Director: Robert Altman. 1975. EE.UU. Color
Intérpretes: Henry Gibson, David Arkin, Barbara Baxley, Ned Beatty, Karen Black, Keith Carradine, Geraldine Chaplin, Shelley Duvall, Scott Glenn, Jeff Goldblum, Ronee Blakley, Michael Murphy,
Insuperable retrato de la sociedad norteamericana de los años 70 a través de la música country. Nashville ha sido considerada unánimemente como una de las diez mejores películas norteamericanas de los años setenta. El filme supuso la primera obra coral de Robert Altman, a pesar de que en MASH ya se movió entre numerosos protagonistas, y alcanza un nivel de calidad en la filmografía del director al que sólo se le acerca Vidas cruzadas. Nashville es un mosaico épico de cinco días en la vida de veinticuatro personajes en la capital mundial de la música country. Se recurre a la música country para realizar una sátira de la sociedad americana. El filme gira en torno a la industria discográfica centralizada en esta ciudad. Allí una serie de personajes de la más variada condición se entrelazan a lo largo de la acción para dar una visión colorista y anárquica de los aspectos más vistosos del pueblo americano.

La historia de 24 personas que viven en Nashville, la capital de la industria de la música “country” con sus grandes estudios de grabación, durante cinco días. En parte tienen que ver unas con otras y en parte no. A veces sus caminos se entrecruzan por casualidad, todos tienen algo que ver con la música.
Nashville casi parece el resultado de una retransmisión en directo gigantesca, con 24 cámaras ocultas y un virtuoso en la mesa del realizador-.

Nashville, es el punto culminante de la carrera cinematográfica de Robert Altman. Aun siendo claramente su filme más sujeto a controversia, Nashville, fue también su mejor apuesta. Altman desarrolló técnicas de producción innovadoras para narrar una historia basada en veinticuatro personajes principales. Con su explosivo contenido político, Nashville rompió con la tradición del filme musical conservador, exigiendo mucho de sus espectadores y ofreciendo interpretaciones nada fáciles.

En armonía con films posteriores de Altman, Nashville, examinaba la difundida presencia de la apatía y el conformismo en la cultura americana. El tono de Nashville, sin embargo, no es la hostilidad, sino la objetividad. Nashville, no propugna ninguna perspectiva ideológica explícita, sino que sugiere la necesidad de un nuevo despertar moral en los Estados Unidos.

NASHVILLE se filmó en exteriores en verano de 1974, con un presupuesto de 3 millones de dólares. El filme se rodó en secuencia, de modo que, durante esas siete semanas, todo el reparto y el equipo técnico se alojaron en un motel de Nashville. El filme era, en todos los sentidos, una arriesgada empresa común en la que el director intervenía combinando los papeles de figura con autoridad y consejero de campamento de verano. Llevó al reparto en autocar “a todos los exteriores que elegíamos, para que tuviesen una sensación física de cómo era el espacio”. Durante los ensayos hubo improvisaciones de diálogos. Las discusiones individuales y en grupos sobre las escenas y el guión prosiguieron durante toda la filmación. Todos los miembros de la familia de Nashville, vieron riñas diariamente.
Los componentes del reparto y Altman negociaron acuerdos sobre las personalidades de los personajes del filme. Michael Murphy, por ejemplo, reveló que “el resultado de sus esfuerzos cooperativos con Altman en torno a la caracterización de John Triplette fueron “unos pocos momentos que realmente le hicieron [a Triplette] parecer más humano” Confiando en el buen juicio y la aptitud de sus actores, Altman les alentó a prestar a los personajes sus propios trasfondos personales, para contribuir a hacer variados los diálogos, y especialmente a escribir las letras de sus canciones. Las heridas que Ronee Blakley había sufrido realmente en un incendio se incorporaron al trasfondo de Barbara Jean como “un trágico incidente con un petardo”. Blakley escribió cinco canciones para el filme inventó el monólogo para su hundimiento en el escenario.
Tanto los recién incorporados como los veteranos de Altman apreciaron esa oportunidad de experimentar con la expresión artística. Blakley afirmó: “Yo, la novata, no tenía ningún miedo del famoso director”. Henry Gibson, que había interpretado al Dr. Verringer, el psiquiatra, en Un largo adiós, percibió que “no hubo “star-system”, no hubo empujones profesionales” en la producción de Nashville. Los miembros del reparto manifestaron su fe en las decisiones de Altman, con la excepción de Allen Garfield, cuyas violentas discusiones con Altman llegaron casi a las manos durante los últimos días del rodaje. El enfrentamiento Barnett-Triplette en el escenario del Parthenon alude a la inestable relación Altman-Garfield.
Altman explicó que esa “considerable cantidad de libertad” era parte integrante de sus métodos de trabajo en Nashville, puesto que “lo que hacemos es poner el terreno y crear un acontecimiento. Entonces lo retratamos como si realmente sucediera”. Este proceso único de invención se reflejó en el estilo de rodaje, en la utilización del sonido, y en el desarrollo del guión.
Sid Levin, uno de los montadores de Nashville, aclaró la diferencia entre la aproximación de Altman a su tema y un estilo “clásico” de rodaje. Altman no dividió cada escena entre planos largos, medios, y primeros planos, sino que utilizó un mayor número de ángulos de enfoque para proporcionar a los actores una mayor flexibilidad. Altman trabajó también sin rodar él mismo numerosos escenarios y masas de fondo, de modo que los ayudantes de dirección Tommy Thompson y Allan Rudolph crearon a menudo “su propio filme” en segundo plano. Con más de 90.000 metros de película (el doble de lo normal en un filme rodado para un proyecto de Hollywood de igual duración), Altman se sentía libre para jugar con las diferentes posibilidades creadas por su modo de hacer.
La utilización innovadora del proceso de ocho pistas y Chemtone complementaron el estilo de rodaje no ortodoxo de Nashville. El sistema de sonido de ocho pistas de Lion’s Gate se refinó en base a una idea que habían tenido Jim Webb y Chris McLaughlin durante el rodaje de California Split. El sistema registraba o mezclaba sonidos en vivo de múltiples fuentes, obtenidos de micrófonos distintos dentro y fuera del cuadro. Dado que el sonido se transmitía en microondas, Altman ya no tenía necesidad de microjirafas y micrófonos umbilicales. La cámara, en consecuencia, podía situarse virtualmente en cualquier sitio, permitiendo una más amplia selección de planos, una mayor movilidad de cámara, y variados ángulos de aproximación.
El sistema de sonido eliminaba también la necesidad del postdoblaje, que, típicamente, amortigua cualquier efecto sonoro. Puesto que todo el sonido se registraba por separado y sincrónicamente durante el rodaje, era innecesario añadir sonidos para acompañar la acción durante las fases finales. La autenticidad, claridad e inmediatez del registro de sonido en Nashville siguen inigualadas. Con sus veintisiete canciones y sus trece representaciones escénicas, Nashville parece incorporar tan sólo el mínimo esencial del filme musical. El director incluye, eso sí, rutinas de producción entre bastidores, pero se centra en el papel de los medios de comunicación en la definición y promoción de los intérpretes musicales y los políticos como “estrellas”. Dejando a un lado los valores tradicionales de las películas musicales, Nashville, en el punto culminante de su fiesta anual, es la sede del oportunismo político, de la degradación personal y moral, y de un asesinato, todo ello bajo los auspicios de una promoción rutinaria del “country-western”. La corrosiva visión, en Nashville, de la complacencia en la vida americana y su ataque a gran escala contra la hipocresía asoman continuamente en una fachada de vida libre, optimismo y canciones y bailes.
Jamás habían emergido en el género musical unos enfoques tan activamente hostiles de la vida y la sociedad americanas. En los quince años anteriores la disidencia y la crítica de la sociedad habían penetrado y remoldeado otros géneros del filme americano, pero durante esa reorientación el filme musical mantuvo su terreno, impasible ante los tiempos cambiantes.
La complejidad del sonido enriqueció el fluido desarrollo narrativo de Nashville. Los diálogos superpuestos, los efectos sonoros, y los comentarios de fondo utilizaron eficientemente todas las bandas sonoras, así que se añadieron dieciséis bandas adicionales para registrar las canciones y la música de fondo. Esta adición proporcionó a Altman todavía más libertad, ya que siempre había suficiente “ruido” de fondo para establecer una transición sensible entre escenas visualmente diferentes.
Es un musical, es una parábola política, es un docudrama sobre el mundo de Nashville. Pero más que nada es un tierno poema dedicado a los heridos y a los tristes