LA LEY DEL MÁS FUERTE (Faustrecht der Freiheit)

Película estrenada entre 1973-1975

Director: Rainer Wener Fassbinder. 1975. Rep. Federal de Alemania. Color

Intérpretes: Rainer Werner Fassbinder, Peter Chatel, Adrian Hoven, Hans Zandert


Biberkopf es un joven homosexual vulgar, ingenuo y bonachón que, tras trabajar como “Fox, la cabeza parlante” en una feria, gana medio millón de marcos en la loterí­a, lo que le permite introducirse en mejores y más exquisitos cí­rculos gays, conociendo y enamorándose entonces de Eugen, hijo de un empresario que posee una imprenta al borde de la bancarrota.


La ley del más fuerte es una de las obras más crueles de Rainer Werner Fassbinder, que funciona al mismo tiempo como reflejo amplificado de los nuevos mecanismos de la lucha de clases y también como doliente autobiografí­a del canibalismo y el sadomasoquismo afectivo (bien como verdugo, bien como ví­ctima) al que solí­a entregarse su autor en su vida privada. En su feroz exposición de las humillaciones y la autodegradación a la que es capaz de llegar el ser humano por conservar al ser amado. Pero aquí­ asistiremos a una focalización en la primera persona, en la desnudez de la intimidad del artista que se ve radicalizada con la presencia del propio Fassbinder que encarna a “Fox, la cabeza parlante”, artista de circo, bonachón y con no muchas luces, que resulta agraciado con el gordo de la loterí­a y se enamora de un hijo de papá, estirado y esnob, pero prácticamente arruinado, que le dará un acelerado curso de decoración de interiores y buenos modales en el comer y el vestir, a cambio de conducirlo a la ruina y humillarlo por su indisimulada condición proletaria, que lejos de llevar con orgullo, porta como un estigma de nacimiento, y exhibe con una desarmante e infantil inconsciencia y que a su pareja le resulta mucho más irritante que si se tratara de un concienciado militante, orgulloso de su lucha polí­tica.

Pero Fassbinder va mucho más allá del simple panfleto polí­tico, pues esta representación en clave melodramática de los nuevos escenarios donde en nuestros tiempos está teniendo lugar la lucha de clases resulta mucho más lúcida y amarga, ya que sus duelistas ignoran la representación en la que están participando (únicamente creen debatir sobre sentimientos y “buen gusto”) y de la que no dejan de ser sus ví­ctimas y peones. Otro aspecto de La ley del más fuerte es ver cómo está retratado la vida de la alta burguesí­a gay alemana, repleto de causticidad que tiene cierto aire de ajuste de cuentas. Fassbinder se pasea por esta feria de monstruos dejando en evidencia su pobreza moral y su obsesión por el dinero, las apariencias y el disfraz público como única tarjeta de visita válida para formar parte de tan “distinguido” cí­rculo. Así­, la cultura será utilizada en lugar de como vehí­culo de conocimiento, como arma arrojadiza de vejación con la que ridiculizar a los advenedizos que intentan acceder al clan, humillándolos y mostrando en público su escasa formación académica, su poco cultivado gusto o sus torpes maneras en la mesa. Una burguesí­a esnob, desafiante y altanera, acostumbrada a no recibir réplica y que sin que Fassbinder lo explicite aquí­, es la misma que llevó al poder al nazismo, y la que según el autor sigue rigiendo el destino de Alemania.



En realidad esta pelí­cula trata de cosas muy simples, pero a la vez, de las más complicadas de la vida. El deseo de una vida mejor, del amor no correspondido, la búsqueda de la felicidad y de uno mismo.

En este caso, la historia está centrada en un tema, la homosexualidad, que Fassbinder solí­a tratar con frecuencia en sus pelí­culas. Pero es una historia válida para todos por igual, muy común. La manera de contar la historia, es tan simple y bruta como el propio protagonista. Pero al igual que él, es totalmente real. Estas cosas ocurren continuamente.

Más le habrí­a valido a Fox (Fassbinder), haberse quedado con su chaqueta de cuero, en el bar con esa gente y disfrutar con su dinero de una manera sensata, en lugar de enfundarse los trajes caros, meterse en algo que le iba grande, dejarse engañar, y ser tan ingenuo.
Esa serí­a una conclusión rápida, la moraleja de la historia. Que si eres demasiado bueno, te pueden hacer daño. Que es mejor Vivir con la cabeza, no con el corazón o los impulsos, mantener un equilibrio casi perfecto entre lo que uno desea, lo que uno tiene y lo que puede permitirse.

Que impera, la ley del más fuerte. Pero cada vida es un mundo, como la forma de vivirla de cada cual.Rainer Werner Fassbinder es un claro ejemplo. Un genio, que vivió a su manera, que fue criticado por muchos y después valorado como se merecí­a. (El resto de la crí­tica puede contar partes de la pelí­cula)
Ver todo El final de Fox tirado en el suelo de la estación, las reacciones de esos “personajes” después de su muerte, de los niños, como en una obra teatral, todo es efectista, pero de una crudeza tan real como la vida misma.

 

          
 

 
 

 
 


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