ciencia”.

Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método cientí­fico y su carrera cientí­fica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental.


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