ASESINATO POR DECRETO (Murder by Decree)

Película estrenada entre 1976-1978

Director: Bob Clark. 1978. EE.UU. Color

Intérpretes: Christopher Plumier (Sherlock Holmes), James Mason (Dr. John H. Watson), David Hemmings (Inspector Foxborough), Susan Clark (Mary Kelly), Anthony Quayle (Sir Charles Warren), John Gielgud (Lord Salisbury, el primer ministro), Frank Finlay (inspector Lestrade), Donald Sutherland (Robert Lees, el vidente), Genevií¨ve Bujold (Annie Crook), Chris Wiggins (Dr. Ardí­)


Londres, 1888. En el barrio de Whitechapel se suceden una serie de violentos asesinatos con varias caracterí­sticas en común. Todos ellos son a prostitutas, en oscuros callejones y de forma sanguinaria. Los crí­menes se le atribuyen a un hombre anónimo del que nadie sabe nada y al que bautizan como “Jack el Destripador”. Un poco más al oeste, en Baker Street, Sherlock Holmes y el Doctor Watson acaban investigando los horribles crí­menes que tienen aterrorizada a la ciudad. A pesar de que el jefe de Scotland Yard trata de evitar a toda costa recurrir al famoso detective para que lo ayude a la resolución de la tenebrosa secuela de cuerpos que Jack está dejando en las callejuelas de Londres, no tiene más remedio que pedir ayuda al más famoso detective. Los crí­menes acaban salpicando a los miembros más elevados de la escala social, a lo que se une una misteriosa conspiración en la que participan masones y miembros de la familia real.



Otra teorí­a más sobre quién fue Jack el Destripador, que para mi gusto, es la que los investigadores más serios siguen. Este filme tiene la originalidad de presentar a Sherlock Holmes y su fiel e inseparable compañero Dr. Watson como los encargados de investigar esos asesinatos, llevándoles inexorablemente a una dirección más que comprometida para los intereses de la nación. La intervención de Plummer es soberbia y te mantiene durante toda la pelí­cula con los ojos bien abiertos pendiente de cada detalle.


Sherlock Holmes es, sin duda, uno de los personajes literarios que más veces ha sido encarnado en la pantalla. Generalmente se considera que Basil Rathbone, Peter Cushing y, más recientemente, Jeremy Brett son los que más acertadamente han representado al famoso detective.

Pero otros actores también se acercaron, con mejor o peor fortuna, al personaje: Michael Caine, Roger Moore, Charlton Heston… o Christopher Plummer, precisamente en la pelí­cula que ahora nos ocupa.

Asesinato por decreto es una modesta producción de finales de los setenta en la que, sin embargo, se aunó una estupenda utilización de los recursos a su alcance (la recreación del Londres victoriano que vemos en la pantalla es por completo convincente) con un casting tremendamente adecuado.

Un crepuscular James Mason (en uno de sus últimos papeles para la pantalla) interpreta con convicción y delicadeza a un doctor Watson que, en ocasiones, roba sin rubor protagonismo en pantalla al famoso detective. Éste es encarnado, como ya he dicho, por Christopher Plummer y, si bien su Holmes es quizá demasiado sentimental (llega a llorar en un momento, aunque es cierto que de un modo contenido y victoriano) y un poco más risueño de lo que serí­a aconsejable, en lo puramente fí­sico es, al menos para quien escribe estas lí­neas, el Sherlock Holmes definitivo. Plummer tiene, sin la menor duda, el perfil más holmesiano de todos los actores que han dado vida al famoso personaje y, desde el momento mismo en que se pone su macfarlán, se coloca su gorra de cazador y cuelga la pipa de la comisura de sus labios, vemos a Holmes. Sin dudas ni vacilaciones.

La pelí­cula enfrenta (no por primera vez, es cierto) al famoso detective con los crí­menes de Jack el Destripador y sigue muy de cerca la tesis establecida por Stephen Knight en los años setenta y vuelta a poner de moda no hace mucho por Alan Moore y Eddie Campbell en su brillante From Hell. Una teorí­a que tiene, frente a otras, el indudable atractivo de implicar a la familia real británica en los asesinatos de Whitechapel y en la que el guionista de la pelí­cula consigue hacer encajar a Sherlock Holmes y el doctor Watson con tal naturalidad que uno casi pensarí­a que realmente estuvieron allí­ e investigaron el caso.

La pelí­cula no ahorra momentos realmente duros al espectador (la visita al manicomio es desgarradora) y no necesita caer en el sentimentalismo barato (como desgraciadamente sí­ hace la decepcionante versión cinematográfica de From Hell) para emocionar al espectador. Con una puesta en escena sobria y eficaz, buenas interpretaciones de un extraordinario elenco de actores (espléndida Genevií¨ve Bujold como Annie Crook; creí­ble Donald Sutherland como el atormentado vidente; frí­o y desagradable John Gielgud como el primer ministro), un estupendo diseño de producción y una dirección quizá no brillante, pero sí­ eficiente, Asesinato por decreto es, sin duda una de las más conseguidas traslaciones del mundo holmesiano a la pantalla.



Sólo le pondrí­a un pero y es, en realidad, el mismo que habrí­a que poner a buena parte de las adaptaciones cinematográficas del personaje: el empeño en presentarnos tanto a Holmes como a Watson (independientemente de en qué momento de su carrera estén) como dos hombres a punto de dejar la mediana edad. En realidad, por la época de los crí­menes de Whitechapel, Holmes tiene poco más de treinta y cuatro años, y Watson rondarí­a la cuarentena.

Pero eso, por supuesto, no pasa de ser un detalle menor que, ni mucho menos, empaña una buena pelí­cula y, quizá, una de las mejores encarnaciones de Sherlock Holmes en la pantalla.


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