Director: José Luis Garci. 1977. España
Intérpretes: José Sacristán (José), Fiorella Faltoyano (Elena), Simón Andreu (Paco), María Casanova (Pili), Antonio Gamero, Silvia Tortosa, Héctor Alterio

José y Elena, antiguos novios, se reencuentran tras bastantes años en los que se han perdido de vista. Ambos han construido su vida al margen del otro, y casados ya, se vuelven a enamorar recordando lo que fue su relación y al constatar que dejaron una “asignatura pendiente” en su relación: nunca hicieron el amor, debido a las presiones de la estricta moral de los años 50. Su dura y clandestina historia de amor está determinada además por el momento socio-político que les ha tocado vivir.
Al comienzo de la “Transición” política en España esta película se constituye en un fenómeno sociológico de primera línea. Asignatura pendiente consigue conectar perfectamente con toda una generación de treinteañeros a los que la represora sociedad franquista de la época había de alguna forma castrado en sus ilusiones de todo tipo. Aquel suceso de taquilla, gran éxito también de crítica, se revela hoy sin embargo como un ejercicio oportuno aunque también oportunista, muy de su momento, perdido su sentido totalmente una vez superado el tiempo histórico y la emoción sociológica que, es verdad, refleja con acierto.
Un hombre y una mujer, antiguos novios, se reencuentran una vez casados. Entonces intentarán aprobar su asignatura pendiente vital. Muy ajustados a sus papeles Sacristán y Faltoyano, y con una puesta en escena apreciable, aunque falta de ritmo, de José Luis Garci, tantos años antes de evolucionar desde el Partido Comunista a posiciones de derecha, y de ser un cineasta de cierto interés, sin que esa evolución ideológica, desde luego, tenga nada que ver con su deterioro artístico…

Un hombre y una mujer que se hacen novios con 15 años, en verano, y se pierden la pista, se reencuentran 15 años después y ambos están casados y con hijos, van tonteando hasta que se hacen amantes y, finalmente, lo dejan porque aquello no es como habían pensado. Hasta ahí una película normal y, para mi gusto, un pelín aburrida. Pero no queda ahí la cosa. Su contexto histórico-político es los meses en los que va a morir el dictador español, Francisco Franco y los posteriores. Mezcla la historia de “amor” (más bien de asignatura pendiente de acostarse) con imágenes reales de la época, de los grises cargando contra los estudiantes, las manifestaciones a favor de la amnistía… Sacristán es un abogado laboralista, rojo, que intenta sacar de la cárcel a otros rojos, por supuesto él también ha pasado por la cárcel; el cliente que más sale es un hombre que lleva más de 30 años en la cárcel por estar sindicado y defender sus propios derechos como trabajador y como ser humano. Es metido en la cárcel y, lo que me llamó la atención de esto es que, en el juicio mentían, negaban su adhesión a un sindicato “rojo”, no vertical y hay una escena en la que los dos confiesan estar hartos de mentir porque se dan cuenta de que la situación española es aún de guerra civil, era un rojo, por eso no salía de la cárcel, porque ellos sabían que pertenecía a ese sindicato y nunca le dejarían salir y ambos lo sabían y al ritmo en el que Franco muere, etc., se plantean la posibilidad de decir la verdad porque la verdad no es algo malo, él no había hecho nada malo. Se ve también la vulnerabilidad del ser humano, el abogado intenta animar al reo diciéndole que para todos es un héroe, que todos le admiran y él responde que él sólo quiere ser el padre de sus hijos. Esto, la verdad que llega al corazón, a mí me dolió la frase.
Franco muere, pasa el tiempo y no pasa nada, no hay cambios, desde la calle se piden pero no se dan, se pide que cese la censura, se ve la tensión de esa época, los roles de hombre y mujer cómo los llevan impresos hasta unos “progres” como los protagonistas porque se comportan machistamente los dos, ahí se ve que la impronta de la educación franquista quedaba grabada en ambos profundamente y, por ende, al resto de la población, salvo excepciones que, personalmente desconozco.
Al final de la película (ellos rompen la relación adúltera, vamos que lo dejan y ya se veía venir) hay un escrito (no sé cómo se llamará esto en el argot cinematográfico) que me puso los pelos de punta. Es una dedicatoria: “A nosotros que nos han robado la inocencia….”, es toda una declaración, y al final, “A Miguel Hernández que murió sin que supiéramos de su existencia”. Creo que esta frase encierra muchas cosas. Lo más importante, el miedo que llevaban los seres humanos que vivieron aquella época, y sus padres, incluso aquellos que no tuvieran una ideología de izquierdas, puedo oler su miedo en sus huesos, tan intrínseco e innato que ni te das cuenta de que lo tienes, y me doy cuenta la suerte que tenemos nosotros, porque no tenemos ese miedo diario, ese sentirse vigilado, ese vivir en la clandestinidad, ese traer libros de Francia arriesgándote a ser procesado si te pillaban… No más miedo.