Director: Rainer Wener Fassbinder. 1975. Rep. Federal de Alemania. Color
Intérpretes: Rainer Werner Fassbinder, Peter Chatel, Adrian Hoven, Hans Zandert

Biberkopf es un joven homosexual vulgar, ingenuo y bonachón que, tras trabajar como “Fox, la cabeza parlante” en una feria, gana medio millón de marcos en la lotería, lo que le permite introducirse en mejores y más exquisitos círculos gays, conociendo y enamorándose entonces de Eugen, hijo de un empresario que posee una imprenta al borde de la bancarrota.

La ley del más fuerte es una de las obras más crueles de Rainer Werner Fassbinder, que funciona al mismo tiempo como reflejo amplificado de los nuevos mecanismos de la lucha de clases y también como doliente autobiografía del canibalismo y el sadomasoquismo afectivo (bien como verdugo, bien como víctima) al que solía entregarse su autor en su vida privada. En su feroz exposición de las humillaciones y la autodegradación a la que es capaz de llegar el ser humano por conservar al ser amado. Pero aquí asistiremos a una focalización en la primera persona, en la desnudez de la intimidad del artista que se ve radicalizada con la presencia del propio Fassbinder que encarna a “Fox, la cabeza parlante”, artista de circo, bonachón y con no muchas luces, que resulta agraciado con el gordo de la lotería y se enamora de un hijo de papá, estirado y esnob, pero prácticamente arruinado, que le dará un acelerado curso de decoración de interiores y buenos modales en el comer y el vestir, a cambio de conducirlo a la ruina y humillarlo por su indisimulada condición proletaria, que lejos de llevar con orgullo, porta como un estigma de nacimiento, y exhibe con una desarmante e infantil inconsciencia y que a su pareja le resulta mucho más irritante que si se tratara de un concienciado militante, orgulloso de su lucha política.
Pero Fassbinder va mucho más allá del simple panfleto político, pues esta representación en clave melodramática de los nuevos escenarios donde en nuestros tiempos está teniendo lugar la lucha de clases resulta mucho más lúcida y amarga, ya que sus duelistas ignoran la representación en la que están participando (únicamente creen debatir sobre sentimientos y “buen gusto”) y de la que no dejan de ser sus víctimas y peones. Otro aspecto de La ley del más fuerte es ver cómo está retratado la vida de la alta burguesía gay alemana, repleto de causticidad que tiene cierto aire de ajuste de cuentas. Fassbinder se pasea por esta feria de monstruos dejando en evidencia su pobreza moral y su obsesión por el dinero, las apariencias y el disfraz público como única tarjeta de visita válida para formar parte de tan “distinguido” círculo. Así, la cultura será utilizada en lugar de como vehículo de conocimiento, como arma arrojadiza de vejación con la que ridiculizar a los advenedizos que intentan acceder al clan, humillándolos y mostrando en público su escasa formación académica, su poco cultivado gusto o sus torpes maneras en la mesa. Una burguesía esnob, desafiante y altanera, acostumbrada a no recibir réplica y que sin que Fassbinder lo explicite aquí, es la misma que llevó al poder al nazismo, y la que según el autor sigue rigiendo el destino de Alemania.


En realidad esta película trata de cosas muy simples, pero a la vez, de las más complicadas de la vida. El deseo de una vida mejor, del amor no correspondido, la búsqueda de la felicidad y de uno mismo.
En este caso, la historia está centrada en un tema, la homosexualidad, que Fassbinder solía tratar con frecuencia en sus películas. Pero es una historia válida para todos por igual, muy común. La manera de contar la historia, es tan simple y bruta como el propio protagonista. Pero al igual que él, es totalmente real. Estas cosas ocurren continuamente.
Más le habría valido a Fox (Fassbinder), haberse quedado con su chaqueta de cuero, en el bar con esa gente y disfrutar con su dinero de una manera sensata, en lugar de enfundarse los trajes caros, meterse en algo que le iba grande, dejarse engañar, y ser tan ingenuo.
Esa sería una conclusión rápida, la moraleja de la historia. Que si eres demasiado bueno, te pueden hacer daño. Que es mejor Vivir con la cabeza, no con el corazón o los impulsos, mantener un equilibrio casi perfecto entre lo que uno desea, lo que uno tiene y lo que puede permitirse.
Que impera, la ley del más fuerte. Pero cada vida es un mundo, como la forma de vivirla de cada cual.Rainer Werner Fassbinder es un claro ejemplo. Un genio, que vivió a su manera, que fue criticado por muchos y después valorado como se merecía. (El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo El final de Fox tirado en el suelo de la estación, las reacciones de esos “personajes” después de su muerte, de los niños, como en una obra teatral, todo es efectista, pero de una crudeza tan real como la vida misma.